La psicología desmonta el mito: alegrarte de las desgracias ajenas no siempre es por falta de empatía ni maldad
El fenómeno conocido como schadenfreude revela mecanismos de comparación social y búsqueda de justicia presentes en el cerebro humano
Pocas emociones generan tanta incomodidad como reconocer que una pequeña desgracia ajena nos ha provocado cierta satisfacción. Ver cómo llaman la atención a alguien que se ha saltado una cola, presenciar el tropiezo de una persona distraída o comprobar que alguien que presume constantemente de perfección también se equivoca son situaciones que muchas personas han experimentado alguna vez.
Aunque pueda parecer una reacción poco amable, la psicología sostiene que este sentimiento no siempre está relacionado con la maldad o la falta de empatía. De hecho, se trata de una respuesta tan extendida que incluso cuenta con un término específico en alemán: schadenfreude, una palabra utilizada para describir el placer o alivio que puede surgir ante las desgracias de otras personas.
Los expertos señalan que este tipo de reacciones forman parte de ciertos mecanismos psicológicos presentes en la mayoría de seres humanos. Mientras no exista un deseo activo de causar daño, sentir alivio o satisfacción ante determinadas situaciones ajenas puede considerarse una respuesta relativamente normal.
Según explica la psicología, este fenómeno está relacionado con los procesos de comparación social. Cuando una persona atraviesa dificultades o percibe que ha sido tratada de manera injusta, puede experimentar cierto consuelo al comprobar que otros también cometen errores o enfrentan problemas. La psicóloga sanitaria Encarni Muñoz señala en el portal Mundopsicólogos que, en ocasiones, aparece una lógica emocional basada en la idea de que si uno ha sufrido contratiempos, resulta reconfortante comprobar que no es el único.
Además, este proceso tiene una base biológica. La experiencia activa mecanismos cerebrales asociados al bienestar y provoca la liberación de dopamina, una sustancia vinculada a las sensaciones placenteras. Sin embargo, los especialistas indican que las personas con una autoestima más sólida y mayores niveles de empatía suelen experimentar este sentimiento con menor frecuencia.
Otro de los contextos en los que aparece el schadenfreude tiene que ver con la percepción de justicia. Cuando alguien ha mantenido conductas negativas de forma reiterada, una consecuencia desfavorable puede interpretarse como una especie de compensación o castigo merecido.
Pocas emociones generan tanta incomodidad como reconocer que una pequeña desgracia ajena nos ha provocado cierta satisfacción. Ver cómo llaman la atención a alguien que se ha saltado una cola, presenciar el tropiezo de una persona distraída o comprobar que alguien que presume constantemente de perfección también se equivoca son situaciones que muchas personas han experimentado alguna vez.
-
Este es el motivo por el que no deberías obligar a tus hijos a compartir, según los psicólogos S. G.
-
Este gesto que poca gente hace en España es un gran signo de empatía, según los psicólogos M. P.
-
Alba Cardalda, psicóloga: "La empatía no consiste en hacerle al otro lo que a ti te gustaría, sino hacerle al otro lo que el otro quiere que le hagan" C.M.