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Byung-Chul Han: "Es difícil rebelarse cuando víctima y verdugo son la misma persona"
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Byung-Chul Han: "Es difícil rebelarse cuando víctima y verdugo son la misma persona"

El filósofo sostiene que la presión a uno mismo adopta la forma de ambición personal, superación constante y productividad sin límites

Foto: El filósofo Byung-Chul Han, en una foto de archivo. (EFE)
El filósofo Byung-Chul Han, en una foto de archivo. (EFE)

Byung-Chul Han ha descrito con precisión quirúrgica uno de los rasgos más inquietantes de nuestro tiempo: la dificultad de rebelarse cuando la presión ya no viene de fuera, sino de dentro. En el centro de su diagnóstico aparece una frase tan incómoda como reveladora: "Resulta muy difícil rebelarse cuando víctima y verdugo son la misma persona". La autoexigencia sustituye al látigo externo.

En 'La sociedad del cansancio', el filósofo explica que hemos pasado de una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento. Ya no necesitamos un amo que nos vigile, porque cada individuo se convierte en empresario de sí mismo. "El explotado es al mismo tiempo el explotador", escribe Han, señalando una paradoja que desactiva la rebeldía.

placeholder El filósofo Byung-Chul Han, en una imagen de archivo. (EFE)
El filósofo Byung-Chul Han, en una imagen de archivo. (EFE)

El sujeto que se explota a sí mismo

Han sostiene que el sujeto contemporáneo vive convencido de que todo depende de su esfuerzo. El fracaso deja de ser circunstancia para convertirse en culpa íntima. "La sociedad del rendimiento produce depresivos y fracasados", advierte, porque cuando uno no alcanza lo esperado, no hay a quién señalar salvo a sí mismo. El agotamiento se vuelve personal.

La dificultad de rebelarse surge precisamente ahí: si el verdugo es interior, ¿contra quién levantarse? El filósofo subraya que la violencia actual es más eficiente porque se ejerce sin coerción visible. Se trabaja más, se duerme menos y se compite incluso en el ocio, convencidos de estar ejerciendo autonomía. Este mecanismo produce una sensación constante de insuficiencia.

En sus entrevistas, Byung-Chul Han ha insistido en que esta forma de dominación es más peligrosa porque no se percibe como tal. El individuo cree actuar libremente, cuando en realidad obedece a un mandato interiorizado de productividad. La explotación deja de doler como imposición y se vive como proyecto personal.

La consecuencia es una erosión silenciosa del bienestar. La vida se convierte en rendimiento medible, y cualquier pausa parece sospechosa. Sin tiempo para la contemplación o el encuentro, la existencia se estrecha hasta reducirse a tareas y objetivos. La felicidad queda desplazada por la urgencia de cumplir.

placeholder El pensador alemán de origen surcoreano, Byung-Chul Han. (EFE)
El pensador alemán de origen surcoreano, Byung-Chul Han. (EFE)

La frase sobre víctima y verdugo no es una metáfora dramática, sino un diagnóstico cultural. Si queremos recuperar la capacidad de disentir, sugiere Han, primero debemos reconocer el mecanismo que nos empuja a autoexplotarnos. Solo así será posible imaginar otra forma de vivir menos sometida al imperativo del rendimiento y más abierta a una libertad verdaderamente humana.

Byung-Chul Han ha descrito con precisión quirúrgica uno de los rasgos más inquietantes de nuestro tiempo: la dificultad de rebelarse cuando la presión ya no viene de fuera, sino de dentro. En el centro de su diagnóstico aparece una frase tan incómoda como reveladora: "Resulta muy difícil rebelarse cuando víctima y verdugo son la misma persona". La autoexigencia sustituye al látigo externo.

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