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Carla Cortés, psicóloga: "En el apego desorganizado hay un deseo profundo de conexión, pero también temor al rechazo"
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Carla Cortés, psicóloga: "En el apego desorganizado hay un deseo profundo de conexión, pero también temor al rechazo"

La psicóloga explica que el apego desorganizado es uno de los más complejos: una mezcla de necesidad de cercanía y miedo al rechazo que puede generar vínculos intensos, cambiantes y a menudo dolorosos

Foto: La psicóloga nos explica los cuatro tipos de apego y porque debemos saber identificarlos (@psico_carlacor)
La psicóloga nos explica los cuatro tipos de apego y porque debemos saber identificarlos (@psico_carlacor)

Comprender cómo nos vinculamos emocionalmente puede ser clave para mejorar nuestras relaciones. La psicóloga Carla Cortés explica que los estilos de apego determinan la forma en que buscamos amor, validación y seguridad emocional. Entre ellos, el apego desorganizado destaca por su complejidad: una combinación de necesidad de cercanía y miedo al daño emocional que puede generar vínculos intensos, pero inestables.

El concepto de apego, tal y como explica la Cortés, fue desarrollado por el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby, quien señaló que el vínculo con nuestras figuras de cuidado durante la infancia deja una huella emocional duradera. Esa primera relación enseña al niño si el mundo es un lugar seguro o impredecible, y condiciona, en gran medida, cómo gestionará la intimidad, la confianza y la dependencia afectiva en su vida adulta.

“El apego desorganizado combina rasgos del ansioso y del evitativo. Hay un deseo profundo de conexión, pero también temor al rechazo”, explica Cortés. Esta ambivalencia genera una contradicción interna: la persona anhela la cercanía, pero cuando la obtiene, siente miedo a perderla o a ser herida. El resultado son relaciones marcadas por la confusión, la desconfianza y las oscilaciones emocionales, donde la necesidad de amor convive con la sensación de peligro.

Desde la perspectiva terapéutica, este patrón suele estar vinculado a experiencias tempranas de cuidado inconsistentes o traumáticas, donde el mismo adulto que ofrecía protección también podía generar miedo o inseguridad. De ahí que el cerebro aprenda a asociar el afecto con la posibilidad de daño, creando una respuesta emocional contradictoria. “En la adultez, estas personas pueden ser muy sensibles al rechazo y, al mismo tiempo, distanciarse cuando sienten demasiada cercanía”, señala la psicóloga.

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No obstante, Cortés aclara que el estilo de apego no es un destino inamovible, sino un punto de partida para comprendernos mejor. A través de la reflexión y el trabajo emocional es posible aprender nuevas formas de vincularse. “Identificar el patrón no significa etiquetarse, sino entender de dónde vienen nuestras reacciones para poder transformarlas”, añade.

El objetivo, según la especialista, es cultivar un apego más seguro, basado en la confianza y la comunicación emocional. Esto implica reconocer las propias necesidades sin miedo, establecer límites sanos y permitir que las relaciones crezcan sin el peso del pasado. Como recuerda Cortés, “la manera en que amamos a los demás empieza por cómo nos relacionamos con nosotros mismos”.

Comprender cómo nos vinculamos emocionalmente puede ser clave para mejorar nuestras relaciones. La psicóloga Carla Cortés explica que los estilos de apego determinan la forma en que buscamos amor, validación y seguridad emocional. Entre ellos, el apego desorganizado destaca por su complejidad: una combinación de necesidad de cercanía y miedo al daño emocional que puede generar vínculos intensos, pero inestables.

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