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Seis paraísos cercanos que merecen una visita

Fachadas pintadas como barcos, un pueblo caracol, dos islas mediterráneas, la ciudad más folk y un sueño portugués. ¿No te suena a 'grandes éxitos'?

Foto: Seis paraísos cercanos que merecen una visita

Esta vez nos vamos de “grandes éxitos”. Queremos llegar hasta esos lugares tan pintorescos que no se puede aguantar. Más de fina estampa que de postal. Ni siquiera caben en una foto. La razón: se desbordan a sí mismos. Son las sorpresas que da la vida al viajero incontinente. Nyhavn, o si se quiere, el viejo puerto de la nueva ciudad de Copenhague, donde uno no puede sino recrearse en la fe de marineros y pescadores, y rezar ante esas fachadas de colores que fueron pintadas como barcos, para después buscar a la sirenita danesa que nada sabía de Disney, la hija del danés Hans Christian Andersen, a quien nos encontraremos después en un bosque portugués. Es cuestión de seguir.

La griega Astipalea tiene forma de mariposa y es una de las islas del Dodecaneso, las que no se pueden contar con los dedos, y nada menos que la ninfa preferida de Poseidón (mitología manda). Aquí Don Quijote se habría vuelto aún más loco con sus ocho molinos de viento. En Bulgaria, Koprivshtitsa es puro folk, encaje de bolillos y bordado, toda ella arquitectura tradicional y música popular, además acurrucada entre montañas y junto a un río. Sintra, en cambio, se alza como un sueño tan lejos y tan cerca de Lisboa (el del alegre Palacio da Pena), “quizás el lugar más encantador de Europa”, dijo Lord Byron, un cuento más que de hadas en el que, por cierto, vivió su realidad el gran cuentista Andersen. Eguisheim, en la región de Alsacia, quiere ser un caracol y dispone sus casas en espiral, con castillos (en plural), muchas flores y mucho vino y una denominación (también de origen): “el pueblo más bello de Francia”. El último de los hits viajeros es la isla croata de Rab con nombre pronunciable, pensando en su vecina Krk (bendita vocal), donde el Mediterráneo está más limpio y donde aún habita uno de sus últimos bosques de robles.

1. NYHAVN: FACHADAS DE COLORES Y UN PASEO EN BARCO POR EL CANAL

Barrio de pescadores y marineros de mala fama la peor, antro de cantinas, zorbas y copas rotas. Es su pasado de bajos fondos lo que ha hecho de Nyhavn la cara más pintoresca del ya de por sí pintoresco Copenhague. Por culpa también de esas típicas casas de fachadas de colores, algunas del siglo XVII, que son el telón de fondo de un buen plantel de barcos, muchos de ellos de madera. Todo va a juego en el canal, hasta el ancla en memoria de los marineros daneses muertos durante la II Guerra Mundial, y no digamos el ejército de bares, pubs, cafés, terrazas y locales de toda ralea y todos sumisos ante la cerveza. O los puentes que lo salpican y hoteles como el 71 Nyhavn, un antiguo almacén de especias asomado a esta otra Venecia. En la capital danesa, al norte del norte, luce un sol mediterráneo.

No te pierdas. 1. Un paseo en barco por los canales, con saludo incluido a otros marineros y a la Sirenita, que es, en danés, "la pequeña señora del mar" y un respeto: tiene 100 años, la cara de la bailarina gran estrella del Ballet Real y el cuerpo desnudo de la mujer de su escultor. 2. Christiania, que es la femme fatale del país, una ciudad sin ley o con ley propia (libre y parcialmente autogobernada), muy hippy y muy underground (en este terreno, antes militar, se atrincheraron lo defensores de la legalización de la marihuana en los años setenta), donde harás bien si no desenfundas tu cámara.

No olvides. 1. Las casas de Nyhavn se pintaron con los botes de pintura sobrante de los barcos. 2. Estás en Dinamarca, o sea, terminarás yendo en bici.

