Inés Moreno, traumatóloga: "Uno no deja de moverse porque se haga viejo, sino que se hace viejo porque deja de moverse"
La traumatóloga recuerda que mantenerse activo es una de las mejores herramientas para conservar la movilidad, proteger las articulaciones y prevenir enfermedades como la artrosis
La traumatóloga habla sobre el movimiento (YouTube)
Durante años se ha asociado el envejecimiento con una pérdida inevitable de movilidad. Sin embargo, la traumatóloga Inés Moreno defiende que la relación funciona, en gran parte, al contrario. "Uno no deja de moverse porque se haga viejo, sino que se hace viejo porque deja de moverse", afirma, una reflexión con la que invita a replantear la importancia del ejercicio físico en todas las etapas de la vida.
Para ilustrar hasta qué punto el cuerpo depende del movimiento, la especialista recuerda un conocido experimento realizado en 1966 en la Universidad de Dallas. Un grupo de jóvenes de alrededor de 20 años permaneció tres semanas en reposo absoluto en una cama, mientras los investigadores analizaban diferentes parámetros de su condición física, entre ellos el VO2 máximo, un indicador de la capacidad del organismo para utilizar oxígeno durante el esfuerzo y que refleja el estado del sistema cardiovascular y muscular.
La actividad física y unos hábitos adaptados a la menopausia pueden contribuir al bienestar durante esta etapa. (Magnific / Freepik)
Los resultados sorprendieron a los propios investigadores. Según explica Moreno, en apenas una semana muchos participantes ya tenían dificultades para incorporarse de la cama debido a la pérdida de condición física. Al finalizar las tres semanas de inmovilización, habían perdido aproximadamente un 27% de su VO2 máximo, un deterioro mucho mayor del esperado.
Lo más llamativo llegó años después. Tres décadas más tarde, los científicos localizaron de nuevo a aquellos voluntarios para repetir las mediciones. En ese tiempo habían perdido alrededor de un 12% de capacidad física, es decir, menos de la mitad de lo que habían perdido durante solo tres semanas de inactividad. Para la traumatóloga, este dato demuestra el enorme impacto que tiene el sedentarismo sobre el organismo.
La especialista también desmonta otro de los mitos más extendidos: que correr o hacer ejercicio favorece la artrosis. Cita una investigación publicada en 2017 que analizó a más de 124.000 personas y comparó la prevalencia de artrosis entre personas sedentarias, corredores recreativos y deportistas de alta competición.
Caminar en cinta también puede ser una forma sencilla de aumentar la actividad física diaria. (Freepik)
Los resultados mostraron que los corredores recreativos presentaban la menor prevalencia de artrosis, alrededor del 3%, frente al 10% de las personas sedentarias y el 13% de los deportistas sometidos a cargas muy elevadas. A su juicio, estos datos reflejan que el ejercicio moderado puede convertirse en un gran aliado para la salud articular.
Moreno explica que el movimiento beneficia a las articulaciones por varios motivos. Por un lado, favorece la nutrición del cartílago, que depende del líquido sinovial para recibir nutrientes. El ejercicio actúa como un mecanismo que facilita la renovación de ese líquido.
Además, recuerda que actualmente la artrosis también se considera una enfermedad con un importante componente inflamatorio. El ejercicio contribuye a reducir esa inflamación crónica de bajo grado, especialmente relacionada con el sobrepeso, lo que ayuda a proteger tanto las rodillas como las caderas.
Durante años se ha asociado el envejecimiento con una pérdida inevitable de movilidad. Sin embargo, la traumatóloga Inés Moreno defiende que la relación funciona, en gran parte, al contrario. "Uno no deja de moverse porque se haga viejo, sino que se hace viejo porque deja de moverse", afirma, una reflexión con la que invita a replantear la importancia del ejercicio físico en todas las etapas de la vida.