El duque de Edimburgo tuvo el final que quiso: en casa y junto a Isabel II
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El duque de Edimburgo tuvo el final que quiso: en casa y junto a Isabel II

Tras la emisión del documental especial sobre la vida del duque, recordamos cómo fueron sus últimos días de vida, gracias a los testimonios del personal de Windsor

Foto: La reina Isabel y el duque de Edimburgo, en su 73º aniversario de bodas. (Palacio de Buckingham)
La reina Isabel y el duque de Edimburgo, en su 73º aniversario de bodas. (Palacio de Buckingham)

La muerte del duque de Edimburgo, el pasado abril, suponía la desaparición de una figura de gran peso y muy icónica dentro de la Casa Real y para Reino Unido. Siempre dos pasos por detrás de la reina Isabel II, esta vez fue ella quien se puso al servicio de su marido cuando, al acercarse a su 100 cumpleaños, la salud del príncipe Felipe comenzó a debilitarse. Y su fallecimiento se recuerda esta semana de forma muy especial, gracias a un programa emitido por la BBC en el que ha participado su familia.

Pero ya hace unos meses, pudimos conocer gracias a algunas fuentes de palacio algunos aspectos muy personales del duque de Edimburgo, especialmente de las últimas semanas antes de fallecer. El corresponsal Richard Kay recababa varios testimonios cercanos a él, que aseguraban entonces que lo único que deseaba era morir en su casa junto a su esposa. Estaba decidido a no terminar sus días en el hospital. "Cuando regresó a Windsor, dijo que no volvería a ningún hospital", le apuntaba una fuente. "Ahora la reina ha podido pagarle", matizando que la pareja supo disfrutar unida hasta el final.

Foto: Los Reyes eméritos, con Isabel II y el duque de Edimburgo. (Getty)

Incluso el personal de palacio aseguraba poco después de su fallecimiento que hasta días antes el príncipe Felipe estaba "en buena forma". Seguía leyendo y escribiendo cartas. Pero su debilitamiento fue gradual. Las rutinas de palacio se modificaron para amoldarse al estado y las necesidades del padre de Carlos de Inglaterra. Ya no se encontraba con fuerzas para unirse a su esposa a la hora de comer. Había perdido el apetito y dormía gran parte del día, por lo que la comida le era servida en una bandeja en la que a menudo dejaba gran parte de los alimentos sin probar. Sin embargo, estaba lo suficientemente bien como para seguir hablando por teléfono con familiares y amigos cercanos; a diferencia de la reina, parece que el duque era poco amigo de las llamadas de Zoom.

placeholder El duque de Edimburgo, en una imagen de archivo. (EFE)
El duque de Edimburgo, en una imagen de archivo. (EFE)

Aún así, las mismas fuentes de palacio relataron que hubo en esos últimos días de vida del duque momentos de alegría y lucidez que le permitieron disfrutar de la compañía de Isabel II hasta el final. Incluso sacaron a relucir dos divertidas anécdotas. Una de ellas, cuando, al parecer, al duque se le cayeron unas gafas y un asistente acudió veloz para recogerlas: "No importa -le dijo el príncipe Felipe levantando el brazo-, yo lo haré". Y lo hizo.

Otra es cuando en palacio se escuchó a la reina afirmar que su marido se negaba a utilizar su audífono: "Significa que tendremos que gritar", indicó a los funcionarios y asistentes reales.

Tras pasar 28 días en el hospital desde mediados de febrero, a su regreso a casa, el duque se mostraba tranquilo y silencioso. Gran parte del tiempo lo pasó confinado en su habitación, aunque cuando se sentía algo más fuerte, se vestía con camisa y suéter, pantalones planchados y zapatos lustrados. Contaba con la ayuda de un asistente de cámara, aunque también señalaban desde palacio que en muchas ocasiones aún podía hacerlo solo.

placeholder El duque de Edimburgo, saludando en un acto oficial. (EFE)
El duque de Edimburgo, saludando en un acto oficial. (EFE)

En palacio había días que, con dificultad, aún caminaba ayudado por un bastón. "Aparta esa cosa de mi vista", parece que le dijo un día a un asistente que apareció con una silla de ruedas y le sugirió que la usara. Aun así, cuando el sol se dejaba ver, pedía que le llevaran en silla al aire libre. Con una manta sobre sus piernas, se relajaba notando el calor de los rayos en su rostro. En esos momentos solía quedarse dormido. Y a su lado, siempre, Isabel...

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