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Lee Lima, experta en crianza positiva: Si quieres criar hijos que sepan manejar la frustración enséñales a respirar profundo cuando se impacienten"
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Lee Lima, experta en crianza positiva: Si quieres criar hijos que sepan manejar la frustración enséñales a respirar profundo cuando se impacienten"

La experta ha señalado cómo la crianza positiva cambia el bienestar tanto en padres como en hijos

Foto: La psicóloga habla sobre cómo ayudar a tus hijos a manejar la frustración (@babytribu)
La psicóloga habla sobre cómo ayudar a tus hijos a manejar la frustración (@babytribu)

Educar a los hijos para que aprendan a manejar la frustración no pasa por evitarles cualquier malestar, sino por acompañarlos mientras adquieren herramientas para regularse. La experta en crianza positiva Lee Lima, profesora universitaria y ponente TEDx, insiste en que la paciencia y la tolerancia a la espera no son rasgos con los que se nace, sino habilidades que se construyen poco a poco desde la infancia, con práctica y con adultos que sostienen el proceso sin prisas.

Uno de los mensajes que más repite es sencillo y muy aplicable en el día a día enseñarles a respirar profundo cuando se impacienten. La idea, según plantea, es que el niño tenga un recurso concreto para cuando la emoción sube y aparece el “lo quiero ya”. La respiración profunda funciona como un freno suave baja la activación del cuerpo y le da unos segundos para recuperar el control.

placeholder La experta reflexiona sobre la importancia de enseñar a los hijos a gestionar emociones (Pexels / cottonbro studio)
La experta reflexiona sobre la importancia de enseñar a los hijos a gestionar emociones (Pexels / cottonbro studio)

Este aprendizaje, sin embargo, no funciona en el vacío. Lima lo enmarca dentro de un estilo de crianza que combina acompañamiento y estructura. Por eso sugiere usar rutinas claras, porque la previsibilidad reduce tensiones. Cuando un niño sabe qué viene después, la espera deja de ser una amenaza y se vuelve más manejable. La rutina, en ese sentido, actúa como un mapa y también como un límite.

Otro punto que destaca es no darles todo de inmediato, precisamente para que puedan practicar la espera en escenarios cotidianos y realistas. Esperar turno, aguantar unos minutos antes de una merienda, aceptar que un plan cambia, tolerar que un adulto termine una llamada. Son situaciones pequeñas que, repetidas, van construyendo tolerancia a la frustración. La clave está en sostener el “no ahora” sin convertirlo en una batalla, y a la vez sin retirarlo al primer enfado.

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Para que eso sea posible, la experta insiste en algo muy concreto ayudarles a poner palabras a lo que sienten. Nombrar la emoción no es un capricho pedagógico. Es una forma de organizar lo que les pasa por dentro. “Estás enfadado”, “te da rabia”, “te cuesta esperar” son frases que, dichas con calma, les ayudan a entenderse y a sentirse acompañados. Cuando un niño no sabe qué le ocurre, suele expresarlo con el cuerpo llanto, gritos, impulsividad. Poner nombre a lo que sienten es el primer paso para que puedan pedir ayuda de otra manera.

En esa misma línea, Lima recomienda no acompañar las esperas con pantallas. No porque las pantallas sean “malas” por sí mismas, sino porque, si se convierten en el comodín automático, el niño no llega a atravesar el pequeño malestar de esperar o aburrirse. Y ese aburrimiento, bien acompañado, también enseña. Aprenden a tolerarlo, a inventar, a buscar recursos internos. La pantalla, en cambio, corta el proceso y puede reforzar la idea de que cualquier incomodidad debe taparse rápido.

Este enfoque conecta con otra reflexión de la propia Lee Lima en una entrevista en la revista Hola!, donde recordaba que “no puede haber crianza positiva sin límites”. No se trata de mezclar contenidos, pero sí de entender el marco común. Educar con respeto no es ceder siempre ni buscar que el niño nunca se frustre. Es sostener límites con amabilidad y firmeza, y entender que el límite bien puesto también es una forma de cuidado.

Una gran forma de enseñar técnicas a nuestros hijos es aplicándolas desde la infancia

Esto implica que enseñar a respirar no es una “técnica” aislada, sino parte de una cultura emocional en casa. Los adultos también modelan. Si el adulto respira antes de contestar, si nombra lo que pasa, si mantiene una norma con calma, está enseñando sin dar un discurso. La frustración no es un fallo del sistema, es el lugar donde se aprende.

El objetivo es que el niño pueda reconocer lo que siente, atravesarlo con apoyo y, poco a poco, aprender a gestionarlo. Respirar, esperar, tolerar y pedir ayuda son habilidades que se entrenan desde pequeños y que, con los años, marcan una diferencia enorme en su bienestar, su autoestima y su manera de relacionarse con el mundo.

Educar a los hijos para que aprendan a manejar la frustración no pasa por evitarles cualquier malestar, sino por acompañarlos mientras adquieren herramientas para regularse. La experta en crianza positiva Lee Lima, profesora universitaria y ponente TEDx, insiste en que la paciencia y la tolerancia a la espera no son rasgos con los que se nace, sino habilidades que se construyen poco a poco desde la infancia, con práctica y con adultos que sostienen el proceso sin prisas.

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