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20 años de su muerte

Veinte años de la muerte del rey Hassan II, el compadre de don Juan Carlos

El monarca alauí mantuvo una relación cordial con el Rey de España, pero tardó 14 años en aceptar su invitación a efectuar una visita de Estado

Foto: El rey Juan Carlos y Hassan II. (EFE)
El rey Juan Carlos y Hassan II. (EFE)

A don Juan Carlos se le saltaron las lágrimas cuando, hace ahora 20 años, dio al joven rey Mohamed VI el pésame por la muerte de su padre, Hassan II, que falleció en Rabat el 23 de julio 1999, cuando acababa de cumplir 70 años. “Le he dicho al rey Mohamed VI que lo mismo que era mi hermano mayor el rey Hassan II, ahora soy yo su hermano mayor”, declaró a la salida el monarca español. El nuevo rey de Marruecos llamó entonces cariñosamente 'tío' a su interlocutor español y también dejó escapar alguna lágrima.

Don Juan Carlos y Hassan II se codearon como reyes durante 24 años, de 1975 a 1999, pero el monarca español tardó seis años en ganarse el aprecio y el respeto del que hasta entonces le llamaba Juanito algo despectivamente. El soberano alauí le ganó un primero pulso a su homólogo español en noviembre 1975, cuando todavía era solo jefe de Estado interino porque el dictador Franco ya no estaba en condiciones de gobernar, pero aún no había fallecido. Quizás fue entonces cuando Hassan II tuvo la impresión de que su interlocutor era un rey debilucho.

 Don Juan Carlos y Mohamed VI. (Getty)
Don Juan Carlos y Mohamed VI. (Getty)

Don Juan Carlos pactó en secreto con Hassan II que la avanzadilla de la gigantesca Marcha Verde, con la que Marruecos se adueñó del Sáhara Occidental, pudiera entrar unos cientos de metros en la colonia española de cuya frontera norte se habría retirado previamente el Ejército español. También aceptó que una delegación de medio centenar de funcionarios y espías marroquíes entrase en esas fechas en El Aaiún, la capital del Sáhara. Esta doble cesión, que consumaba la conquista marroquí de la última colonia española, queda recogida en algunos documentos de la CIA desclasificados en enero de 2017.

Puestos a ceder, el Rey de España barajó en 1979 entregar Melilla a Marruecos para rebajar las tensiones con el vecino y convertir a Ceuta en un protectorado internacional dando voz a Rabat en la administración de la ciudad. Esta ideas del monarca afloran en cables del Departamento de Estado de EEUU, que salieron a la luz en mayo de 2017, pero difícilmente hubiesen podido ser puestas en práctica por un jefe de Estado español que desde 1978 tenía ya constitucionalmente pocos poderes.

El 23F, el día D

Hassan II había llegado al trono doce años antes que don Juan Carlos y había aplastado con malicia y brutalidad dos intentonas golpistas. Por eso, cuando a su vez el Rey de España contribuyó a abortar el golpe del 23F en 1981, el monarca alauí cambió de opinión sobre él. Era capaz como él, pensó para sus adentros, de poner firmes a los militares felones, según explicaba hace meses un miembro de la familia real marroquí. Un año más tarde llegó Felipe González a la jefatura del Gobierno. Consciente de esa buena relación entre ambos monarcas, el presidente socialista recurrió al Rey de España para que, en alguna ocasión, hiciera gestiones discretas con Hassan II para resolver pequeños problemas.

Comunicado de Juan Carlos el 23F. (RTVE)
Comunicado de Juan Carlos el 23F. (RTVE)

El popular José María Aznar sustituyó a González en La Moncloa en 1996 y, en términos generales, puso fin a esos encargos. “En una monarquía constitucional (…) las relaciones no las mantienen individualmente los jefes de Estado, las mantienen los gobiernos de las naciones”, explicó Aznar a este corresponsal poco después de dejar el Ejecutivo. Llegó incluso a vetar a los Reyes de España acudir a la boda de Mohamed VI con Lalla Salma, en 2002 en Rabat, porque coincidió con la crisis del islote de Perejil desencadenada por Marruecos. El regalo de bodas de la Casa del Rey de España a los esposos, un cuadro del pintor valenciano Manolo Valdés, no salió nunca del aeropuerto de Barajas.

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Antes de que en 1981 don Juan Carlos se ganase el respeto de Hassan II, ambos mantenían una relación cordial. El rey Simeón II de Bulgaria, que vive exiliado en Madrid, contribuyó a que se conocieran. Para ahondar la relación los tres se fueron juntos a cazar en varias ocasiones, a finales de los años 70, generalmente a una finca cerca de Madrid. No siempre esas expediciones trascendieron a la prensa.

El monarca español también trabó amistad con el príncipe Moulay Abdalá, el hermano pequeño de Hassan II que falleció en 1983. De ello da cuenta su hijo. Moulay Hicham, en su autobiografía 'Diario de un príncipe desterrado' (Planeta, 2015). Ambos hermanos alauíes iniciaron, por ejemplo, una visita privada a Canarias en enero de 1978 y al pie de la escalerilla del avión les esperaba don Juan Carlos.

La flor y el bailarín

“Parece que los franceses van a detener a Madame Claude”, le comentó apenado el anfitrión español a Moulay Abdalá, en cuanto puso pie en tierra. “¿Qué va a ser de nosotros?”, se preguntó a continuación don Juan Carlos cogiendo amistosamente del brazo al príncipe marroquí. Fernande Grudet, apodada Madame Claude, era una mujer francesa que en los setenta erigió una red de prostitución de lujo cuyos clientes eran políticos y empresarios de buena parte de Europa. Acabó años después en la cárcel, pero no por proxenetismo, sino por defraudar a Hacienda.

Pese a estos compadreos, Hassan II “no fue un amigo de España”, como también suele recalcar Aznar. Tuvieron que transcurrir 14 años, desde la entronización de don Juan Carlos, para que, por fin, aceptara efectuar en septiembre de 1989 su primera visita de Estado a España. Días antes de iniciarla invitó a su palacio de Sjirat, al sur de Rabat, a un puñado de periodistas españoles para proclamar su amistad y simpatía a su vecino del norte. Al borde de la piscina les presentó a sus dos hijos, el príncipe heredero y Moulay Rachid, para que mostraran su dominio de la lengua de Cervantes ante sus huéspedes españoles.

Aunque el Gobierno de González aseguró que había sido un éxito, la estancia de Hassan II en Sevilla y Madrid acabó bastante mal. El monarca alauí llegó con horas de retraso a todas partes, algo que la prensa resaltó. En Sevilla regaló una flor a un bailarín flamenco, con el que cuchicheó después unos segundos, y eso dio pie a algunos medios sensacionalistas a hacerse preguntas sobre su orientación sexual. Cuando el rey estaba a punto de embarcar en el aeropuerto de Barajas, para regresar a su país, irrumpió en lágrimas una de sus hijas con un puñado de revistas que se hacían eco del rumor, sin fundamento, de su homosexualidad. Ese fue el último recuerdo que se llevó de España.

“No sabía dónde meterme, estaba avergonzado” al ver aquella escena, comentó el ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, que acudió al aeropuerto a despedir al monarca en nombre del Gobierno. El Islam prohíbe la homosexualidad y el código penal marroquí la sanciona con hasta tres años de cárcel.

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