En Mallorca, tierra natal de Rafa Nadal, no solo se respira tenis. También se admira, con discreción y asombro, la impresionante casa que el campeón manacorí comparte con su esposa, Xisca Perelló. Una residencia diseñada con mimo y construida durante tres años, que hoy es uno de los rincones más privilegiados de la isla, con vistas inmejorables al Mediterráneo.
Ubicada en un terreno de 7.000 metros cuadrados, la vivienda se erige sobre un acantilado que conecta visualmente con la Cova des Correu, un rincón histórico de la costa mallorquina. Allí, el deportista y su pareja se despiertan cada día con el sonido del mar y una panorámica abierta al horizonte azul. La casa principal se compone de dos cuerpos interconectados de dos alturas y planta sótano, con una cubierta a cuatro aguas que, con sus amplios voladizos, protege las terrazas y otorga al conjunto un aire mediterráneo moderno y funcional.
La arquitectura combina líneas limpias con materiales naturales. Las fachadas gris pálido contrastan con el mármol oscuro y brillante que recubre las paredes de las terrazas. El efecto es una vivienda contemporánea, pero en sintonía con el paisaje isleño. En el jardín, crecen olivos, palmeras y arbustos mediterráneos, ofreciendo no solo una estética cuidada sino también un plus de privacidad frente a las miradas curiosas.
La terraza de la segunda planta es amplia, abierta y muy luminosa, pensada para disfrutar del sol mallorquín y las vistas. La de la primera planta, en cambio, está más resguardada, con módulos rectangulares abiertos que permiten vivir el exterior incluso en los días ventosos o de más calor. El terreno, con su diseño escalonado en bancales de piedra vista, se adapta a la pendiente natural del acantilado y se funde cromáticamente con la piedra caliza de la costa. Este detalle no solo responde a criterios estéticos, sino también funcionales, ya que garantiza una integración paisajística armónica.
El jardín central alberga una piscina perfectamente orientada hacia el mar, y junto a ella, un edificio de una sola planta que podría destinarse a zona de ocio o invitados. Otro edificio similar, más discreto, se encuentra en el lateral de la parcela, cerca del acceso principal desde la calle. Desde cualquier punto elevado de la propiedad, Rafa Nadal puede observar el Great White, su lujoso catamarán de casi 24 metros de eslora y 12 de manga, valorado en 5,5 millones de euros, amarrado en el puerto. Adquirido en 2020, el yate es ya un símbolo más de su estilo de vida, ligado al mar y al descanso entre temporadas.
Aunque el Rafa Nadal Museum ya atrae a miles de visitantes cada año, lo cierto es que la casa y el barco del campeón se han convertido en una especie de peregrinación informal para muchos de sus seguidores. Turistas y admiradores se detienen ante la villa o el puerto para fotografiar la propiedad y seguir los pasos del tenista más laureado de España.
En Mallorca, tierra natal de Rafa Nadal, no solo se respira tenis. También se admira, con discreción y asombro, la impresionante casa que el campeón manacorí comparte con su esposa, Xisca Perelló. Una residencia diseñada con mimo y construida durante tres años, que hoy es uno de los rincones más privilegiados de la isla, con vistas inmejorables al Mediterráneo.