A medida que pasan los años, no solo cambiamos físicamente. También lo hace nuestra manera de relacionarnos con los demás. Es un hecho; esa sensación de desgana al pensar en reencontrarse con un viejo amigo o conocer a alguien nuevo no es solo una cuestión de carácter o de agenda apretada. La ciencia empieza a entender mejor lo que ocurre en nuestro cerebro conforme envejecemos, y eso incluye la forma en que nos vinculamos socialmente.
Tal y como se ha publicado en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews, investigadores de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, han identificado una posible razón neurobiológica que explica por qué nos cuesta más mantener y formar amistades con el paso del tiempo. El estudio, basado en resonancias magnéticas funcionales de casi 200 adultos de entre 20 y 77 años, reveló que ciertas redes cerebrales clave para las relaciones sociales se reorganizan con la edad.
Hay distintas etapas hasta llegar a la vejez plena. (Pexels/Polina Tankilevitch)
Cabe mencionar al respecto que, algunas regiones, en concreto, como la ínsula y áreas del sistema límbico, responsables de procesar emociones, pierden conectividad, lo que podría afectar la empatía, la comprensión de las emociones ajenas y otras habilidades esenciales para la interacción social. No se trata de una simple desmotivación, sino de una transformación natural en la arquitectura funcional del cerebro.
De hecho, dos grandes redes neuronales parecen actuar como mediadoras: una cuya conectividad disminuye con los años y está vinculada a una mayor sociabilidad, y otra que se fortalece, pero que, paradójicamente, se asocia con una reducción en la vida social. Este proceso tiene más impacto del que podría parecer a simple vista. La pérdida de relaciones sociales se ha relacionado con problemas de salud como enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo o depresión.
Por eso, los expertos insisten en que es vital entender este cambio no como una elección, sino como parte del proceso de envejecimiento. ¿Hay forma de contrarrestarlo? Los investigadores sugieren fomentar programas de estimulación cognitiva y social, diseñados especialmente para adultos mayores. Además, recomiendan impulsar la educación emocional y psicológica, tanto para personas mayores como para quienes las acompañan, con el fin de mantener activo ese músculo social que es la amistad. Porque, aunque el cerebro cambie, el deseo de conectar permanece.
A medida que pasan los años, no solo cambiamos físicamente. También lo hace nuestra manera de relacionarnos con los demás. Es un hecho; esa sensación de desgana al pensar en reencontrarse con un viejo amigo o conocer a alguien nuevo no es solo una cuestión de carácter o de agenda apretada. La ciencia empieza a entender mejor lo que ocurre en nuestro cerebro conforme envejecemos, y eso incluye la forma en que nos vinculamos socialmente.