Ramiro Calle, experto en yoga: "Muchas personas caen en esa resignación fatalista"
Aceptar lo que somos no implica resignarse ni dejar de avanzar. La reflexión invita a diferenciar entre asumir la realidad con conciencia y caer en una pasividad que frena cualquier cambio
Ramiro Calle, maestro del yoga y la meditación y referente espiritual. (YouTube: El Estoico)
Aceptar lo que nos ocurre no siempre es tan sencillo como parece, y mucho menos cuando esa aceptación se confunde con dejar de hacer nada por cambiar. En un momento en el que conceptos como bienestar, calma o equilibrio se repiten con frecuencia, también aumenta el riesgo de interpretar ciertos mensajes de forma superficial. Precisamente sobre esa diferencia, que no es menor, reflexiona uno de los divulgadores más reconocidos del yoga y la filosofía oriental en España.
En un vídeo que ha compartido recientemente en su perfil de Instagram, Ramiro Calle pone el foco en lo que denomina “aceptación lúcida consciente” y la contrapone a lo que considera una trampa habitual: la resignación fatalista. “Muchas personas caen en esa resignación fatalista y no hacen nada por mejorar ni su existencia ni la existencia de las otras criaturas”, afirma, alertando de una actitud que, lejos de aportar serenidad, conduce a la pasividad.
El experto insiste en que aceptar no significa rendirse. “Hay que empezar por aceptarnos a nosotros, pero no resignarnos”, explica, subrayando que la aceptación debe ser el punto de partida, no el final del camino. En ese sentido, plantea una idea clave: “Me acepto como soy, pero desde ahí tengo que empezar a trabajar sobre mí mismo para desarrollarme, transformarme, perfeccionar”. Para Calle, la aceptación auténtica siempre implica movimiento y responsabilidad personal.
En el vídeo, el divulgador va un paso más allá y advierte de las consecuencias de confundir ambos conceptos. “Si me resigno fatalmente, moriré tan necio como siempre he sido”, afirma con contundencia, recordando que muchas personas no son conscientes de que pueden intervenir activamente en su propia mejora personal. Desde su visión, tanto el estoico como el yogui no aceptan sin más sus debilidades, su egoísmo o su falta de conciencia, sino que trabajan para extraer “la mejor versión, la mejor copia de uno mismo”.
La aceptación consciente como punto de partida del cambio personal (Freepik)
Ese proceso, añade, no ocurre por inercia. Exige voluntad, motivación, esfuerzo y, sobre todo, lo que él denomina un “firme propósito”. “Si te haces un propósito, tienes que perseguirlo como si fuera tu Dios”, señala, apelando a un compromiso real y sostenido. Un mensaje que, más allá de lo espiritual, conecta con una idea clara: aceptar la realidad no implica renunciar a transformarla, empezando por uno mismo.
Aceptar lo que nos ocurre no siempre es tan sencillo como parece, y mucho menos cuando esa aceptación se confunde con dejar de hacer nada por cambiar. En un momento en el que conceptos como bienestar, calma o equilibrio se repiten con frecuencia, también aumenta el riesgo de interpretar ciertos mensajes de forma superficial. Precisamente sobre esa diferencia, que no es menor, reflexiona uno de los divulgadores más reconocidos del yoga y la filosofía oriental en España.