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De Brooklyn a Dubái con escala en Mónaco, los grandes de la moda te llevan de viaje

Nos vamos de 'crucero'. Con Dior y Raf Simons al nuevo Brooklyn. Con Lagerfeld y Chanel a Dubai Y con Ghesquière y Vuitton al Mónaco de Grace.

Foto: De Brooklyn a Dubái con escala en Mónaco, los grandes de la moda te llevan de viaje

Vamos a aprovechar que algunas de las mejores colecciones de moda se van de viaje, haciendo honor a su nombre aunque no sea por mar, para ver mundo. Estos serán nuestros 'cruceros'. Con Christian Dior y por cortesía de Raf Simons damos el salto al viejo Brooklyn, que luce como recién estrenado, envuelto en esa inocencia bohemia que es como una farola en la noche más oscura. ¿Acompañamos a Karl Lagerfeld hasta Dubai? El káiser está de vuelta en este emirato árabe y no para cerrar un acuerdo hotelero ni para abrir una de las 25 tiendas que tiene proyectadas de aquí a cuatro años, sino para continuar, como mandan sus cánones, el show. Viviremos el espectáculo a su manera, batiendo récords: de copas en el bar más alto del mundo, el At.mosphere (en el Burj Khalifa). Pasando por el 360º, uno de los mejores bares del mundo.

Con Nicolas Ghesquière y en (o con) una maleta de Louis Vuitton, llegaremos hasta Mónaco con el festival de cine de Cannes en marcha y la sombra alargada, más que nunca, de la princesa Grace. Esta vez vamos a colarnos en el Montecarlo Beach Club y el Hotel de París. Y a ver a qué huele en el fastuoso restaurante Luis XV del superchef Alain Ducasse. Estamos en la Riviera Francesa, la Costa Azul.

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BROOKLYN: LA CITA CON DIOR FUE EL 7 DE MAYO

Lo hizo Alexander Wang y está a punto de hacerlo Raf Simons. Sí, la maison francesa cambiará su inveterado chic por el halo contracultural del Brooklyn que se ha jugado a las cartas fábricas por galerías y revolución industrial por bohemia, una nueva. Dior no desembarcará en una limusina en el Nueva York más glamouroso sino en el experimental. Ni desfilará en el último piso del primer icono urbano de la era hiperhipster. Su colección Crucero se dejará ver en el Navy Yard, un moderno parque industrial con muchas vistas.

Así que Dior estará más cerca que nunca de ti. Mientras la pasarela juega a la seducción, adéntrate en los tugurios relumbrantes de Williamsburg, Dumbo (el barrio en el que desemboca el Puente), Park Slope y Brooklyn Heights. Porque ¿cómo olvidar que las residencias que alojaron a Truman Capote, Marilyn Monroe o Arthur Miller nos contemplan?

DÉJATE VER EN: sentirte una estrella en el rutilante cielo neoyorquino será más fácil todavía si te alojas en el Wythe Hotel (80 Wythe Ave.), una fábrica de 1901 convertida en un hotel de 70 habitaciones, todo skyline, con bar en la azotea que es delicia de hipsters. Su propietario, Andrew Tarlow, ya puso el barrio (Williamsburg, cada vez más chic) en el mapa de la vida nocturna con su Marlow & Sons and Diner. Todo con un aire berlinés que te hará sentirte en tu salsa, si padeces de hipsterismo y espíritu neocontracultural.

NO TE PIERDAS: el elegante Docklands a la hora del brunch, la comida, la cena o los cócteles. Sirven productos del mar criados en libertad, carne de animales engordados de forma natural y leche orgánica. Todo muy Gwyneth Paltrow.

Debajo del puente de Brooklyn, a la orilla del Hudson, está el River Café, puro lujo ya legendario (y muy cinematográfico) junto al Hudson. Primero, por las vistas y el atardecer. Después, por el caviar, el refinado menú (es escuela de chefs) y su renombrado postre, el Chocolate Brooklyn Bridge (una réplica del puente).

Y como venimos de la alta costura, impresionados por Dior, vayamos a darnos un baño de segunda mano y nueva modernidad en el aclamado Beacon’s Closet, en Park Slope (98 5th Ave), el paraíso para los cazadores de chollos.

DUBÁI: TRAS LOS PASOS DE KARL LAGERFELD EL 13 DE MAYO

El káiser y el emirato árabe, ninguno de los dos tienen medida. En esta ocasión, el distrito del fashion de Dubái, donde se da la mayor concentración de tiendas del planeta, será la pasarela de la colección Crucero de Chanel, justo el año en que tiene previsto inaugurar la Isla Moda: un complejo residencial con hoteles de lujo y más tiendas a lo largo de 20 kilómetros de costa artificial. Se rodeará de celebridades y magnates. Aunque para subir la temperatura ya están los termómetros (¿se alcanzarán los 40º?), el show de Karl Lagerfeld promete.

