Los japoneses dan la espalda a la tradición: los contundentes números que apoyan que la princesa Aiko ocupe el trono
En las últimas semanas, varios estudios encargados por diferentes medios nipones han dejado claro que el obstáculo para que la princesa Aiko sea heredera no está en la sociedad japonesas
¿Emperatriz sí o emperatriz no? Es la eterna pregunta en Japón, con un debate que no se ha reabierto porque realmente nunca se cierra del todo. De hecho, de cuando en cuando, algunas encuestas miden la temperatura a la sociedad para ver cómo de receptiva estaría a cambiar la ley para que una mujer pudiera ocupar el trono. Y los resultados son claros y aplastantes: los japoneses han dado la espalda a la tradición y apoyan la idea de que la princesa Aiko ocupe el trono.
El último estudio ha sido realizado por el diario 'Yomiuri Shimbun', con unas cifras que dejan poco lugar a las dudas: el 69% de los encuestados está a favor de que haya una emperatriz en el Trono del Crisantemo, con solo un 7% mostrándose en contra de esa opción. Unos resultados que refuerzan los que arrojaban otras dos encuestas recientes, también de medios nipones.
Uno de ellos se publicaba en mayo pasado en el diario 'Mainichi Shimbun', con unos números muy parecidos, ya que era un 70% de los encuestados los que estaban a favor de ver a una mujer en el trono. Unas semanas antes, incluso esa cifra se quedaba corta: un estudio en la misma línea encargado por la agencia Kyodo elevaba el apoyo para cambiar la ley al 90%.
Ciñéndonos al último sondeo, también se arrojaba un resultado clarificador: un 68% de los que habían participado en la encuesta mostraba inquietud por la estabilidad futura de la sucesión imperial. Y no es para menos: la línea de sucesión la forman en este momento solamente tres personas.
Por un lado, el príncipe heredero, hermano del actual emperador; después, el príncipe Hisahito, sobrino del emperador; y por último, el tío de Naruhito, con 90 años recién cumplidos, lo que hace bastante difícil, salvo hecatombe, que el trono llegue a él. Una precariedad que hace que incluso se hayan contemplado opciones como no echar a las mujeres de la institución aunque se casen con un plebeyo, como fue el caso de la exprincesa Mako.
Pero en esas opciones no se contempla, por el momento, el hecho de que sea una mujer la que asuma el trono. Así, no es la sociedad el gran obstáculo para que Aiko de Japón se convierta en emperatriz, sino las leyes y un gobierno poco proclive a cambiarlas. Y eso que, por primera vez, el país tiene a una mujer como primer ministra. Su nombramiento, que para muchos era sinónimo de una posible apertura, no ha tardado en descubrir la realidad.
Porque el gobierno y sus leyes parecen -y son- difíciles de franquear, siempre ciñéndose a esas férreas tradiciones de la Casa Imperial. Con una antigüedad de 2.600 años, basa gran parte de su legitimidad en una idea clave, la continuidad ininterrumpida de la línea masculina. Así ha sido desde su creación: solo ocho mujeres han ocupado el trono como regentes, pero nunca inaugurando una nueva dinastía y siempre como una solución temporal, tras la que un varón volvía a ser el legítimo emperador.
Esta tradición patriarcal de la Casa Imperial de Japón se mantuvo intacta también después de la II Segunda Guerra Mundial, cuando en 1947 se estableció una nueva ley que también establecía que solo pueden heredar los varones que pertenezcan a la línea masculina directa de la familia imperial. Y ahí esta, inamovible ochenta años después, a pesar del clamor popular, que ha mostrado un contundente apoyo a dejar de lado las tradiciones y abrazar el progreso.
Y la popularidad de la princesa Aiko, quien sería la legítima heredera al trono de no existir esa ley machista, ha crecido en paralelo a su visibilidad pública. Desde que cumpliera la mayoría de edad, sus actos en solitario han ido en aumento, estrenándose en un viaje al extranjero, concretamente a Laos, hace pocas semanas.
Pero, por el momento, las encuestas no son vinculantes y el debate, abierto desde hace más de 25 años, sigue candente. Parece que los japoneses están dispuestos a renunciar a las tradiciones por la continuidad de la Casa Imperial y esa línea de sucesión. Eso sí, la idea es que, de cambiarse la ley, no se haría hasta que Hisahito, el más joven de la línea de sucesión, asuma el trono.
Así, aunque la opinión popular la respalda, parece que Aiko lo tiene difícil para ser emperatriz, algo que por otra parte ya ha asumido. La historia y las tradiciones se han empeñado en recordárselo tanto a ella como a su madre, la emperatriz Masako, que incluso cayó en una severa depresión por no poder aportar un varón a la línea de sucesión.
¿Emperatriz sí o emperatriz no? Es la eterna pregunta en Japón, con un debate que no se ha reabierto porque realmente nunca se cierra del todo. De hecho, de cuando en cuando, algunas encuestas miden la temperatura a la sociedad para ver cómo de receptiva estaría a cambiar la ley para que una mujer pudiera ocupar el trono. Y los resultados son claros y aplastantes: los japoneses han dado la espalda a la tradición y apoyan la idea de que la princesa Aiko ocupe el trono.