A todos nos ha pasado: estás intentando leer un cartel lejano, ver una matrícula o enfocar el móvil sin gafas… y, casi sin pensarlo, entrecierras los ojos. De repente, lo que estaba borroso se vuelve más nítido. Parece un simple truco, pero no lo es. Detrás de ese gesto automático hay un mecanismo óptico sorprendente que mejora temporalmente la forma en la que vemos el mundo que tenemos delante.
La farmacéutica Elena Monje lo explica de forma sencilla en redes sociales: "¿Por qué vemos mejor cuando cerramos un poco los ojos? No es casualidad, al hacerlo mejoramos la nitidez gracias a varios mecanismos del ojo". Según detalla, al reducir la apertura del párpado “estamos creando lo que conocemos como agujero estenopeico. Ese pequeño orificio deja pasar solo los rayos de luz más centrados y limita la entrada de luz periférica, que es la que generalmente genera más borrosidad".
¿Qué consigue exactamente el ojo con esto? Que la imagen se proyecte en la fóvea, la zona de la retina con mayor densidad de conos, responsables de la visión más precisa. Además, al hacerse más pequeño ese “orificio” entran solo los rayos mejor alineados y aumenta la profundidad de foco. Monje recurre a una comparación muy visual: igual que una cámara, cuando el diafragma está muy abierto solo enfoca un punto, pero si se cierra aparecen nítidos tanto el primer plano como el fondo.
Eso sí, debemos tener en cuenta que se trata de una ayuda puntual. Entrecerrar los ojos no corrige ningún defecto visual de base. Si necesitamos hacerlo con frecuencia para leer o ver de lejos, puede ser señal de miopía, astigmatismo o fatiga ocular. En esos casos, lo recomendable es acudir a una revisión visual para determinar cuál es el problema real y su solución.
Cuando la borrosidad es constante, es importante consultar al especialista.(Freepik / asier_relampagoestudio)
En definitiva, este gesto instintivo que hacemos sin pensarlo es una muestra de la capacidad de adaptación de nuestros ojos. Un pequeño ajuste que nos saca del apuro cuando lo necesitamos… pero que también puede ser una pista de que toca cuidar la vista.
A todos nos ha pasado: estás intentando leer un cartel lejano, ver una matrícula o enfocar el móvil sin gafas… y, casi sin pensarlo, entrecierras los ojos. De repente, lo que estaba borroso se vuelve más nítido. Parece un simple truco, pero no lo es. Detrás de ese gesto automático hay un mecanismo óptico sorprendente que mejora temporalmente la forma en la que vemos el mundo que tenemos delante.