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En una sociedad marcada por el estrés, las pantallas y la falta de sueño, cada vez más personas buscan pequeños cambios cotidianos que les ayuden a sentirse mejor. Ajustar la hora de acostarse, reducir el uso del móvil antes de dormir o cuidar la alimentación son hábitos conocidos, pero hay otro gesto diario que influye más de lo que parece en la energía y el descanso: la ducha. Según la ciencia, no da igual ducharse por la mañana o por la noche.
Acaba con las manchas de cal de la mampara de tu ducha. (Pexels)
Además del efecto fisiológico, la ducha nocturna cumple una función higiénica importante. Elimina el sudor, la suciedad y los restos de contaminación acumulados durante el día, evitando que se trasladen a las sábanas. Esta sensación de limpieza contribuye a un descanso más cómodo y continuo. Sin embargo, los especialistas advierten de que ducharse demasiado tarde, acostarse con el pelo mojado o no cambiar la ropa de cama con regularidad puede anular estos beneficios y favorecer la proliferación de bacterias.
En el extremo opuesto está la ducha matinal, un hábito muy extendido entre quienes necesitan activarse rápido por la mañana. El contacto con el agua, especialmente si es fresca, estimula el sistema nervioso, mejora la circulación y genera una sensación inmediata de alerta. Desde el punto de vista psicológico, ayuda a “despertar” la mente y a pasar del modo descanso al modo productividad, algo clave para quienes empiezan el día temprano o afrontan jornadas exigentes.
Las duchas abiertas son más accesibles. (Pexels/ Ron Lach)
Eso sí, los expertos coinciden en que este efecto es limitado. Una ducha por la mañana no compensa una mala noche de sueño ni sustituye al descanso real. Si la persona ha dormido poco o mal, la sensación de energía desaparece en pocas horas. Además, ducharse solo por la mañana no elimina la suciedad acumulada el día anterior, lo que puede afectar a la higiene y a la salud de la piel.
Por eso, no existe una hora universalmente correcta para ducharse. La mejor opción depende del estilo de vida de cada persona. Quienes hacen deporte por la tarde, trabajan en entornos físicos o pasan muchas horas fuera de casa suelen beneficiarse más de la ducha nocturna, que ayuda a relajar el cuerpo y mejora el descanso. En cambio, quienes necesitan un estímulo fuerte al empezar el día pueden encontrar en la ducha matinal un aliado puntual.
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En una sociedad marcada por el estrés, las pantallas y la falta de sueño, cada vez más personas buscan pequeños cambios cotidianos que les ayuden a sentirse mejor. Ajustar la hora de acostarse, reducir el uso del móvil antes de dormir o cuidar la alimentación son hábitos conocidos, pero hay otro gesto diario que influye más de lo que parece en la energía y el descanso: la ducha. Según la ciencia, no da igual ducharse por la mañana o por la noche.