Nicole Kidman apuesta por su rizo natural: los expertos nos cuentan trucos para cuidarlo
Hemos podido ver como la actriz australiana posaba en el aeropuerto con su pelo natural, una tendencia que cada vez está más de moda, sobre todo cuando se trata de devolverle la vida a tus rizos
No todas las lecciones de belleza se dan bajo los focos de una alfombra roja. A veces, basta una imagen robada en un aeropuerto para confirmar que una tendencia ya es una realidad. Nicole Kidman ha sido fotografiada tomando un vuelo desde el aeropuerto de Sídney junto a sus hijas Faith Margaret y Sunday Rose y, más allá de su estilismo relajado, hay un detalle que concentra todas las miradas: su melena rizada, libre y sin artificios. La actriz australiana, icono del glamour más pulido en eventos internacionales, vuelve a apostar por su textura natural, reivindicando esos rizos que marcaron sus inicios y que hoy se convierten en toda una declaración beauty.
Durante años nos ha tenido acostumbradas a un look impecable, casi escultórico, en el que el pelo liso, perfectamente trabajado, era parte esencial del conjunto. Sin embargo, en los últimos tiempos está apostando por dejar que sus rizos hablen por sí solos, recuperando esa imagen que dio a conocer en 'Días de trueno' y que enamoró a toda una generación. Un regreso a los orígenes que no solo es estético, sino también emocional: aceptar la naturaleza del propio cabello implica entenderlo, cuidarlo y respetar sus tiempos.
Porque uno de los grandes mitos del pelo rizado es pensar que siempre es grueso y abundante. Eduardo Sánchez, director de Maison Eduardo Sánchez, despeja el primer enigma que lo rodea: “También puede ser fino, no hay que pensar que todos los cabellos rizados son gruesos y abundantes”. Sea cual sea su diámetro, lo que sí comparte es una tendencia casi universal a la sequedad, lo que obliga a prestar atención a una rutina específica y constante.
¿La razón principal? El propio Sánchez lo explica con claridad: “A diferencia del liso, no está tan en contacto con el cuero cabelludo, donde se encuentran las glándulas sebáceas, responsables de su hidratación natural”. Al no deslizarse con facilidad por la fibra, el sebo no llega a las puntas y el resultado es un cabello más frágil, con tendencia al encrespamiento si no se cuida correctamente.
El primer paso es asumir que el lavado del pelo rizado no admite prisas. “Requiere más paciencia”, insiste el experto. La buena noticia es que no necesita lavarse a diario. De hecho, lo ideal es hacerlo cada tres o cuatro días. Limpiarlo en exceso puede provocar justo el efecto contrario al deseado: “Puede terminar produciendo daños como que desaparezca el aceite natural, que proporciona el efecto luminoso e hidratado en el cabello”.
Antes incluso de pensar en el champú, hay un gesto clave que muchas pasan por alto: desenredar en seco. Aplicar un aceite ligero o un acondicionador sin aclarado facilita el proceso. “Primero con los dedos y después con un peine de púas anchas o con un cepillo”, recomienda Sánchez. Este paso previo evita roturas innecesarias y prepara la fibra para la limpieza.
En cuanto al champú, la elección no es negociable. Las fórmulas sin sulfatos, parabenos ni siliconas ayudan a mantener equilibrado el pH del cuero cabelludo. Álex Sestelo lo resume así: “El pelo rizado reacciona muy mal a las fórmulas abrasivas que suelen tener la mayoría de los champús, dejándolos resecos y con frizz”. De ahí que recomiende limpiadores hidratantes con ingredientes como aceites de argán, coco, jojoba o almendra, manteca de karité, proteínas de seda, queratina o vitamina E.
Un truco profesional es alternar fórmulas en el mismo lavado. Dos aplicaciones de champú, a ser posible distintas: una primera más purificante, centrada en la piel, y una segunda hidratante, una fórmula que trabaje la fibra sin agredirla.
El acondicionador —o la mascarilla— es un paso que nunca debe omitirse. Marina Morán lo explica con una metáfora muy clara: “Si un acondicionador supone la hidratación de un vaso de agua, la mascarilla equivaldría a cuatro”. Aunque ella prefiere mascarilla siempre en cabellos rizados, Sestelo opta por un término medio: acondicionador en cada lavado y una mascarilla intensiva semanal. Su consejo extra es escurrir bien el cabello antes de aplicar el producto para que los activos penetren correctamente.
Tras el lavado, nada de frotar. La humedad se retira con suaves toques de toalla o, mejor aún, con accesorios de microfibra antiencrespamiento como DevaTwist, de Devacurl (26,99 euros, en Sephora). “Desenredarlo justo en ese momento, y no cuando está a medio secar, hará que el rizo quede con más forma”, apunta Eduardo Sánchez.
El secado ideal es al aire, con una loción que defina e hidrate. Mientras tanto, un gesto tan sencillo como amasar el cabello de abajo hacia arriba ayuda a que el rizo se forme de manera natural. Para quienes buscan más volumen, el difusor —usado boca abajo— es el mejor aliado. El resultado: un cabello con movimiento, personalidad y esa belleza auténtica que no necesita artificios para brillar.
No todas las lecciones de belleza se dan bajo los focos de una alfombra roja. A veces, basta una imagen robada en un aeropuerto para confirmar que una tendencia ya es una realidad. Nicole Kidman ha sido fotografiada tomando un vuelo desde el aeropuerto de Sídney junto a sus hijas Faith Margaret y Sunday Rose y, más allá de su estilismo relajado, hay un detalle que concentra todas las miradas: su melena rizada, libre y sin artificios. La actriz australiana, icono del glamour más pulido en eventos internacionales, vuelve a apostar por su textura natural, reivindicando esos rizos que marcaron sus inicios y que hoy se convierten en toda una declaración beauty.