Los expertos en ejercicio físico coinciden: esto es lo que haces mal al caminar que te impide perder barriga
Caminar puede ayudar a controlar el peso, pero hacerlo siempre a un ritmo cómodo limita sus efectos cuando se buscan cambios en la cintura
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Los expertos coinciden: este es el tiempo que debes tardar en caminar 1 km si quieres ver resultados
Caminar tiene buena fama por una razón: es fácil, no exige material y puede encajar incluso en semanas complicadas. Pero también tiene una trampa. Muchas personas salen a andar convencidas de que están haciendo ejercicio y, en realidad, apenas pasan de un paseo cómodo. Se mueven, sí, pero no siempre lo suficiente como para notar cambios reales en la cintura.
La Clínica Mayo señala que caminar de forma regular puede ayudar a controlar el peso, mejorar el estado de ánimo y cuidar la salud cardiovascular. La clave está en que no habla de pasear sin más, sino de caminar con cierta intención. Es decir, a un ritmo capaz de activar el cuerpo, elevar un poco la respiración y mantener el esfuerzo durante varios minutos seguidos.
Ahí suele estar el fallo más común: andar demasiado despacio. Si durante toda la caminata puedes hablar, cantar, mirar escaparates y no notas ningún cambio en la respiración, probablemente el cuerpo no está trabajando tanto como crees. Para que caminar tenga más efecto, el paso debe ser vivo, constante y algo exigente, aunque sin llegar a quedarse sin aire.
Tampoco ayuda caminar un día mucho y desaparecer el resto de la semana. La Organización Mundial de la Salud recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada en adultos, una cifra que sirve para entender que la regularidad pesa más que el atracón puntual de pasos. Es mejor una rutina sostenida que una caminata enorme hecha de vez en cuando.
Conviene aclarar, además, que no se pierde grasa solo de la barriga por salir a caminar. El cuerpo no funciona así. Lo que puede ocurrir es que, al aumentar el gasto energético y mantener el hábito en el tiempo, se reduzca grasa corporal en general y eso termine notándose también en el perímetro abdominal, sobre todo si va acompañado de una alimentación razonable y menos sedentarismo.
El otro detalle que cambia la caminata es no hacer siempre lo mismo. Alternar tramos más rápidos, buscar alguna cuesta o alargar unos minutos la ruta puede convertir un paseo automático en un entrenamiento suave pero más eficaz. No hace falta complicarse: basta con que el cuerpo note que ha tenido que trabajar.
Caminar tiene buena fama por una razón: es fácil, no exige material y puede encajar incluso en semanas complicadas. Pero también tiene una trampa. Muchas personas salen a andar convencidas de que están haciendo ejercicio y, en realidad, apenas pasan de un paseo cómodo. Se mueven, sí, pero no siempre lo suficiente como para notar cambios reales en la cintura.