Victor Küppers, conferenciante: "Hay veces que las personas se desaniman. Cuando son nuestros hijos yo solo conozco dos palabras"
El conferenciante defiende que el cariño y el tiempo siguen siendo la base de las relaciones humanas y también una de las herramientas más valiosas para cuidar el ánimo y acompañar de verdad
Victor Küppers en su conferencia en 'Aprendemos Juntos BBVA' (Youtube)
Criar, acompañar y cuidar no siempre exige grandes teorías. A veces, las ideas más útiles son también las más sencillas. El conferenciante y divulgador Victor Küppers lo resume así al hablar del desánimo, especialmente cuando afecta a los hijos. Su planteamiento pone el foco en algo básico y a menudo olvidado: la relación humana necesita presencia, afecto y constancia.
Küppers, muy vinculado a la psicología positiva, insiste en que el estado de ánimo condiciona mucho más de lo que parece. Para explicarlo, repite una idea que atraviesa buena parte de su discurso: no solo cuentan los conocimientos o las habilidades, también importa la manera de estar en el mundo. “La actitud multiplica”, afirma. Y cuando una persona pierde el ánimo, sostiene, no deja de saber ni de valer, pero sí pierde parte de esa energía que le permite sacar su mejor versión.
Cuando un hijo se desanima lo mejor que puedes hacer es estar a su lado (Pexels)
Uno de los puntos más claros de su reflexión aparece cuando habla de la vida familiar. Küppers cuestiona esa idea tan repetida de que no hay tiempo para dedicar a los hijos. A su juicio, muchas veces no se trata tanto de agenda como de cansancio, prioridades o falta de atención real. Por eso insiste en dos pilares: “cariño y tiempo”.
El cariño, en su visión, no es algo abstracto. Lo aterriza en gestos concretos: cercanía, abrazos, ternura, escucha, presencia. El tiempo, por su parte, no se resuelve con ratos puntuales y muy intensos. Küppers rechaza la idea del “poco tiempo, pero de calidad” cuando se usa como coartada para no estar. Lo explica con una imagen muy simple: “Planta que no riegas, planta que palma”. Y añade que con las relaciones pasa exactamente lo mismo.
El conferenciante plantea otra idea interesante para padres, madres y educadores: cuando un hijo “deja de brillar”, la primera reacción no debería ser exigir más rendimiento o buscar soluciones inmediatas, sino sostener. Para él, cuando alguien se viene abajo, lo urgente no es el discurso perfecto, sino preservar el vínculo.
Ese acompañamiento, según explica, no vale solo para la crianza. También sirve para la pareja, la amistad o cualquier relación importante. De hecho, insiste en que la base afectiva de una vida sana no está en grandes declaraciones, sino en pequeños actos repetidos: cuidar, regar, dedicar tiempo y no dar por sentado a quien quieres.
Más allá del vínculo familiar, Küppers defiende tres ideas que dice haber repetido a sus propios hijos: ser buena persona, no perder la alegría y aprender a hacer bien las cosas cotidianas. La primera, la bondad, la sitúa por encima del talento o del éxito. La segunda, la alegría, no la entiende como frivolidad, sino como una actitud entrenable que mejora las relaciones y ayuda a gestionar mejor la vida. “Ser alegre no es una consecuencia, ser alegre es una elección”, sostiene.
También subraya que el optimismo no es innato ni reservado a unos pocos. Según explica, puede trabajarse con práctica, intención y esfuerzo. No lo presenta como algo fácil, sino como una disciplina cotidiana. Para él, mantener el ánimo en una sociedad exigente y acelerada es casi un acto de resistencia.
Küppers la considera una actitud esencial, no solo para convivir mejor, sino también para sentirse mejor con uno mismo (Pexels)
Otra de las ideas centrales de su discurso gira en torno a la amabilidad. Küppers la considera una actitud esencial, no solo para convivir mejor, sino también para sentirse mejor con uno mismo. Habla de saludar, agradecer, escuchar, sonreír, ser paciente. Gestos simples, pero con impacto real en el bienestar propio y ajeno.
Que nadie se acerque a ti sin que al irse se sienta un poquito mejor y más feliz
Su tesis es que una sociedad no mejora solo por indicadores económicos, sino por la calidad humana de las personas que la forman. Y esa calidad, dice, se educa. Por eso conecta tanto el bienestar con la educación emocional, la actitud y el trato cotidiano.
Al final, su propuesta es bastante sobria: no promete evitar el desánimo, pero sí recuerda qué hacer cuando aparece. Y, en el caso de los hijos, lo resume con una fórmula que suena antigua precisamente porque sigue funcionando: más presencia, más afecto y menos distancia emocional.
Criar, acompañar y cuidar no siempre exige grandes teorías. A veces, las ideas más útiles son también las más sencillas. El conferenciante y divulgador Victor Küppers lo resume así al hablar del desánimo, especialmente cuando afecta a los hijos. Su planteamiento pone el foco en algo básico y a menudo olvidado: la relación humana necesita presencia, afecto y constancia.