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David Menéndez Vega, coach: "Ser un equipo en pareja no se trata de perfección, se trata de presencia. De estar cuando el otro cae"
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David Menéndez Vega, coach: "Ser un equipo en pareja no se trata de perfección, se trata de presencia. De estar cuando el otro cae"

Las relaciones de pareja se construyen día a día con gestos que van más allá de la idea romántica del amor perfecto. Comprender cómo se sostienen y evolucionan esos vínculos resulta clave para mantenerlos en equilibrio

Foto: Pareja (iStock)
Pareja (iStock)

Las relaciones de pareja suelen analizarse desde la compatibilidad, la atracción o la estabilidad emocional. El coach David Menéndez Vega plantea una visión distinta que pone el foco en la vida en pareja como un trabajo de equipo donde lo esencial no es la perfección sino la capacidad de acompañar al otro en sus momentos de fragilidad.

“Ser un equipo en pareja no se trata de perfección, se trata de presencia. De estar cuando el otro cae. De empujar cuando al otro le faltan fuerzas. De no competir, sino complementarse”, explica. En su visión, el verdadero valor de una relación madura está en sostener y dejarse sostener, en reconocer que cada persona tiene limitaciones, pero también fortalezas que pueden equilibrar las carencias del otro.

El coach utiliza una imagen sencilla para describirlo: cada miembro de la pareja cuenta con luces y sombras. “Tú tienes tus sombras, ella sus luces. Ella tiene sus sombras, tú tus luces. Y ahí, justo ahí, nace la alquimia real: cuando las cartas se ponen sobre la mesa y nadie huye del espejo que es el otro”. Reconocer esas diferencias, en lugar de ocultarlas, permite trabajar desde la honestidad y no desde las expectativas irreales.

En esta concepción, un equipo no se define por la ausencia de errores, sino por la respuesta que se da cuando aparecen. Menéndez Vega lo resume así: “Un equipo no es quien nunca falla. Es quien, cuando uno falla, el otro sostiene. Es quien, cuando uno se quiebra, el otro recuerda quiénes son”. De esta manera, el error o la dificultad dejan de ser un motivo de distancia y se transforman en una oportunidad de unión.

placeholder Una pareja feliz en Barcelona (iStock)
Una pareja feliz en Barcelona (iStock)

El planteamiento también incluye la idea de adaptación. Allí donde uno de los dos falla, el otro puede empujar y compensar, y ese gesto no solo sostiene la relación, sino que enseña al otro a crecer. “Donde tú falles yo empujo, y donde yo falle empujas tú. Así ambos aprendemos”, comenta. No se trata de exigir perfección, sino de asumir que el equilibrio surge del ajuste constante.

La metáfora de jugar con las cartas disponibles resume bien esta filosofía. Una pareja no se construye con las cartas ideales, sino con las que cada persona trae consigo, con sus experiencias, virtudes y heridas. La clave está en aprender a jugar esa partida de la mejor forma posible, reconociendo que lo esencial no es ganar siempre, sino mantener la voluntad de seguir jugando juntos.

Donde tú falles yo empujo, y donde yo falle empujas tú. Así ambos aprendemos

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Este enfoque de Menéndez Vega se aleja del ideal romántico que coloca el amor en la perfección o en la ausencia de conflictos. Lo sitúa en un terreno más realista, donde la convivencia diaria, las dificultades y los momentos de debilidad no son amenazas, sino pruebas que refuerzan el compromiso. “Esto es amor maduro. Esto es construir. Esto es elegir todos los días ser un equipo”, concluye.

Las relaciones de pareja suelen analizarse desde la compatibilidad, la atracción o la estabilidad emocional. El coach David Menéndez Vega plantea una visión distinta que pone el foco en la vida en pareja como un trabajo de equipo donde lo esencial no es la perfección sino la capacidad de acompañar al otro en sus momentos de fragilidad.

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