La novia de los dos looks: uno clásico de Lorenzo Caprile con tiara art déco y otro boho de Yolancris
Carmen Fernández-Gao se casó el 2 de mayo en Jerez de la Frontera con dos vestidos de novia tan diferentes como espectaculares. Abrimos su álbum de fotos y te desvelamos los detalles de sus looks
César Iribarren Novo y Carmen Fernández-Gao Sánchez de Nieva el día de su boda. (Foto Alejandra Salido)
Cuando Carmen Fernández-Gao, una dentista natural de Jerez, y César Iribarren, valenciano e ingeniero especializado en el sector de la automoción, se comprometieron, la novia tuvo claro que para su boda no llevaría un vestido, serían dos. "Quería uno clásico para la ceremonia y uno más ligero para el baile y la fiesta", cuenta para Vanitatis.Dos vestidos de novia diferentes, pero con un mismo resultado: ambos espectaculares.
La historia de Carmen y César comenzó en Formentera. "Nos conocimos en la isla durante el verano de 2023. Estábamos en el restaurante Fandango, cada uno con su grupo de amigos, y terminamos juntando las mesas. Él vivía en Valencia y yo en Madrid, aunque soy de Jerez". Ese primer encuentro dejó huella en ellos y tres semanas después, "César viajó por trabajo a Madrid —o eso dice él, porque yo siempre le bromeo con que se inventó el viaje— y desde ese día empezamos a salir".
El ingeniero decidió declararse por sorpresa la Navidad antes de la boda. "Me pidió matrimonio en la Torre del Portet, en Moraira. No me lo esperaba en absoluto porque estábamos pasando fin de año con amigos. Él se puso de acuerdo con todos para que nos dejaran solos arriba de la montaña, me pidió que me colocara para hacernos una foto y, de repente, se arrodilló", recuerda la dentista, fundadora de su propia clínica en Madrid, Kenna Dental.
Cuando Carmen y César hicieron público su compromiso matrimonial la pareja fijó la fecha de la boda. El 2 de mayo de 2026, en Jerez de la Frontera, ciudad natal de la novia, entonarían el 'sí, quiero'. La ceremonia religiosa fue en la iglesia de San Miguel, un templo considerado Bien de Interés Cultural y declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1931. Dotada de una arquitectura que se mueve entre el gótico jerezano, el renacimiento y el barroco, es una de las iglesias más solicitadas de la ciudad gaditana.
"Celebramos la boda en la finca Las Quinientas, un cortijo precioso con una casa señorial de estilo regionalista. Allí hicimos el cóctel en los jardines, montamos unas carpas beduinas sobre una antigua pista de tenis para la comida y después pasamos a dos patios interiores donde tuvimos flamenco y mucho baile", cuenta la novia. Situada a 12 kilómetros de Jerez de la Frontera, se trata de una imponente finca de estética imperial.
Detalle a detalle, los novios se encargaron de planificar su enlace. "No tuvimos wedding planner porque a los dos nos apetecía muchísimo organizar la boda y hacerla completamente a nuestra manera. Aun así, mis padres viven en Jerez y gracias a toda su ayuda salió todo rodado".
Turno para adentrarnos en el armario de la novia protagonizado por dos vestidos distintos. "El primero era de Lorenzo Caprile y era exactamente el vestido con el que siempre había soñado", apunta Carmen. "Tenía clarísimo que quería algo clásico y siempre me habían fascinado las colas de Caprile". Con esa premisa, el diseñador ideó el traje de la novia. "El vestido era de tafetán de seda y llevaba unos bordados hechos a mano directamente sobre el traje, inspirados en las estrellas de la tiara. La cola era desmontable, pero me gustaba tanto que no me la quité en toda la boda", rememora.
La dentista solo tiene palabras bonitas para Lorenzo Caprile y su taller. "Estoy súper agradecida porque entendieron perfectamente lo que quería desde el principio y cuidaron muchísimo cada detalle. Tuve unas cinco pruebas y siempre fueron maravillosos conmigo".
Mención especial para la tiara que portó Carmen junto al vestido de novia de Caprile. "En el pelo llevé una tiara de estrellas estilo art déco de Vintage López-Linares. Además, llevamos la pieza al joyero y le añadimos una pulsera antigua de mi madre, que quedaba preciosa. Los pendientes eran antiguos de Ansorena y me los regaló un amigo". Más joyas, "como anillo llevé una joya familiar muy especial: era un anillo de mi abuela que compartían mi madre y sus dos hermanas. Originalmente era un conjunto de pendientes y anillo que transformaron en tres anillos idénticos. Las tres lo llevábamos ese día sin saberlo y nos hizo muchísima ilusión descubrirlo", detalla.
La andaluza escogió unos zapatos de Lodi. "Fue probablemente una de las decisiones más difíciles porque llegué a comprar tres pares distintos. Al final elegí Lodi porque para mí son los más cómodos y ese día necesitaba estar tranquila con los pies. Tengo muchísimos zapatos de la marca y siempre los aguanto fenomenal".
Para el segundo vestido, Carmen cambió por completo de estilo. "Fui al taller de Yolancris en Barcelona. Aunque el primer look me parecía espectacular, quería algo más ligero para el momento del baile y la fiesta. Allí me hicieron un vestido con encajes ibicencos y cuello halter drapeado en tul, de inspiración boho. Además, me regalaron una cinta de encaje para el pelo que llevé durante la fiesta".
