El error más común al regañar a un perro no tiene que ver con la firmeza, sino con el tiempo y la forma en la que se hace. Los expertos en comportamiento animal coinciden en que muchos dueños interpretan mal la disciplina y recurren a métodos que, lejos de educar, generan miedo, estrés y desconfianza.
El adiestrador canino Juan Carlos Castilla, con más de 17 años de experiencia, explica que los perros no entienden las reprimendas si se producen minutos u horas después de la acción. “Regañar a un perro fuera de tiempo solo lo confunde. No asocia la conducta con el castigo, y lo que interpretamos como ‘culpa’ en realidad es una respuesta de apaciguamiento ante nuestro enfado”, señala. Este tipo de prácticas pueden derivar en comportamientos ansiosos o incluso agresivos.
Este tipo de prácticas pueden derivar en comportamientos ansiosos o incluso agresivos (Pexels)
Otro error frecuente es excederse en la reprimenda. Los gritos o castigos físicos no solo son ineficaces, sino que pueden alterar el equilibrio emocional del animal. Los especialistas recuerdan que los perros aprenden mejor cuando se les enseña qué hacer, en lugar de solo corregir lo que hacen mal. En este sentido, el refuerzo positivo, basado en premios, caricias o palabras de aprobación, se ha consolidado como el método más efectivo para lograr resultados duraderos y fortalecer el vínculo con el tutor.
Además, no dejar que el perro exprese su malestar también es un error. Regañar a un animal por gruñir, por ejemplo, puede eliminar una señal natural de comunicación y aumentar el riesgo de reacciones defensivas. Los gruñidos son avisos que deben interpretarse, no castigarse.
Regañar a un animal por gruñir, por ejemplo, puede eliminar una señal natural de comunicación y aumentar el riesgo de reacciones defensivas (Pexels)
Por otro lado, la incoherencia en las normas confunde al perro. Si un día se le permite subirse al sofá y al siguiente se le castiga por hacerlo, no entenderá cuál es el comportamiento esperado. Los expertos recomiendan que toda la familia mantenga reglas claras y consistentes, y que el aprendizaje sea gradual, adaptado al ritmo del animal.
Los profesionales del adiestramiento coinciden en que regañar no es sinónimo de educar. La clave está en enseñar con calma, coherencia y empatía, comprendiendo que los perros aprenden a través de la repetición, el refuerzo y la confianza, no del miedo.
El error más común al regañar a un perro no tiene que ver con la firmeza, sino con el tiempo y la forma en la que se hace. Los expertos en comportamiento animal coinciden en que muchos dueños interpretan mal la disciplina y recurren a métodos que, lejos de educar, generan miedo, estrés y desconfianza.