Adiós a las paredes lisas: la estética de los 70 arrasa este 2026 con el papel pintado junto a los materiales sostenibles
Impulsan un cambio silencioso que deja atrás la neutralidad absoluta y recupera espacios con más identidad y personalidad con textura mezclados tonos cálidos y una forma distinta de entender el hogar
Un papel pintado le da carácter a tu hogar (Pexels)
La pared lisa empieza a perder su reinado no porque haya “pasado de moda”, sino porque ya no basta con que una casa se vea correcta. En 2026, el interiorismo vuelve a pedir carácter, y eso se nota en un regreso cada vez más visible de la estética setentera, esa mezcla de calidez, textura y guiños gráficos que llevan tiempo reapareciendo en cultura pop y que, poco a poco, se ha colado en nuestra manera de decorar.
No es casualidad que muchas personas identifiquen ese “algo” con series como Stranger Things. Más allá del vestuario o de los peinados, la serie ha reactivado un imaginario doméstico muy concreto, salones con luz cálida, tonos terrosos, estampados con personalidad, muebles con curvas, y paredes que no se limitan a ser un fondo neutro. Esa nostalgia visual, repetida temporada tras temporada y convertida en estética reconocible, ha dejado una huella silenciosa en el día a día, porque normaliza la idea de que un hogar puede ser acogedor precisamente por lo imperfecto, lo táctil y lo vivido.
Se acabaron las paredes minimalistas (Pexels)
En ese contexto, el papel pintado vuelve con fuerza, sobre todo el que incorpora relieves y patrones geométricos o orgánicos. No es el revival literal de los setenta, sino su versión más depurada, con diseños que se inspiran en aquellas formas pero se integran mejor en casas actuales. El objetivo ya no es “recargar”, sino añadir profundidad, crear una sensación envolvente y hacer que la luz tenga algo con lo que jugar. La pared deja de ser plana y empieza a aportar atmósfera, incluso cuando el resto del espacio se mantiene sencillo.
La otra pata del fenómeno es que el regreso no llega solo por estética. En paralelo, crece la demanda de materiales más sostenibles, y eso también está influyendo en el papel pintado que se impone. Se buscan opciones con fibras recicladas o naturales, tintas menos agresivas y acabados que duren más allá del impulso de temporada. Es una manera de introducir cambio sin tirar de reformas pesadas y, al mismo tiempo, con la sensación de estar eligiendo algo más consciente.
Es una manera de introducir cambio sin tirar de reformas pesadas y, al mismo tiempo, con la sensación de estar eligiendo algo más consciente (Pexels)
El uso, además, se ha refinado. La tendencia suele funcionar mejor cuando el papel se plantea como acento, una pared principal en el salón, la zona del cabecero, un recibidor que gana presencia, o un pasillo que deja de ser un lugar de paso sin identidad. Así el efecto setentero aparece, pero no se impone, y el conjunto se mantiene habitable, luminoso y fácil de actualizar con textiles, iluminación o pequeños objetos.
Hay algo más de fondo en todo esto. La estética setentera no solo ofrece “estilo”, también ofrece refugio visual. Frente a interiores fríos o excesivamente asépticos, recupera una idea de hogar más cálido y sensorial, donde importan las texturas, los tonos que descansan la vista y los espacios que invitan a bajar el ritmo. Y quizá por eso engancha tanto, porque no se limita a decorar: cambia cómo se siente una casa cuando entras.
La pared lisa empieza a perder su reinado no porque haya “pasado de moda”, sino porque ya no basta con que una casa se vea correcta. En 2026, el interiorismo vuelve a pedir carácter, y eso se nota en un regreso cada vez más visible de la estética setentera, esa mezcla de calidez, textura y guiños gráficos que llevan tiempo reapareciendo en cultura pop y que, poco a poco, se ha colado en nuestra manera de decorar.