Sentir demasiado puede parecer una virtud, pero cuando ese sentimiento se convierte en una carga constante, se transforma en algo mucho más complejo. Es lo que ocurre con la hiperempatía, un rasgo que, según la psicología, puede llevar al agotamiento emocional si no se gestiona adecuadamente.
La hiperempatía lleva a absorber las emociones ajenas hasta causar ansiedad o fatiga emocional (Pexels)
“Cada vez hay más estudios que demuestran la base biológica de la empatía”, explica un psicólogo clínico recogido por 'Efe', quien subraya que no se trata de un aprendizaje social, sino de algo fundamentalmente innato. Tener hiperempatía no es necesariamente negativo.
De hecho, puede ser una ventaja en ciertas profesiones y contextos. Facilita la conexión emocional con los demás, ayuda a detectar cambios sutiles en los estados de ánimo y favorece la resolución de conflictos.
Entre la sensibilidad y el agotamiento
Aunque tiene ventajas, este rasgo puede generar estrés crónico y confusión emocional si no se gestiona bien (Pexels)
La hiperempatía, cuando no se regula, puede derivar en ansiedad, estrés crónico y confusión emocional. Las personas que la padecen pueden perder de vista sus propios sentimientos, mimetizándose con el dolor ajeno hasta el punto de dañarse a sí mismas. “En los casos más extremos, los afectados pueden llegar a confundir las emociones ajenas con las propias”, advierte el experto.
Claves para poner límites emocionales
Desde la infancia hasta la adultez, la hiperempatía puede intensificarse y derivar en crisis o “burnout” (Pexels)
Este rasgo puede manifestarse desde la infancia, con niños que lloran con facilidad y se sienten desbordados por el sufrimiento de otros. En la adolescencia, cuando las emociones están a flor de piel, la hiperempatía puede intensificarse, generando crisis personales. Ya en la edad adulta, muchas personas hiperempáticas se enfrentan al agotamiento emocional y al síndrome del “burnout”, sobre todo en profesiones con una alta carga emocional como la psicología, la medicina o la docencia.
La clave está en el autocuidado emocional. Aprender a poner límites, practicar técnicas como el mindfulness, trabajar la desensibilización progresiva o incluso realizar terapia cognitivo-conductual son herramientas efectivas para equilibrar esta capacidad. El distanciamiento físico y emocional también puede ser necesario. “A veces el distanciamiento debe ser real, ya que no pueden estar con personas muy cargadas con emociones negativas”, concluye el especialista.
Sentir demasiado puede parecer una virtud, pero cuando ese sentimiento se convierte en una carga constante, se transforma en algo mucho más complejo. Es lo que ocurre con la hiperempatía, un rasgo que, según la psicología, puede llevar al agotamiento emocional si no se gestiona adecuadamente.