Reina Letizia: ¿Es la reina Letizia una obsesa del control? Lo analizamos con una experta
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¿Es la reina Letizia una obsesa del control? Lo analizamos con una experta

El supuesto desaire que la Reina le ha hecho a doña Sofía ha llevado a algunos a plantearse la posibilidad de que Letizia esté obsesionada con controlar todo lo que tiene que ver con sus hijas

Foto: Letizia y Leonor en Mallorca. (Foto: Limited Pictures)
Letizia y Leonor en Mallorca. (Foto: Limited Pictures)

Control freak, este es el término con el que popularmente se conoce a las personas que tienen un tipo de personalidad controladora. Hace tiempo que se apunta a que el perfeccionismo de la Reina podría situarla en este grupo, que es mucho más habitual de lo que imaginamos.

Evidentemente, no se puede diagnosticar a nadie únicamente por un vídeo, pero ¿podría una personalidad controladora protagonizar una escena como la que llevó a cabo la Reina? Y si así fuera, ¿qué pasaría por su cabeza en ese momento? La psicóloga Francina Bou, del Gabinete de Estudios Comportamentales de Barcelona, apunta que una persona aquejada de personalidad controladora podría presentar una reacción similar. “En ese momento, para este tipo de personalidad lo que está ocurriendo no es correcto y debe evitarlo. Su vivencia personal es que la están desafiando y el nivel de estrés es tan grande que se actúa sin evaluar las consecuencias, como, por ejemplo, que la prensa está ahí delante. Los niveles de ansiedad están desbordados y no se pueden controlar, lo que provoca una respuesta instintiva”, comenta la especialista.

Estas reacciones son mucho más habituales de lo que pensamos, sobre todo, teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad en la que se premia la exigencia y, en muchos casos, se defenestra la improvisación. Quizá por ello cada vez hay más individuos que presentan estas características. Probablemente te habrás topado con alguno o, tal vez, empiezas a barruntar sobre la posibilidad de ser tú uno de ellos. Para salir de dudas, estos son los rasgos que acostumbran a definir a los control freaks.

Control y perfeccionismo

“Los controladores tienen una personalidad que se sustenta en una base perfeccionista. La sensación de tenerlo todo controlado disminuye el estrés y les da seguridad”, explica Francina Bou. Suelen presentar unos niveles de autoexigencia muy altos con los que también juzgan a sus congéneres. Tienen una concepción de cómo deben suceder las cosas y controlar todos los detalles para que sigan el curso que ellos se han fijado; es el único modo de mitigar la intranquilidad. “Puedes distinguir una personalidad controladora, por ejemplo, cuando se queda a una hora para comer. La persona que empieza a llamar a todos los invitados porque teme el más mínimo retraso seguramente presentará este rasgo de carácter”.

Blanco o negro

Los controladores tienen una percepción binaria del mundo: las cosas son blancas o negras, están bien o están mal. “Una persona sana es la que sabe adaptarse a los cambios”, describe Bou. Pero los controladores carecen de esa capacidad. Por ello, cuando los planes no salen como ellos creen que deben salir o las personas no reaccionan acorde a sus expectativas, se sienten heridos, humillados o desafiados. Perciben esa trasgresión a lo que consideran que es la norma como un ataque personal. Y su respuesta no se hace esperar.

Mal genio

Otra de las características de los control freak son sus constantes cambios de humor. En concreto a peor, pues es habitual que tengan malas pulgas y reacciones coléricas ante las situaciones que no encajan en su concepción cuadriculada del mundo. “Cuando no haces exactamente lo que una persona controladora quiere, cree que estás desafiando su autoridad. Esa interpretación que hacen de la realidad les hace sentirse dolidos y regularmente suelen presentar explosiones de malhumor”, comenta Bou.

Las víctimas

Es habitual toparse con personalidades controladoras, sobre todo en el trabajo. Son los típicos jefes que se quejan de que nadie hace nada bien excepto ellos. La convivencia con un personajillo así durante ocho horas al día no es grata en el mejor de los casos y puede convertirse en una piedra en el zapato en el peor. “Se ha de ser consciente de la situación y no culparse a uno mismo. Es difícil, pero se ha de hacer un esfuerzo para ser consciente de que el problema lo tiene el otro”, aconseja Bou.

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