Familia Real Española: Doña Letizia y el protocolo: agua y aceite
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Doña Letizia y el protocolo: agua y aceite

En una institución como es la monarquía en la que las tradiciones y el protocolo forman parte de sus cimientos, la aparición de Letizia Ortiz Rocasolano se vio como una amenaza

Foto: La reina Letizia en una imagen de archivo. (Limited Pictures)
La reina Letizia en una imagen de archivo. (Limited Pictures)

Son las cinco de la tarde de un día cualquiera de no hace mucho. La Reina Letizia se encuentra a bordo del Falcón de Casa Real a punto de llegar a su destino en América. Pero llegan tarde, una tormenta ha hecho que el vuelo se retrase y está preocupada porque no tiene casi tiempo para vestirse y maquillarse en el hotel. Siempre pendiente de su look, la situación la desquicia. El rey Felipe, fiel conocedor de su esposa, le advierte que tiene que saludar y guardar los tiempos cuando aterricen. La experiodista no lo cumple y el monarca la hace volver para seguir el protocolo. "Siempre igual", espeta casi sin vocalizar. Ella sale en las fotos, impecable, esbozando su mejor sonrisa. No es la primera vez que Letizia se salta el protocolo, ni que Felipe VI tiene que recordárselo, sin perder la compostura y en público.

En una institución como es la monarquía, en la que las tradiciones y el protocolo forman parte de sus cimientos, la aparición de Letizia Ortiz Rocasolano se vio como una amenaza. Desde el principio, la esposa de Felipe VI ya demostró que le iba a ser difícil adaptarse a esas normas -muchas de ellas no escritas- que marcan el día a día de los miembros de la familia real. En la mente de la mayoría de españoles todavía resuena aquel "déjame terminar" que le espetó al entonces Príncipe de Asturias el día de su compromiso en El Pardo y ante toda la familia y periodistas.

Aquel fallo hizo que la actitud de Letizia cambiara por completo. Las críticas que se vertieron sobre ella provocaron que diese un paso atrás y perdiera, al menos en sus primeros años de casada, esa naturalidad que desprendía como periodista. Sin embargo, con el paso de los años, la Reina fue cogiendo fuerza dentro de la institución y empezó a aplicar su propio protocolo. Un ejemplo de ello es el Día de la Hispanidad de 2010 cuando, haciendo caso omiso a la etiqueta, que pide vestido corto para las damas, se presentó con un pantalón gris acampanado y una camisa rosa.

Letizia y la etiqueta militar

En lo que se refiere a su vestuario, y más allá de opiniones personales de si abusa de los minivestidos, una temporada estuvo en el ojo del huracán por sus elecciones para asistir a los despachos militares. La entonces Princesa recibió sonadas críticas por ir vestida de forma demasiado informal a algunos compromisos militares. Incluso miembros del Ejército la han llegado a criticar en público por lo inadecuado de sus atuendos.

Otra norma de protocolo con la que terminó fue la de lucir peineta y mantilla en el amadrinamiento de banderas. Cuando doña Sofía se convirtió en reina, recuperó la vieja tradición de estos complementos y vestir de riguroso negro en los actos relacionados con la Guardia Civil. Desde entonces, tanto ella como sus hijas, las infantas Elena y Cristina, siguieron esta etiqueta en estos eventos. En sus primeros años, Letizia siguió la reglas y en 2005 la vimos en Logroño de negro y con peineta y mantilla. Sin embargo, cuando accedió al trono decidió imponer su propio criterio y ahora luce en este tipo de actos vestido corto y la cabeza despejada.

Más allá de estos hechos puntuales, en los actos diarios Letizia suele tener una actitud que no siempre se adapta al regio protocolo. En ocasiones la hemos visto caminar por delante de su marido; consultar el móvil en pleno acto oficial; maquillarse mientras está hablando con el presidente del Gobierno; no aplaudir cuando toca; verla desconcertada sin saber dónde colocarse en las fotografías de grupo o con otros mandatarios, teniendo Felipe que indicarle cuál es su lugar; o saludar corriendo a la gente para después desaparecer. Así lo hizo este pasado agosto en Mallorca en este vídeo (a partir del minuto 38:00).

Los desplantes 'royal'

De ejemplos de Letizia haciendo caso omiso del protocolo hay decenas, incluso cuando no se encuentra en nuestro país y las reglas las marca otra Casa Real. Muy reveladora fue una situación que se vivió en la boda de Victoria de Suecia y Daniel Westling. Tal como estaba establecido, las damas debían entrar al comedor de gala con caballeros que no fueran sus parejas –Rania pasó con el rey Constantino de Grecia, Mette-Marit con Guillermo de Luxemburgo, etc­­–, pero a Letizia no le pareció bien y decidió entrar con su marido dejando 'plantados' a quienes tenían asignados.

Pero no siempre las decisiones de la Reina son cuestionables. En una ocasión decidió también saltarse el protocolo, aunque esta vez lo hizo para ir a conversar con una mujer que la esperaba a las puertas del acto al que asistía y que le pidió ayuda porque iba a ser desahuciada. Letizia atendió las peticiones de la ciudadana que le contó su situación y, aunque poco puede hacer ella en este asunto, le brindó su apoyo y su atención.

A pesar de que Letizia parece que no se toma demasiado en serio todo lo relacionado con el protocolo, cuando son otros los que no lo cumplen se molesta. Así lo vimos en 2010 en una visita oficial que realizaron los entonces Príncipes a Perú. Cuando llegaron al Palacio del Gobierno de Lima, Felipe se puso a pasar revista a la Guardia de Honor junto al presidente, Alan García, mientras ella se quedó en un rincón sin saber qué hacer. Algo molesta acudió donde se encontraban los dos hombres y cuando el presidente se dio cuenta del error, pidió disculpas a Letizia, a la que besó en la mano.

Dicen los que han trabajado con ella que Letizia crea con sus empleados "una falsa familiaridad". Sabe los nombres de pila de todos, los tutea, enseguida busca el contacto físico, el apretón de manos, la palmada cómplice y alabar objetos personales, pero que esta cercanía no sabe cómo administrarla. "Tan pronto te pide que le cuentes tu situación familiar como te reprocha un comportamiento y lo liga a una situación personal. No sabe bien dónde está el límite, quiere ser cercana como plebeya que es de cuna y a veces actúa de manera despótica. Su marido, y todos los que hemos trabajado con ella, la llama al orden. Siempre con mucho respeto, pero el rey Felipe VI no se calla", sentencia una persona que trabajó para la familia real casi quince años.

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