Cómo tratar a una persona negativa según el Instituto Europeo de Psicología Positiva
No podemos responsabilizarnos del cambio del otro, pero sí podemos acompañarlo sin perder el equilibrio emocional ni dejar de cuidar nuestras propias relaciones y bienestar
Las emociones negativas activan procesos profundos en nuestro cerebro. (Pexels)
Poco se habla de que la negatividad puede ser contagiosa, pero también comprensible. Todos conocemos a alguien que tiende a ver el vaso medio vacío, a anticipar lo peor o a quedarse anclado en lo que no funciona. Sin embargo, según el Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP), detrás de esa actitud hay razones de peso que merecen ser entendidas antes de juzgadas.
Aunque no se trata de un trastorno mental como tal, las personas negativas comparten una serie de rasgos comunes: se enfocan en lo que sale mal, anticipan escenarios negativos sin evidencia, critican con frecuencia, y les cuesta sentir gratitud o adaptarse al cambio. Este estilo de vida, más que una elección consciente, suele tener raíces profundas en la historia personal, como hábitos aprendidos en la infancia, experiencias dolorosas, miedo al fracaso o simplemente la ausencia de autoconocimiento.
La queja excesiva tiende a generar un ciclo de negatividad. (Pexels)
Desde la psicología positiva, el IEPP propone una serie de estrategias para convivir con estas personas de manera constructiva y sin agotar nuestros propios recursos emocionales. El primer paso es la empatía. En lugar de caer en la crítica o el reproche, se recomienda escuchar y comprender qué hay detrás de esa forma de ver el mundo. Muchas veces, permitir que la persona se desahogue sin alimentar el bucle de quejas puede abrir una puerta al diálogo real.
Cabe mencionar que también se sugiere actuar como un espejo. Es decir, reflejar con amabilidad cómo afronta la vida esa persona y cómo eso le afecta emocionalmente puede ayudarle a tomar conciencia, un paso esencial hacia el cambio. Tanto es así que no se trata de dar lecciones, sino de mostrar desde la preocupación genuina.
Otra herramienta valiosa es el modelado. Si queremos inspirar un cambio, es fundamental aplicar nosotros mismos una actitud positiva, poner en valor lo que sí funciona y celebrar lo bueno, incluso en medio de las dificultades. Además, señalar y reconocer los pequeños avances que la persona negativa logre puede reforzar esos nuevos patrones.
De este modo, eso sí, nada de esperar resultados inmediatos. Cambiar una mentalidad que ha estado presente durante años requiere tiempo, paciencia y constancia. No podemos responsabilizarnos del cambio del otro, pero sí podemos acompañarlo sin perder el equilibrio emocional ni dejar de cuidar nuestras propias relaciones y bienestar.
Poco se habla de que la negatividad puede ser contagiosa, pero también comprensible. Todos conocemos a alguien que tiende a ver el vaso medio vacío, a anticipar lo peor o a quedarse anclado en lo que no funciona. Sin embargo, según el Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP), detrás de esa actitud hay razones de peso que merecen ser entendidas antes de juzgadas.