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CASAS REALES

La bala del calibre 22 que acabó con la vida del hermano del rey Juan Carlos

Juanito llevaba tres meses en la Academia de Zaragoza, donde le acababan de explicar en clase (...) la técnica del uso de las pistolas. Y alguien

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La bala del calibre 22 que acabó con la vida del hermano del rey Juan Carlos
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    Juanito llevaba tres meses en la Academia de Zaragoza, donde le acababan de explicar en clase (...) la técnica del uso de las pistolas. Y alguien le regaló una Long Automatic Star de calibre 22, un arma preciosa que parecía de juguete y que se consideraba inofensiva a una distancia prudencial.

    Fue precisamente esta "inofensiva" pistola la que cercenó la infancia de don Juan Carlos, "aquel niño sin niñez", según desvela en Despídete de tu madre y serás rey el periodista Abel Hernández (autor, entre otros, de Suárez y el Rey o Don Juan y Juanito). Aquel Jueves Santo de 1956, en Villa Giralda, moría su hermano pequeño, Alfonso. "Es un capítulo de su vida que se ha contado muchas veces. Se sabe que el arma la tenía el rey, que fue un accidente y que nunca fue igual en esa familia a partir de aquel momento. Ese juego terrible, ese drama familiar, ese golpe psicológico fue tan duro para don Juan Carlos que le ha afectado para siempre", confiesa el autor en conversación con Vanitatis.

    Cuando ocurre aquello, ninguno de los dos hermanos es ya un niño, pero se comportaban aún como niños, con juegos y peleas de niños (...). Juanito, con mucho sigilo, le enseña a su hermano pequeño la preciosa pistola que lleva en el bolsillo. A partir de entonces, se convierte en un objeto de culto y verdadero objeto del deseo para los dos (...). En Villa Giralda, no paran de pelearse en aquellos días lluviosos y aburridos, hasta el punto de que don Juan les suelta más de una bofetada cuando se ponen inaguantables y les quita el arma.

    En este punto, Abel Hernández aclara que el padre del actual monarca trataba a Juanito con una "dureza extrema. Lo hacía a propósito. Y aunque nunca se rompe el afecto entre ellos, sacrifica a su hijo, que se convierte en el peón de Franco y Don Juan y busca continuamente la figura de su padre. Lo hizo con la mejor fe, pero es cierto que Don Juan le educó en una dureza especial y sin pedirle opinión jamás. Debería haber sido más humano. Con Alfonsito era diferente, porque sentía una especial debilidad por él porque era muy listo y congeniaban muy bien. Además, como no tenía el peso de la responsabilidad, vivía más libremente", reconoce.

    Precisamente, humanidad es lo que prevalece en la figura de don Juan Carlos tras leer el libro, en palabras de su autor. "Su recorrido hasta llegar a convertirse en rey no ha sido un camino de rosas, ha sufrido una especie de secuestro de su infancia".

    Alfonsito se las arregla para comprar balas en una armería, sin sospechar que compraba su propia muerte (...). Pero el peligroso entretenimiento dura poco (...). Don Juan, muy enfadado, les quita la pistola y la esconde bajo llave en un cajón de su despacho (...). Piden insistentemente la pistola a Doña María. "No es para disparar, mami, sólo para verla". Harta de tanto ruego, busca la llave del secreter en la chaqueta de su marido y se la da (...). La bala le entró a Alfonsito por la nariz y le alcanzó el cerebro(...). Margarita, a pesar de su finísimo oído, no oyó el disparo. Los padres tampoco. Pilar sí, y nunca olvidará aquel ruido sordo.

    Después llegaron los gritos, el juramento de que no lo había hecho a propósito, los lamentos, el dolor y los rezos. A Don Juan, que arroja con rabia después del entierro la maldita pistola al mar, le revuelve las tripas la sola presencia de su hijo, no lo puede aguantar. Le hace jurar que complirá su deber con la monarquía y le ordena que regrese inmediatamente a la Academia de Zaragoza, aunque esté aún cerrada por vacaciones.

    Un trágico episodio al que, no obstante, no se hace referencia por primera vez en el libro de Abel Hernández. El escritor y militar en la reserva Amadeo Martínez Inglés también ha tratado el tema en obras tan polémicas como Juan Carlos I, el último Borbón. Las mentiras de la monarquía española, en la que deja entrever que Don Juan dudaba de que el disparo no hubiera sido intencionado al tiempo que revela que ni hubo acta de defunción ni la policía se personó en Villa Giralda. Más recientemente, Pilar Urbano, en su último libro, El precio del trono, hace asimismo un repaso por el drama familiar que marcó la infancia del monarca patrio.

    Un niño disléxico, zurdo, y al que le costaba pronunciar la erre

    Éste y otros episodios bien podrían explicar la tensa relación que se instaló entre Don Juan y su hijo, un niño que nació ochomesino y que "tenía los ojos saltones. Era feo, feo ¡como un dolor! ¡Era horrible! Menos mal que enseguida se arregló", había dicho la dama de honor de María de las Mercedes al verlo. Su partida de bautismo tenía errores de bulto. Su madre figuraba como doña Luisa, la misma que aparecía en lugar de doña Sofía como la mujer con la que había contraído matrimonio en 1962.

    Mucho antes de aquella boda, Juanito y Alfonso entraron en el Palacio de El Pardo. Allí, su hermano pequeño protagonizó otra de las anédotas que formarían parte del imaginario del monarca. Antes de presentarles a doña Carmen, su mujer, Franco le preguntó a Alfonsito: "Y tú, ¿qué vas a ser de mayorquot;. "Yo, rey", le contestó, "cuando se muera éste". La respuesta provocó la risa de Franco, pero al que no le hizo gracia la visita fue precisamente a Alfonsito (...) "Franco parecía un sapo... ¿Por qué tenemos que hacerle tantas pamemas? ¡Lo que tenemos que hacer es darle una patada en el culo para poner a papá!", le había comentado a su madre después de esa visita.

    El libro desgrana éste y otros momentos de la infancia del rey, como los celos que despertaba en su hermana Pilar, quien se sentía "la princesa destronada". Tampoco se olvida de que don Juan Carlos, disléxico, zurdo, y al que le costaba pronunciar la erre -como a todos sus hermanos-, permaneció largo tiempo en el internado en Suiza, donde se peleaba con sus compañeros a causa de los comentarios negativos que hacían estos sobre España. Mientras tanto, discurrían sus primeros amores y también las dificultades económicas, tema constante de preocupaciones en su familia. Con sólo diez años, don Juan Carlos se despedía de sus hermanos en Lisboa rumbo a España en un viaje hacia lo desconocido que supondría el punto de partida para su acceso al trono, el mismo en el que el próximo 14 de mayo, celebrará sus bodas de oro junto a la reina Sofía de Grecia.

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