2. ASTIPALEA: UNA DE 12 ISLAS, 8 MOLINOS y FORMA DE MARIPOSA

No es Mykonos, ni es Santorini, ni mucho menos Creta. Es Astipalea, vecina de la cíclada Amorgos y una gran desconocida, diremos por fortuna. Una de las doce islas del Dodecaneso, la más occidental, inconfundiblemente griega, por sus casas blancas con puertas en rojo y azul, su mar otra vez azul, su pedazo de mitología, sus acantilados y soberbias playas. Estás en el mar Egeo. Y hasta atesora un pasado veneciano como Stampalia (fue ocupada del siglo XIII al XVI) y otro turco como Istanbulya. Hay ocho molinos en Astipalea: ¿o eran gigantes? ¡Pobre Don Quijote! Por si fuera poco, tiene forma de mariposa, o de H, porque dos promontorios rocosos se dan un apretón de manos en un adelgazado istmo. Hay dos Astipaleas: Exo Nisi (la isla de fuera) y Mesa Nisi (la de dentro). Sí, nisi es “isla” en griego. ¿La medimos? 18 kilómetros de largo por 13 de ancho.

No te pierdas. 1. Maltezana (o Analipsis), en el sur de la isla, que fue base de los piratas de Malta. 2. Sus playas e islotes, como Agia Kiriaki, Koutsomitis o Kounoupi. Podrás ir en un taxibarco. 3. Los acogedores y típicos hoteles familiares, la gastronomía tradicional (las pougia, que son empanadas de queso con miel, o el queso kopanisti), carne de taberna. 4. Cora, la capital, desparramada por una colina coronada por un castillo veneciano junto al mar, con jardines, arroyos y hasta cascadas.

No olvides. 1. Astipalea era (es) la ninfa preferida del dios griego del mar, el fornido con tridente Poseidón, que la sedujo haciéndose pasar por un leopardo marino alado y con cola, como Zeus había ido tras su hermana Europa, hecho un toro. Muchos lugares rinden culto al mito. 2. Puedes ir en barco desde el puerto ateniense del Pireo o de isla en isla de las Cícladas hasta arribar a sus costas.

3. KOPRIVSHTITSA: LA CIUDAD MÁS FOLKY DE BULGARIA

Hay que decir el nombre del tirón, sin reparar demasiado en la sucesión de consonantes: Koprivshtitsa. Una ciudad histórica en la provincia de Sofía (a 111 kilómetros de la capital), en el corazón de Bulgaria, acurrucada como si tuviera miedo o frío en las montañas de Sredna Gora, sentada, a la búlgara, a la orilla del río Topolnitsa y vestida de azul. Sí, es su arquitectura lo que la hace tan diferente y lo que la ha convertido en el estandarte de la Bulgaria más tradicional, la del renacimiento nacional del XIX, paraíso de viajeros cazadores de lugares con encanto y algunos otros. Por ejemplo, los forofos de los festivales de música popular. Es 100% folky. Si te gustan los bordados, las puntillas, la joyería no de tu abuela sino de la tatarabuela de tu tatarabuela y los trajes ceremoniosamente típicos, tendrás la sensación de haber encontrado el tesoro aun fuera de la isla. Es ciudad de caballos a galope y héroes rebeldes.

No te pierdas. 1. Sus 383 edificios de época, en madera y azul, con fondo de montañas donde resuenan “heroicas canciones de tiempos pasados”. 2. La casa del escritor, político y profesor Nayden Gerov, nacido en 1823, poeta también del glorioso pasado búlgaro y autor del primer diccionario de este idioma.

No olvides. 1. El Festival Nacional de Folclore búlgaro se celebra aquí cada cinco años desde 1965 y es una reunión de músicos, artistas y artesanos del país. 2. La ciudad fue uno de los centros de la insurrección de abril de 1876, cuando la ocupación otomana.

