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La Gala MET abre la puerta al poder tecnológico: deja a un lado el buen gusto, ahora manda el dinero de los Bezos
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ANÁLISIS

La Gala MET abre la puerta al poder tecnológico: deja a un lado el buen gusto, ahora manda el dinero de los Bezos

Anna Wintour evitó durante años algo así, pero el cambio de paradigma mundial ha hecho que se rinda ante el poderoso caballero

Foto: Lauren Sánchez & Jeff Bezos junto a Anna Wintour (Getty Images)
Lauren Sánchez & Jeff Bezos junto a Anna Wintour (Getty Images)

La Gala MET siempre ha funcionado como algo más que una alfombra roja. Es una puesta en escena del poder cultural, una noche en la que la moda decide quién está de moda y quién se queda mirando desde fuera. Por eso, que Lauren Sánchez y Jeff Bezos aparezcan como anfitriones principales de la edición de esta noche no es un simple detalle empresarial. Es un gesto muy revelador del momento que atraviesa la industria.

Durante décadas, Anna Wintour ha sido la gran guardiana de ese territorio. Su autoridad no se construyó solo sobre portadas, desfiles o cenas imposibles, sino sobre una idea muy concreta: el acceso no se compraba sin más. Había dinero, por supuesto desde los 150 dólares que empezó costando la entrada. La moda nunca ha sido ajena al lujo ni al poder económico. Pero existía una capa de legitimidad, de criterio, de pertenencia cultural, que separaba al invitado con influencia real del millonario con ganas de entrar. No podían comprar su sitio. Pero parece que todo ha cambiado.

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La entrada de Sánchez y Bezos en el MET simboliza, para los expertos en la materia, una derrota del viejo sistema de validación que Wintour representó durante casi toda su carrera. No porque el dinero no hubiera estado antes en la ecuación, sino porque ahora aparece con menos disimulo. La pregunta ya no es si alguien encarna una determinada sensibilidad estética, sino si su presencia garantiza conversación, poder mediático y músculo financiero.

Lauren Sánchez es, en ese sentido, una figura perfecta para entender el cambio. Tiene visibilidad, acceso, notoriedad y una vida pública que encaja muy bien con la lógica actual del espectáculo. Pero no representa exactamente la idea clásica de “ buen gusto”. Su estilo es reconocible, sí, pero no necesariamente aspiracional en el sentido tradicional que durante años defendió la moda editorial.

placeholder Lauren Sánchez (Getty Images)
Lauren Sánchez (Getty Images)

Esta cita que nació como celebración del Costume Institute, pero bajo el mandato de Wintour se convirtió en el gran examen anual de la relevancia social. Entrar allí significaba haber sido aceptado por una élite que mezclaba moda, cine, arte, música, política y dinero. Ahora, en cambio, da la sensación de que la frontera entre relevancia cultural y poder económico se ha vuelto mucho más borrosa.

La coincidencia con el regreso de 'El diablo viste de Prada 2' añade una capa casi irónica. La película original retrataba un mundo, el de las revistas de moda todopoderosas, que hoy parece pertenecer a otra época. Miranda Priestly era la ficción de una editora capaz de decidir tendencias, carreras y jerarquías con una mirada. Un reflejo, más o menos velado, de la autoridad que Anna Wintour ejercía en la industria.

La moda sigue teniendo poder, pero lo ejerce de otra manera.

Veinte años después, ese universo ya no funciona igual. Las revistas han perdido centralidad, las redes han multiplicado los prescriptores y el algoritmo ha ocupado parte del espacio que antes pertenecía al criterio editorial. La moda sigue teniendo poder, pero lo ejerce de otra manera.

Por eso resulta tan significativo que la secuela llegue justo cuando la cena en el MET parece abrirse de forma más evidente al poder tecnológico y empresarial. Antes, el diablo vestía Prada; ahora, casi podría decirse que compra la mesa, patrocina la gala y controla la conversación.

placeholder Lauren Sánchez y su marido Jeff Bezos (Getty images)
Lauren Sánchez y su marido Jeff Bezos (Getty images)

El lujo ya no mira solo hacia París, Milán o Nueva York. Mira también hacia Silicon Valley, hacia los grandes patrimonios tecnológicos y hacia las figuras que dominan la atención global, aunque su vínculo con la moda sea más reciente o más discutible.

No se trata de decir que Anna Wintour haya perdido todo su poder. Sería absurdo. Sigue siendo una de las figuras más influyentes del sector. Pero sí parece claro que el tipo de poder que ella representaba se ha transformado. Ya no basta con decidir quién tiene gusto. Ahora también hay que negociar con quien tiene plataforma, dinero y capacidad para convertir cualquier aparición en tema mundial.

Ya no basta con decidir quién tiene gusto. Ahora también hay que negociar con quien tiene plataforma, dinero y capacidad para convertir cualquier aparición en tema mundial.

Y ese es quizá el punto más interesante. Este año no hablará solo de vestidos. Hablará de quién manda realmente en la moda actual. De si el gusto sigue siendo una forma de autoridad o si ha quedado subordinado al capital, al espectáculo y a la visibilidad.

placeholder Anna wWintour y los Bezos en la misma fiesta (Getty Images)
Anna wWintour y los Bezos en la misma fiesta (Getty Images)

La alfombra roja dará titulares, como siempre, y ahí estaremos para que los veas. Pero esta vez, el verdadero look quizá no esté en las escaleras del museo, sino en lo que ocurre detrás: una industria intentando reconciliar su vieja idea de exclusividad con un presente en el que, cada vez más, todo parece tener precio.

La Gala MET siempre ha funcionado como algo más que una alfombra roja. Es una puesta en escena del poder cultural, una noche en la que la moda decide quién está de moda y quién se queda mirando desde fuera. Por eso, que Lauren Sánchez y Jeff Bezos aparezcan como anfitriones principales de la edición de esta noche no es un simple detalle empresarial. Es un gesto muy revelador del momento que atraviesa la industria.

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