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Primera impresión

La psicología revela qué significa que una persona te mire de arriba abajo: no siempre significa que te está juzgando sino que es un reflejo automático de su cerebro

El problema aparece cuando ese análisis inicial, condicionado por nuestra experiencia y nuestros sesgos, se transforma en una certeza sobre alguien a quien apenas conocemos

Foto: Que significa que una persona te mire de arriba abajo (Canva)
Que significa que una persona te mire de arriba abajo (Canva)

Cruzas la puerta de una habitación y alguien dirige la mirada desde tu rostro hasta tus zapatos. Es fácil interpretar inmediatamente el gesto como una crítica: “me está juzgando”. Sin embargo, mirar a otra persona de arriba abajo no tiene necesariamente una intención negativa detrás.

La psicóloga Leticia Martín Enjuto explica que nuestro cerebro recopila continuamente información del entorno para elaborar primeras interpretaciones. Cuando tenemos delante a otra persona, elementos como su expresión, vestimenta, movimientos o postura se convierten en pistas que procesamos rápidamente, muchas veces antes de realizar una reflexión consciente.

placeholder Cuando tenemos delante a otra persona, elementos como su expresión, vestimenta, movimientos o postura se convierten en pistas que procesamos rápidamente, muchas veces antes de realizar una reflexión consciente (Canva)
Cuando tenemos delante a otra persona, elementos como su expresión, vestimenta, movimientos o postura se convierten en pistas que procesamos rápidamente, muchas veces antes de realizar una reflexión consciente (Canva)

Ese rápido “escaneo” puede servir para intentar averiguar quién tenemos delante y cómo comportarnos durante la interacción. La apariencia, la manera de moverse o de ocupar el espacio pueden influir, por ejemplo, en la percepción inicial de seguridad, autoridad o estatus social.

Eso no significa que esas impresiones sean correctas. Precisamente ahí está una de las claves para entender este comportamiento: el cerebro trabaja con información incompleta y recurre a experiencias y patrones previamente aprendidos para rellenar los huecos.

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Una determinada forma de vestir puede parecernos elegante; para otra persona, excesiva. Una postura puede interpretarse como seguridad o, dependiendo de quién la observe, como arrogancia. Según Martín Enjuto, nuestra educación y nuestras experiencias anteriores participan inevitablemente en estas interpretaciones.

La explicación también conecta con la teoría de la comparación social, formulada por el psicólogo Leon Festinger. Las personas utilizan a quienes tienen alrededor como puntos de referencia para evaluarse, especialmente cuando no existen criterios objetivos con los que realizar esa comparación.

placeholder Ropa, complementos o lenguaje corporal pueden activar asociaciones relacionadas con profesión, pertenencia a determinados grupos o posición social, aunque ninguna de esas señales permita conocer realmente a una persona (Canva)
Ropa, complementos o lenguaje corporal pueden activar asociaciones relacionadas con profesión, pertenencia a determinados grupos o posición social, aunque ninguna de esas señales permita conocer realmente a una persona (Canva)

De esta manera, observar rápidamente a alguien puede ayudarnos a situarlo —y situarnos— dentro de un contexto social. Ropa, complementos o lenguaje corporal pueden activar asociaciones relacionadas con profesión, pertenencia a determinados grupos o posición social, aunque ninguna de esas señales permita conocer realmente a una persona.

Una primera impresión no es una sentencia

Que este procesamiento pueda producirse automáticamente tampoco significa que cualquier mirada de arriba abajo sea inocente. El contexto importa: el mismo gesto puede expresar curiosidad, atracción, comparación, sorpresa, desaprobación o una valoración deliberada. Una mirada aislada no permite conocer con seguridad las intenciones de quien la realiza.

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El verdadero riesgo aparece cuando esos primeros segundos se convierten en un juicio definitivo. Los atajos mentales permiten procesar rápidamente una enorme cantidad de información, pero también pueden alimentar estereotipos y provocar interpretaciones equivocadas.

Por eso, aquella mirada que inicialmente parece decir mucho quizá diga bastante menos de lo que pensamos. El cerebro puede formarse una impresión en segundos; conocer de verdad a la persona que tenemos delante necesita bastante más tiempo.

Cruzas la puerta de una habitación y alguien dirige la mirada desde tu rostro hasta tus zapatos. Es fácil interpretar inmediatamente el gesto como una crítica: “me está juzgando”. Sin embargo, mirar a otra persona de arriba abajo no tiene necesariamente una intención negativa detrás.

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