4. SINTRA: UN SUEÑO DE LORD BYRON ESCRITO POR ANDERSEN

Villa portuguesa tan cerca y tan lejos de Lisboa, parece salida de la ficción y no de la realidad. Lo dijo el vivido y atribulado Lord Byron: “Quizás el lugar más encantador de Europa en todos los aspectos; contiene bellezas de todas clases, naturales y artificiales”. Tuvo que ser declarada por la Unesco, claro, Patrimonio de la Humanidad como “paisaje cultural”. El Palacio da Pena (que es 'peña' en portugués y no 'tristeza'), con sus formas y colores ad maiorem gloriam del romanticismo, es dalinianamente extravagante y oníricamente real, y habría que sumar un viceversa. Y camino del Castelo dos Mouros, si llegas a pie por la espesura del bosque, pensarás sin querer en las hadas y los gnomos, y descubrirás entonces que estuvo aquí (está escrito en la puerta de una casa) el danés Andersen (1866) y comprenderás. No caeremos en la tentación de llenar a Sintra de adjetivos, ni aún con su repertorio infinito de flores (he ahí la Quinta da Regaleira), sus azulejos en blanco y azul, y su porte aristocrático (cómo escapar a la etiqueta 'residencia de reyes').

No te pierdas. 1. La ciudad laberíntica de callejas empinadas, sus casas señoriales y su anhelo romántico. 2. Los travesseiros (trenzados) y queijadas (quesadas) de sus coquetas pastelerías. 2. Ir en tren desde Lisboa, a solo 27 kilómetros.

No olvides. 1. El Atlántico tan cerca: el Cabo da Roca es el punto más occidental de Europa y Azenhas do Mar se levanta sobre un risco con la praia a sus pies. 2. Es Parque Natural (Sintra-Cascais), la naturaleza majestuosa.

5. EGUISHEIM: UN CARACOL DESDE EL CIELO Y MUCHO VINO (ALSACIANO) EN LA TIERRA

En esta región de Alsacia, que es comuna de Francia del departamento del Alto Rin (solo decirlo y ya se escancia el vino), nació un papa viajero y reformista (se sacó de la manga la Tregua de Dios, días sin combates); era León IX (1002). Pero lo que nos gusta es que tiene forma de caracol, que está sumida en una suerte de espiral arquitectónica de la que se puede salir (planta circular típica de los castros romanos). Pero ¿quién quiere irse de Eguisheim, condecorada con el bienfamado título de "pueblo más bello de Francia”. Visto desde el cielo, por descontado (ni el mago Escher lo habría hecho mejor), y desde la tierra, igual: es rotundamente medieval, con casas de entramado de madera, pintadas o no de colores y tantas flores.

No te pierdas. 1. Las torres cuadradas de Weckmund, Wahlenbourg y Dagsbourg, fabricadas con arenisca rojiza, y el castillo de Hohlandsbourg. 2. La bella y también medieval ciudad de Colmar, a cinco kilómetros hacia el sur.

No olvides. 1. Es una localidad productora de vinos de la denominación AOC Alsace Grand Cru. 2. Conserva su estructura defensiva: las casas mismas servían como muralla para los ataques exteriores (solo hay que verlo).

6. RAB: UNA ISLA EN CROACIA DE CUYO NOMBRE TE PUEDES ACORDAR

Hay tantas islas en Croacia que no se pueden contar. Rab es una de ellas, en el archipiélago de la bahía de Kvarner en la parte norte del Adriático. Sacamos el metro otra vez: longitud de 22 kilómetros y anchura de 3 a 10, según. Le agradecemos su vocal interconsonántica, que hace su nombre pronunciable, no como su vecina Krk. Parece desnuda según se aborde, o vestida con los pocos robles que le quedan al Mediterráneo (también hay encinas, pinos y cipreses), pero Rab está poblada. Es más: es una señora ciudad medieval con su muralla, sus torres e iglesias románicas. Y rodeada, además, de otras tantas islas. Aquí se cuentan las horas de sol al año. ¿El resultado? 2.470. Los días son con sol y las noches con ambiente de taberna mundana y mediterránea.

Foto: Renco Kosinožić/Turismo Croacia
Foto: Renco Kosinožić/Turismo Croacia

No te pierdas. 1. El parque de la ciudad, Komrcar, uno de los más bellos (dicen) del Adriático. 2. Sus murallas medievales de piedra construidas en los siglos XII y XIII. 3. Coger el barco y perderte por las islas y las playas.

No olvides. 1. Tiene el título de ciudad 'felix' (feliz) y no se lo hemos dado nosotros. Fueron los romanos; ya era una ciudad en el 10 a.C. 2. Su pico más alto mide 408 metros sobre el nivel del cercano mar.

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