La envidia sigue siendo una de las emociones más difíciles de reconocer. Suele disfrazarse de crítica, de juicio rápido o de esa incomodidad que surge cuando otra persona logra algo que nos gustaría para nosotros. La psicóloga Eugenia Sanféliz Cienfuegos explica que la envidia no debe verse no como un defecto moral, sino como una pistaque puede revelar deseos ocultos. “Muchas veces sentimos la envidia como una molestia, juicio o incluso desconexión. A veces es como rabia que no acabas de entender”, explica.
La especialista señala que la envidia no siempre responde a la caricatura que solemos imaginar, llena de maldad o intenciones oscuras. En la vida cotidiana se manifiesta de forma más sutil, por ejemplo cuando una jefa felicita a una compañera y pensamos que “no era para tanto”, cuando atribuimos el ascenso de un hermano únicamente a la suerte, o cuando reaccionamos con ironía al ver una foto de pareja en redes sociales. Son ejemplos de actitudes que, aunque no las reconozcamos como tal, pueden estar impregnadas de envidia.
Sanféliz subraya que la clave está en cómo gestionamos esa emoción. En lugar de quedarnos en la crítica externa, podemos detenernos a escuchar lo que nos está diciendo de nosotros mismos. “La envidia mal gestionada te aleja, pero bien entendida puede ser una brújula que te dice lo que tú también deseas o anhelas”, afirma. Desde esta perspectiva, lo que sentimos frente al logro ajeno se convierte en una señal que apunta a nuestras propias aspiraciones.
No se trata de reprimir la emoción ni de sentirse culpable por experimentarla. Para la psicóloga, lo más importante es aprender a escucharla sin disfrazarla. Al hacerlo, es posible identificar qué deseo está revelando ese malestar y decidir qué pasos concretos podemos dar para acercarnos a lo que queremos. De este modo, la envidia deja de ser un obstáculo y pasa a convertirse en un recurso para orientar la energía hacia objetivos propios.
La envidia no tiene por qué ser negativa. (Pexels/ Budgeron Bach)
Este enfoque propone una relación más honesta con uno mismo. Reconocer la envidia como un indicador evita caer en comparaciones dañinas y permite transformar la frustración en motivación. “No te castigues por sentirla, pero aprende a escucharla”, insiste Sanféliz, convencida de que al aceptar la emoción sin negarla se abre la posibilidad de crecer.
La envidia puede incomodar, pero también ofrecer información valiosa sobre lo que nos falta o anhelamos. Si en lugar de taparla la utilizamos como brújula, puede convertirse en una aliada inesperada para definir metas y dar pasos más conscientes hacia ellas.
La envidia sigue siendo una de las emociones más difíciles de reconocer. Suele disfrazarse de crítica, de juicio rápido o de esa incomodidad que surge cuando otra persona logra algo que nos gustaría para nosotros. La psicóloga Eugenia Sanféliz Cienfuegos explica que la envidia no debe verse no como un defecto moral, sino como una pistaque puede revelar deseos ocultos. “Muchas veces sentimos la envidia como una molestia, juicio o incluso desconexión. A veces es como rabia que no acabas de entender”, explica.