Las emociones desagradables —como la ira, la envidia o la tristeza— son parte de la experiencia humana. Nadie se libra de ellas. Ni siquiera quienes, como la psicóloga y divulgadora Elizabeth Clapés, han dedicado su carrera a entender el comportamiento emocional. Pero eso no significa que haya que cederles el control.
En un vídeo reciente, Clapés lanza una advertencia clara: “Todos sentimos emociones desagradables. La diferencia está en qué hacemos con ellas”. No se trata de reprimir lo que se siente, sino de evitar que esas emociones tomen el volante y conduzcan nuestras decisiones.
La psicóloga explica que las emociones son como olas: suben con intensidad, alcanzan su punto máximo y, con el tiempo, bajan. “Por eso cuando estamos muy enfadados o muy tristes y luego pasa, decimos: ‘pues igual no era para tanto’”, comenta. Es precisamente en esa bajada donde reside la oportunidad de actuar con más conciencia y menos impulsividad.
El mensaje central que transmite Clapés no gira en torno a evitar sentir, sino a aprender a convivir con lo que sentimos sin hacer daño a los demás. “No podemos permitir que todo lo que sentimos que sea desagradable lo acaben pagando los demás”, afirma. Y advierte que los efectos que tiene dejarse llevar por las emociones sin filtro son el resultado de relaciones dañadas, vínculos rotos y entornos marcados por el conflicto.
La ira es una emoción primaria. (Pexels)
Clapés pone el foco en quepermitirse sentir no es sinónimo de actuar sin límites. “Si nos permitimos el lujo de actuar tal cual nos salga en el momento, vamos a llenar nuestra vida de relaciones tóxicas”, asegura.
Aceptar la subida de la emoción es importante, pero también lo es esperar a que baje antes de tomar decisiones. Ese equilibrio, dice, puede marcar la diferencia entre una vida emocionalmente saludable y una gobernada por reacciones que no representan lo que verdaderamente queremos o sentimos cuando todo se calma.
Las emociones desagradables —como la ira, la envidia o la tristeza— son parte de la experiencia humana. Nadie se libra de ellas. Ni siquiera quienes, como la psicóloga y divulgadora Elizabeth Clapés, han dedicado su carrera a entender el comportamiento emocional. Pero eso no significa que haya que cederles el control.