La pregunta del millón: ¿por qué la moda es TAN fea?
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UGLY FASHION

La pregunta del millón: ¿por qué la moda es TAN fea?

Isabel Marant relanza las deportivas con cuña que revolucionaron la moda hace años, Balenciaga y Crocs llevan la fealdad a un nuevo nivel e Instagram se ha convertido en la oda al mal gusto

placeholder Foto: Imagen: Cortesía de Isabel Marant.
Imagen: Cortesía de Isabel Marant.

Hay varios zapatos míticos que han marcado un antes y un después en la historia de la moda. Hablamos de modelos que posiblemente, en algún momento, aseguraste que jamás llevarías pese a que a los pocos meses te sorprendieras a ti mismo comprándolos sin comprender del todo por qué lo estabas haciendo. No serías el primero que se horrorizó cuando las Triple S de Balenciaga se pusieron de moda ni has sido el único que ha asegurado que las Ugg son una aberración estética, pero es posible que en algún momento hayas terminado luciendo unas deportivas chunky que provienen de la estética de Balenciaga o unas botas bien calentitas que, en realidad, se inspiran en las Ugg. Lo que esto demuestra es que nuestros gustos han aprendido a cambiar a la velocidad con la que lo hacen las tendencias, y el resultado ha sido que cada vez sea más complicado tener un estilo realmente propio. Por eso, la moda fea se erige como la única capaz de ayudar a construir un estilo diferente, como si la fealdad fuera un arma 'atrapalikes' y el secreto para destacar del resto.

El normcore fue el movimiento responsable del boom de zapatos tan denostados como las Birkenstock (que ahora son de nuevo tendencia) y el que hizo que la estética nerd se impusiera. Alessandro Michele apostaría después por esa estética y la llevaría a una nueva dimensión inspirada en el outsider de las películas antiguas americanas justo cuando el auge de las redes sociales hizo que los influencers tuvieran que arriesgar cada vez más con sus looks. Al fin y al cabo, las tendencias cambian a tal velocidad y la democratización de la moda es tal que ser diferente es realmente complicado, por lo que la moda fea se convierte en la mejor aliada para destacar. Leandra Medine pronto descubrió el poder de la fealdad estética, esa a la que en tantas ocasiones se abraza en nuestro país Madame de Rosa.

Hoy la fealdad regresa dispuesta a que los likes se disparen de la mano de las míticas deportivas con cuña de Isabel Marant, esas que eran tan feas que resultaban irresistibles a personajes como Kate Bosworth, Miranda Kerr y Rosie Huntington-Whiteley. Hablamos de una época preinfluencer en la que estas personalidades eran los referentes de estilo, y el éxito de las cuñas Bekett fue tal que no hubo una marca 'fast fashion 'que no contara con su versión. Fueron también las responsables de que Isabel Marant se situara en el mapa de la moda. En el momento del lanzamiento, la marca francesa tenía tan solo una tienda en Nueva York. Ahora, gracias a unas horrendas deportivas que tenían una lista de espera de seis meses, cuenta con 60. Se hicieron tan omnipresentes que Isabel Marant declaró a ‘The Cut’ en 2014 que no quería tener nada que ver con ellas. “Se han convertido en algo supervulgar. Siento que no quiero ser la diseñadora de las deportivas con cuña”, declaraba.

Ella hizo que el streetwear fuera sexy y revolucionó la moda gracias a su lanzamiento, ese que ahora regresa al haber rediseñado la diseñadora sus icónicas deportivas. Las zapatillas Balskee cuestan 495 euros, cuentan con terciopelo de piel y cierre con tiras de velcro y, por supuesto, siguen siendo bastante... feas. Han sido lanzadas justo cuando el mundo de la moda ha convulsionado ante la colaboración entre Balenciaga y Crocs, que ha hecho que uno de los zapatos más denostados a la par que cómodos del mundo hayan dejado de serlo, pues ahora tienen tacón y su estética es tan horrenda que los memes han servido como publicidad gratuita de este lanzamiento. En 2018, Balenciaga y Crocs ya lanzaron una colaboración que se agotó antes de que alcanzara las tiendas, por lo que es de esperar que esta nueva aventura corra la misma suerte.

La moda fea es el último 'guilty pleasure'. Nos gusta comprar diseños poco estéticos y presumir de haberlo hecho, como si al hacerlo demostráramos al mundo manejar la ironía de tal forma que no queremos ser los más bellos, sino los más estilosos. Lo que habría que plantearse es por qué los diseños más feos son también los más caros, y si mientras estamos ocupados en ser irónicos no estamos dejando que la moda se ría de nosotros y, por supuesto, se enriquezca al hacerlo.

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