En plena era del lujo silencioso hay una prenda que sigue resistiendo cualquier cambio de tendencia: la blazer negra estructurada. Y no, no hablamos de la americana clásica de oficina. La que realmente está marcando el paso desde hace varias temporadas es otra cosa. Más afilada, arquitectónica, con hombros marcados y cintura dibujada.
Tessa Thompson acaba de volver a demostrarlo por las calles de Nueva York con un look que resume perfectamente hacia dónde va el tailoring ahora mismo. La actriz apareció con una blazer negra cruzada de hombros exagerados y cintura ligeramente entallada combinada con unos pantalones amplísimos de tiro medio y unos zapatos de tacón afilado. Todo en negro. Muy medido sin parecer excesivamente pensado.
Tessa Thompson (Gtres)
El look tiene mucho de esa estética que Balmain convirtió en obsesión hace ya más de una década. Aquellas hombreras imposibles de Christophe Decarnin primero y Olivier Rousteing después marcaron un momento muy concreto de la moda: el regreso del poder dressing, pero llevado al extremo. Y aunque las tendencias hayan cambiado muchísimo desde entonces, esa silueta ha sobrevivido mejor que muchas otras.
Ahora las hombreras ya no se sienten tan agresivas ni tan nocturnas. Han evolucionado hacia una especie de sofisticación relajada que funciona igual de bien para una cena que para salir de un desfile. Firmas españolas como Vogana, Inés Martín Alcalde o The IQ Collection de Inés Domecq llevan tiempo reinterpretando esa estructura desde un lugar mucho más ponible. Mangas con volumen, cinturas más limpias, chaquetas que construyen la silueta sin necesidad de vestidos imposibles.
La americana que lleva Thompson encaja perfectamente en esa línea. El modelo recuerda muchísimo a la estética de Sam Malouf, una firma que ha hecho de los hombros marcados casi una identidad propia. De hecho, su chaqueta “McQueen Shoulder Double Breasted Jacket” se ha convertido en una de las favoritas entre estilistas precisamente por eso: transforma cualquier look sencillo en algo con presencia.
Sam Malouf
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Lo interesante aquí es cómo se equilibra el volumen de arriba con el pantalón ancho. Hace unos años probablemente habría llevado pitillos o una falda lápiz. Ahora la proporción cambia completamente. El traje se relaja. Los pantalones fluidos, muy en la línea de los que firma NA-KD esta temporada, hacen que todo se vea menos rígido y más actual.
Na-kd
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También ayudan mucho los accesorios. Los zapatos negros acabados en punta, similares a los slingbacks futuristas de Coperni, afinan la silueta y evitan que el conjunto se vuelva demasiado masculino.
Coperni
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Y luego está el ear cuff dorado, que rompe un poco la sobriedad del negro total. Una pieza escultórica, muy parecida a los diseños orgánicos de Suma Cruz, que últimamente se han convertido en recurso habitual para elevar looks minimalistas sin necesidad de meter joyería excesiva.
Suma Cruz
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Es un ejemplo en el que vemos que las mujeres ya no buscan verse perfectas; buscan verse fuertes y cómodas a la vez. Y probablemente ahí está la clave de este tipo de blazers. Funcionan porque tienen presencia, pero no obligan a construir un personaje alrededor. Tessa Thompson lo entiende bien. No necesita sobrecargar el look, ni maquillaje dramático, ni bolsos imposibles. La chaqueta ya hace el trabajo.
En plena era del lujo silencioso hay una prenda que sigue resistiendo cualquier cambio de tendencia: la blazer negra estructurada. Y no, no hablamos de la americana clásica de oficina. La que realmente está marcando el paso desde hace varias temporadas es otra cosa. Más afilada, arquitectónica, con hombros marcados y cintura dibujada.