Sandra Ferrer: psicóloga: "Para que una relación sea completa debe tener tres cosas y lo que no se encuentra en casa hay muchas papeletas de que se acabe"
La psicóloga advierte de que una pareja puede tener conexión emocional y compromiso, pero si falta el deseo, el vínculo queda incompleto
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Una relación puede parecer estable, tener planes de futuro e incluso encajar perfectamente de cara al exterior pero aun así sentirse incompleta. Esa es la situación que analiza la psicóloga Sandra Ferrer, quien alerta de un escenario cada vez más frecuente en las relaciones actuales: vínculos que funcionan a nivel emocional y social, pero donde el deseo y la pasión están ausentes.
Ferrer parte de una base conocida en psicología de las relaciones: el triángulo del amor de Robert Sternberg. Según explica, para que una relación de pareja funcione de forma plena deben existir tres pilares fundamentales. “Para que una relación sea completa debe tener tres cosas: intimidad, compromiso y pasión”, señala.
La intimidad se refiere a la conexión emocional profunda: conocerse, comprenderse y sentirse visto por la otra persona. El compromiso implica la voluntad de construir un proyecto conjunto y apostar por la relación. El tercer vértice es la pasión, es decir, el deseo, la atracción y la dimensión erótica del vínculo. Cuando una de estas patas falla, advierte Ferrer, la relación queda desequilibrada.
Uno de los fenómenos que Ferrer describe con más detalle es lo que denomina “pareja pública”. Se trata de relaciones donde hay planes, encuentros sociales, publicaciones en redes y presentación ante amigos o familia, pero donde falta el espacio íntimo de la pareja a solas.
En estos casos, explica, la dinámica puede estar enfocada en actividades externas: cenas, eventos, reuniones con amigos o escapadas grupales. Sin embargo, cuando llega el momento de compartir espacios privados o de desarrollar una mayor cercanía física, esa persona evita la situación.
“Puede ocurrir que alguien se sienta cómodo con la idea de tener pareja de cara hacia fuera, pero no pueda sostener la intimidad real del tú a tú”, señala Ferrer. En ocasiones, explica, esa exposición pública incluso puede aportar una sensación de estatus o validación social.
La relación funciona entonces como una especie de escaparate emocional: todo parece encajar a ojos de los demás, pero la conexión profunda no termina de desarrollarse.
Aunque la ausencia de deseo suele interpretarse directamente como un problema sexual, Ferrer insiste en que muchas veces el origen es más profundo. La falta de acercamiento físico puede estar relacionada con dificultades para sostener la intimidad emocional.
El sexo, explica, genera un tipo de vínculo muy directo entre dos personas. “El contacto, el tacto, el dormir con alguien o compartir piel con piel crea un vínculo muy profundo”, afirma. Precisamente por eso, algunas personas lo evitan si sienten miedo a mostrarse vulnerables o a ser descubiertas en sus inseguridades.
También pueden existir otros factores, como bloqueos sexuales, inseguridades corporales o incluso dificultades en el deseo. En estos casos, la persona puede retrasar ese momento para evitar que la relación entre en una zona que le resulta incómoda.
“Puede haber conexión, conversaciones profundas, planes de futuro y mucha compatibilidad, pero no hay fuego compartido”, explica. Esta situación puede resultar confusa, especialmente para quienes vienen de relaciones anteriores muy intensas o pasionales.
El deseo y la sexualidad vinculan y mucho
Ferrer plantea finalmente una reflexión que invita a mirar la relación desde la propia necesidad emocional. Si la relación ofrece compañía, apoyo y estabilidad, pero carece de deseo, la cuestión fundamental es si esa ausencia es aceptable para ambas personas.
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Una relación puede parecer estable, tener planes de futuro e incluso encajar perfectamente de cara al exterior pero aun así sentirse incompleta. Esa es la situación que analiza la psicóloga Sandra Ferrer, quien alerta de un escenario cada vez más frecuente en las relaciones actuales: vínculos que funcionan a nivel emocional y social, pero donde el deseo y la pasión están ausentes.