DÉJATE VER EN: ¿te apuntas a batir records en Dubái? De la mano del diseñador o por tu cuenta, podrás coleccionar extravagancias, excesos y superlativos. Empezamos, cómo no, subiendo al Burj Khalifa, el edificio de 828 metros y 163 pisos que ha hecho pequeños a todos los rascacielos. La supertorre te abre las puertas del restaurante en la cima (el más alto del mundo), el At.mosphere, un prodigio casi de ciencia ficción con vocación de teleférico que bien vale el ascenso. ¿Quién dijo vértigo?

Cuando te bajes de aquí y recuperes el aliento, dirígete hasta el hotel con forma de dhow, la embarcación típica árabe, 'anclado' en una isla artificial a 280 metros de la orilla. ¿Te cruzarás con Lagerfeld en esta otra pasarela que se adentra en el mar? En el Burj Al Arab, único "siete estrellas" en la tierra, te espera el Skyview Bar, a 200 metros de altura. Hay helicopteros (hay un helipuerto en la azotea) y Rolls Royce listos para los clientes.

No habrás terminado el recorrido up hasta que corones el 360º, en el hotel Jumeirah Beach, uno de los mejores bares del mundo. Aún te quedará una jornada de shopping intensiva en el extradecorado Dubai Mall, con más de 1.200 tiendas, y todo un desfile de Chanel y Vuitton sin organizar, el de las dubaitíes y sus bolsos.

NO TE PIERDAS: Para curarte de tanta presunción puedes arribar al pequeño, exquisito y aclamado Marta’s Workshop, el restaurante de autor de la española Marta Yanci, una rara avis en este gran circo y, sin embargo, gran favorito de los sibaritas. Todavía más raro porque es un laboratorio culinario, la extensión de su catering-boutique Marta’s Kitchen (ejerció de chef privado), sin carta ni camareros; ella misma atiende.

Bajados ya los humos, es hora de pasearnos a lo árabe por el distrito de Deira (de vuelta al zoco, de las especias o del oro, y al regateo) y el barrio persa de Bastakiya, y comer, si hay cuerpo, una hamburguesa de camello en el restaurante Local House. Sin olvidar (nunca) que a un lado está el mar y al otro, el desierto. Pero aquello que estás viendo a lo lejos no es una palmera: ¡es Palm Island! De nuevo, residencias y hoteles de lujo. Parece que se oye a Lagerfeld decir: "Yo soy Dubái".

MÓNACO: NOS VAMOS EL 17 DE MAYO CON UNA MALETA DE LOUIS VUITTON

A la espera de que haya un desfile en la luna o en un lugar que nuestra imaginación ahora no acierta a ubicar, nos vamos a Mónaco con Nicolas Ghesquière y, por supuesto, con una maleta de Louis Vuitton. La invitación es para la presentación de su colección Resort en el fastuoso principado de Grace el próximo 17 de mayo, fecha que coincide con el Festival de Cannes (del 14 al 25 de mayo). No faltarán, seguro, ni Carolina, ni Carlota, ni Charlene. ¿Te vienes?

DÉJATE VER EN: Montecarlo es el distrito más famoso de Mónaco: casino, hoteles, glamour, celebridades y Beach Club. Siempre de fiesta. Habrá colección de deportivos en la puerta, pero no te dejes intimidar, pasa: es para todos. Los yates más grandes, los hoteles más lujosos, con permiso de Dubái, están aquí. Esto es un lujo, digamos, más histórico, y desde luego, menos futurista. Solo hay que ver el restaurante (uno de ellos) versallesco del archifamoso chef Alain Ducasse Luis XV, alojado en el esplendoroso y narcisista Hotel de París, y probar sus exquisiteces.

Para relajarte a lo Mónaco no hay nada como las Termas Marinas, que comparten el Hotel de Paris y el Hermitage: con 37 salas de masaje e hidroterapia, salón de belleza, peluquería, centro de aquafitness y lo mejor, vistas al Mediterráneo. En este miniestado, todo pasa en un hotel. Apúntate el nombre de Metropole, otro 'cinco estrellas' de postal. Para comprar a lo grande, la avenida Princesa Grace, que mira a la Costa Azul, y donde tiene la boutique Louis Vuitton.

NO TE PIERDAS: si no te han invitado a la última fiesta en tierra o en mar, cambia el rumbo. Lo más chic es disfrutar del Café de París, que tiene todo el sabor de la Belle Époque y los viejos bistrós de la ciudad del Sena, de día (la brasserie) o de noche (los cócteles). Date un paseo por La Roca, la ciudad histórica, y recorre sus cuatro kilómetros de costa (no son más). Nunca olvidarás tu escapada a los pueblos pintorescos de Eze, en lo alto de un acantilado, y Roquebrune, asomado igualmente al mar en Cap Martin. ¿Una emoción añadida? En ese trozo de Costa Azul está la cabaña del arquitecto Le Corbusier. También te espera Cap Ferrat y su Gran Hotel, un palacio entre Niza y Mónaco. Y ya lo sabes, siempre puedes irte a Cannes “de alfombra roja y famosos”.

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