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No es Asturias, es Madrid: la ruta con cascadas y lago que parece sacada de un paisaje del norte
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No es Asturias, es Madrid: la ruta con cascadas y lago que parece sacada de un paisaje del norte

A veces no hace falta viajar a Asturias o Cantabria para sentir el frescor del bosque y el murmullo de las cascadas

Foto: La mágica caída de agua de la Presa del Pradillo
La mágica caída de agua de la Presa del Pradillo

Madrid guarda secretos naturales que, a menudo, pasan desapercibidos entre la prisa de la ciudad y el bullicio de sus calles. Uno de estos tesoros está en Rascafría, en pleno Valle de la Angostura, un enclave natural que recuerda, por su frondosidad, sus ríos cristalinos y sus frescas cascadas, a los paisajes del norte de España. Lejos del asfalto, este rincón de la Sierra de Guadarrama ofrece una ruta sencilla, con cascadas y embalses, que sorprende por su belleza serena y por lo accesible que resulta.

El recorrido comienza en el Área Recreativa La Isla, donde es recomendable llegar temprano, sobre todo los fines de semana, para conseguir aparcamiento. En esta zona, además de varios restaurantes como La Isla o Los Claveles, hay un puente desde el que se puede obtener una primera y fotogénica panorámica del río Lozoya. A partir de ahí, comienza una experiencia natural ideal tanto para familias con niños como para senderistas más exigentes, con rutas adaptadas a distintos niveles de dificultad.

Una de las joyas de este paseo es la Cascada de la Presa del Pradillo, un salto de agua formado por una antigua infraestructura hidráulica ya en desuso, pero que ha quedado perfectamente integrada en el paisaje. A pesar de no ser completamente natural, su apariencia, especialmente en épocas de mayor caudal, transmite la autenticidad de una cascada salvaje. El entorno, salpicado de pinos y pequeños rápidos, da lugar a un microclima de humedad, frescor y verdor, insólito en la Comunidad de Madrid.

La ruta ofrece varias posibilidades: desde un breve paseo de 15 minutos hasta la cascada, ideal para quienes solo buscan una escapada rápida, hasta una ruta circular de unos 6 kilómetros que atraviesa el puente de la Angostura y vuelve por la otra orilla del río. Esta opción intermedia, perfecta para hacer en familia, permite disfrutar del entorno sin prisas, hacer un picnic y detenerse a fotografiar los múltiples rincones encantadores del camino. También existe una opción más larga, de unos 11 kilómetros, pensada para quienes desean explorar a fondo.

Uno de los puntos culminantes es el Puente de la Angostura, una construcción de piedra de época de Felipe II, que sirvió como paso entre el Monasterio de El Paular y el Palacio de la Granja. Su posición, sobre una garganta estrecha del Lozoya, lo convierte en un mirador excepcional desde el que observar el torrente, los pinares y el silencio. Desde allí, el camino de regreso atraviesa un espeso bosque de pinos y pequeños arroyos, donde se encuentran pasarelas de madera y sendas que serpentean entre árboles centenarios.

El embalse del Pradillo, que aparece tras superar la cascada, actúa como una recompensa inesperada. Rodeado de naturaleza y con un aire de laguna mágica, es el lugar perfecto para descansar, desconectar y sentir que uno ha viajado mucho más lejos de lo que indican los mapas. Su entorno está lleno de pequeños rincones escondidos donde el río se calma, forma playas de arena y deja espacio para la contemplación.

Madrid guarda secretos naturales que, a menudo, pasan desapercibidos entre la prisa de la ciudad y el bullicio de sus calles. Uno de estos tesoros está en Rascafría, en pleno Valle de la Angostura, un enclave natural que recuerda, por su frondosidad, sus ríos cristalinos y sus frescas cascadas, a los paisajes del norte de España. Lejos del asfalto, este rincón de la Sierra de Guadarrama ofrece una ruta sencilla, con cascadas y embalses, que sorprende por su belleza serena y por lo accesible que resulta.

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