Sonia Díaz Rois, mentora y coach: "El autoconocimiento no hace que necesites menos ayuda. Hace que tardes menos en darte cuenta de que la necesitas"
Durante mucho tiempo se ha asociado la madurez con la autosuficiencia. Aguantar, resolver los problemas sin molestar a nadie y demostrar que uno puede con todo
Sonia Díaz Rois, mentora especializada en gestión del enfado y comunicación consciente, cuestiona esta forma de entender el desarrollo personal. “El autoconocimiento no hace que necesites menos ayuda. Hace que tardes menos en darte cuenta de que la necesitas”, sostiene.
Escribir y reflexionar sobre la propia vida es una práctica ligada al autoconocimiento. (Freepik)
Una de las expectativas habituales al comenzar un proceso de crecimiento personal es pensar que llegará un momento en el que desaparecerán los conflictos internos. Algunas personas esperan aprender a regularse siempre, no volver a sentirse mal y depender cada vez menos de quienes las rodean.
Díaz Rois considera que esta visión se aleja del verdadero objetivo. “No se trata de convertirte en alguien que siempre puede con todo”, explica. El aprendizaje consiste en conocerse lo suficiente como para detectar las situaciones que antes pillaban por sorpresa.
Callar lo que molesta, aplazar el descanso o evitar pedir ayuda puede generar una sensación momentánea de control. Sin embargo, cuando estas conductas se mantienen, es más probable que el malestar termine apareciendo en forma de discusiones, saturación o bloqueo. La mentora señala que uno de los grandes cambios que aporta el autoconocimiento es aprender a “no esperar a estar fatal para levantar la mano”. La persona no deja de sentir miedo, tristeza, enfado o frustración, pero empieza a intervenir antes.
Puede decidir descansar, compartir lo que le ocurre, poner un límite o hablar con alguien de confianza. Estos pequeños movimientos tempranos evitan que el problema tenga que llegar a su punto más intenso para recibir atención.
Reflexionar sobre nuestras acciones favorece el autoconocimiento y el equilibrio personal. (Freepik)
El autoconocimiento permite observar estas resistencias y distinguir entre las situaciones que pueden gestionarse con recursos propios y aquellas en las que conviene recurrir a otra persona. El apoyo puede llegar de un familiar, una amistad o un profesional, según la naturaleza y la intensidad del problema. Pedir ayuda no supone renunciar a la autonomía. Al contrario, implica tomar una decisión consciente para cuidar el propio bienestar antes de que el malestar limite la vida cotidiana.
Las señales que conviene escuchar
Cada persona muestra de una forma distinta que está sobrepasada. Algunas se vuelven más impacientes, otras se aíslan o comienzan a posponer tareas sencillas. También pueden aparecer tensión muscular, preocupación constante o una sensación de cansancio que no mejora después de dormir.
Prestar atención a estos cambios ayuda a construir una especie de mapa personal. Cuanto más claras sean las señales, menos tiempo se necesita para comprender qué está ocurriendo y elegir una respuesta adecuada.
La madurez emocional, desde esta perspectiva, no se mide por cuánto se aguanta en solitario, sino por la capacidad de reconocer los propios límites. Saber cuándo parar, hablar o pedir apoyo puede ser una de las formas más importantes de cuidarse.