La manicura soft serve, inspirada en cremosos helados de fresa, te va a salvar las uñas este verano
Si estás en busca de inspiración para tu próxima manicura, bucea por las redes sociales, elige tu helado favorito y disfruta de las soft serve, las uñas más cute y discretas del verano
De rosa empolvado, casi blanco y con un plus de brillo, la manicura soft serve está llamada a ser la elección más trendy del verano. (Launchmetrics Spotlight)
No hay verano sin tendencia de manicura que se base en los colores pastel. Puedes ser más atrevida y jugar con los colores más vibrantes, los volúmenes en 3D (como las de Mariana Díez) o incluso el hiperrealismo, pero siempre hay clásicos infalibles, igual que una camiseta de rayas.
Así que, si en veranos anteriores vimos el éxito de las manicuras strawberry milk y bluberry milk, en rosa y azul pálido, este año tenemos que hablar de la manicura soft serve, que se parece mucho a las uñas baby boomer, pero que toma como inspiración un cremoso helado de fresa.
Para ser más exactos, la manicura soft serve se traduce como ‘helado suave’, puede que en referencia al tono rosa pálido del esmalte de uñas.
Tiene degradado, opacidad y suele decorar uñas acrílicas de forma almendrada. Y, aunque por su nombre no te sueñe, llevas mucho tiempo viéndola por todas partes.
Como toda tendencia de nail art, no hay un diseño único ni inalterable y, por supuesto, tiene tanto versiones más sencillas, realizadas incluso de forma casera, como aquellas elaboradísimas solo al alcance de un manicurista profesional.
Pero, en líneas generales, la manicura soft serve se caracteriza por tres características:
La primera es el color. Todos los diseños se mueven entre los tonos rosa pálidos de base lechosa. Se trata de una manicura que crecrea un degradado, un poco al estilo de las manicuras ombré, así que es preciso que haya ultra transición muy sutil del rosa al blanco. La idea, con este combo de colores, es la de reproducir las tonalidades de un helado de maquina, esos que se crean formando una espiral cremosa, a poder ser, de dos sabores.
Otro aspecto innegociable es el brillo. No estamos ante una manicura mate o empolvada. Siempre debe llevar su correspondiente generosa capa de top coat de brillo gel. Con este paso se busca alcanzar el brillo glaseado de un helado, además de acercarse a otro de los efectos deseados con la manicura soft serve: el clean look, las uñas limpias.
La tercera característica es, precisamente, la delicadeza con la que se realiza el esmaltado, para que ni los colores sean muy llamativos, ni la transición de esmaltes quede muy marcada.
Para lograr ese efecto de degradado tan sutil, el que le aporta el efecto de helado y que acerca este tipo de manicura a otras como la frombé, es decir, la manicura ombré francesa (baby boomers elegantes), la técnica de esmaltado es muy concreta.
La técnica tradicional incluye el uso de una esponja para difuminar los colores (una sponge blend o un pincel para difuminar) y crear una transición entre ambos imperceptible, que resulte gradual. Sin embargo, también existe la posibilidad de realizar ese degradado de esmaltes con un aerógrafo, lo que segura un resultado profesional.
El silencioso éxito de esta manicura responde a varias claves. Por un lado, es la herencia del clean look que sacudió tan fuerte el mundo de la belleza, pero también tiene una marcada estética años 90, concretamente ‘old money’, de mujer rica de la década, que resulta muy sencilla de incorporar en un estilismo actual.
No hace falta llevar las uñas larguísimas, ni de forma puntiaguda, basta con crear un degradado en tonos rosa, algo empalagoso pero muy discreto. El punto extra es que se trata de una manicura moldeadora.
El esmalte blanquecino ejerce un efecto potenciador del bronceado por el simple contraste del color de la uña con la piel y la forma almendrada de las uñas soft serve alargan ópticamente los dedos.
Así que es un hecho, este verano las uñas de helado cremoso son tendencia nail art.
No hay verano sin tendencia de manicura que se base en los colores pastel. Puedes ser más atrevida y jugar con los colores más vibrantes, los volúmenes en 3D (como las de Mariana Díez) o incluso el hiperrealismo, pero siempre hay clásicos infalibles, igual que una camiseta de rayas.