El ramo y toda la decoración floral fueron de Florenea. "Siempre digo que en Jerez tenemos la suerte de contar con proveedores increíbles. Yo tenía claro que quería peonías y anémonas, pero para el resto me dejé guiar totalmente por ellos porque tienen un estilo muy personal que me encanta".
Del maquillaje y la peluquería de la novia se encargó Bordart. "El maquillaje me lo hizo Andrea Foot y el peinado Luna Mairena. Tenía clarísimo que quería un 'clean look' para el pelo y en el maquillaje me dejé aconsejar completamente. La verdad es que quedé feliz con el resultado de ambas cosas".
Antes de poner rumbo a la ceremonia religiosa, Carmen vivió su primera sorpresa del día. "Mi suegro alquiló un coche de caballos precioso para que llegara a la iglesia con mi padre y yo no me enteré hasta salir de casa". Allí, además de sus 300 invitados, le aguardaba César vestido con un chaqué de Tom Black y zapatos de Berwick. "Guardo momentos que sé que se quedarán con nosotros para siempre. Cuando subí al altar estaba casi temblando de todos los nervios acumulados, pero cuando vi a César allí esperándome sentí que todo merecía la pena".
De la ceremonia, "destacar especialmente a las damitas, que eran hijas de amigos nuestros y representaban nuestras raíces andaluzas y valencianas. Una iba vestida de fallera y dos de gitana. Estaban ideales. También fue muy especial el coro de la Escolanía Los Palacios, formado por 25 niños, porque hicieron que la ceremonia fuera todavía más emocionante".
Carmen señala que "imaginábamos un día bonito y muy animado, pero superó completamente nuestras expectativas. Hubo cosas que no salieron exactamente como habíamos planeado, algo que creo que siempre pasa en las bodas, pero en nuestro caso hubo muchísimas sorpresas increíbles. Reunir a tanta gente que quieres y te desea cosas tan bonitas es algo que probablemente solo ocurre una vez en la vida y ver después que todo el mundo estaba disfrutando tanto fue una felicidad enorme. Además, este día te une muchísimo más como pareja".
Convertidos en marido y mujer, y tras posar para el objetivo de Alejandra Salido, "no puedo estar más feliz con el resultado del álbum", llegaron a la finca Las Quinientas. "La decoración estuvo muy pensada y dividida por espacios. En el cóctel, el seating plan estaba inspirado en hortalizas e ingredientes típicos de la paella y del arroz como guiño a Valencia y a todos los invitados que venían de fuera. Además, el tío de César, que es maestro fallero, nos hizo dos ninots inspirados en nosotros y fue una sorpresa increíble encontrarlos allí el día de la boda. Toda la identidad visual de la boda la diseñó María Iribarren Novo, la hermana de César, que es diseñadora gráfica. Hizo las invitaciones, los menús, el seating plan, la web y toda la papelería inspirándose en elementos andaluces y valencianos".
Otro detalle muy especial es que el padre de la novia cortó a mano 300 corchos de botellas de vino para utilizarlos como marcasitios, "me hace muchísima ilusión recordarlo". La carpa de la comida estaba decorada con guirnaldas de buganvilla. "Detrás de nuestras sillas colocamos un mantel bordado de Hey Waikiki con la frase: 'Lo que ha unido Formentera, que no lo separe el hombre'".
El catering fue de Delfín Delicatessen. "El menú incluía canelón de carabineros, gamba roja y trufa; presa ibérica con cremoso de calabaza; y tarta árabe de postre. Aunque creo que lo que más triunfó fue el cóctel, especialmente el showcooking de atún de almadraba y el puesto de gildas y aceitunas, porque nos encantan. Como recena pusimos McDonald’s y volaron.
La dentista recuerda que uno de los momentos más divertidos de toda la boda fue el baile. "Llevábamos meses dando clases en secreto y sorprendimos a todo el mundo con una coreografía que mezclaba 'La travesía', de Juan Luis Guerra, con 'Uptown Funk' de Bruno Mars. Lo mejor es que descubrimos que las clases de baile nos encantaban y queremos seguir manteniéndolas como hobby".
Como apuntamos al inicio, la pareja no contó con un equipo de wedding planner, pero "sí tuvimos a las azafatas de EmeJota Azafatas y fue un acierto total. Se encargaron de coordinar proveedores, organizar autobuses, colocar detalles y cámaras desechables en las mesas, preparar los recambios de zapatos, montar la mesa dulce, reponer constantemente los baños y hasta dejar listas las jeringas de chupitos para la hora loca. No pararon en ningún momento y siempre tuvieron una actitud impecable".
Cerramos el álbum de boda de Carmen con sus consejos para futuras novias. "Que durante la semana previa a la boda intenten guardar momentos tranquilos juntos. Dar un paseo, hacerse un masaje, ir solos al lugar de la ceremonia… Nosotros estábamos bastante estresados con toda la organización y esos pequeños momentos nos ayudaban muchísimo a bajar revoluciones. Y otro consejo que agradezco muchísimo haber seguido es hacer una preboda, porque te ayuda a romper el hielo con mucha gente antes del gran día y luego puedes disfrutar muchísimo más de la boda".
Cuando Carmen Fernández-Gao, una dentista natural de Jerez, y César Iribarren, valenciano e ingeniero especializado en el sector de la automoción, se comprometieron, la novia tuvo claro que para su boda no llevaría un vestido, serían dos. "Quería uno clásico para la ceremonia y uno más ligero para el baile y la fiesta", cuenta para Vanitatis.Dos vestidos de novia diferentes, pero con un mismo resultado: ambos espectaculares.