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DE LULEå A ROVANIEMI

Huskies y auroras boreales en casa de Papá Noel: una escapada al círculo polar

Temperaturas extremas, días mucho más cortos de los que estamos acostumbrados, perros que pasan calor con temperaturas bajo cero... Bienvenidos al Polo Norte

Foto: En Finlandia puedes disfrutar de un paseo en trineo tirado por huskies. (C.Castellón)
En Finlandia puedes disfrutar de un paseo en trineo tirado por huskies. (C.Castellón)

¿Cuáles son las probabilidades de ver auroras boreales en la única noche al año en que te plantas en el círculo polar ártico? Según nuestra experiencia, muy elevadas siempre que creas en la magia de Papá Noel. O eso podría pensar cualquiera que hubiera tenido un 100% de acierto en una noche a la caza de auroras en Rovaniemi, la Laponia finlandesa.

Nos desplazamos un par de días a Laponia. En la frontera entre Suecia y Finlandia, en un lugar donde los huskies son algo más que animales de compañía y donde las condiciones climatológicas no dan tregua durante gran parte del año, la nieve y el hielo son compañeros inseparables de viaje. Aterrizamos en Luleå, población costera (aunque eso sea un espejismo habida cuenta de que las aguas que la bañan en esta época del año están heladas) y partimos hasta Rovaniemi, pasada la frontera finesa, en un trayecto de cerca de 300 kilómetros que transcurren por carreteras congeladas a lomos de un Mazda CX5 equipado para tales circunstancias.

Contar con un vehículo preparado para un trayecto de este estilo es importante, más cuando uno no está acostumbrado a la conducción en carreteras donde la nieve es el denominador común y las placas de hielo aguardan en los lugares más insospechados. Porque aunque las temperaturas que acompañan no difieren en exceso de los peores días del invierno madrileño (con máximas de 1 o 2 grados y unas mínimas de entre -5 y -7), la diferencia la marca el viento.

Es precisamente la naturaleza la que nos pone pruebas en mitad de la ruta. Pasada la frontera, adentrados en la Laponia finlandesa, nos topamos con uno de los mayores enemigos del conductor, la vida salvaje. Los lugareños ya nos habían advertido de ello: la posbilidad de toparnos con algún animal que se cruzara en nuestro camino era elevada. Y como si estuviera preparado de antemano, un par de renos se cruzaron en nuestro camino a escasos kilómetros de nuestro destino. La única reacción del coche al pisar el pedal de freno a fondo, además de una mayor distancia de frenado, fue notar el ABS trabajando para evitar bloquear las ruedas y, de paso, salvar el pellejo de los renos que siguieron su ruta como si no hubieran burlado a la muerte unos segundos atrás.

Arctic Treehouse Hotel.
Arctic Treehouse Hotel.

Rovaniemi nos recibe con un té tradicional de la zona para entrar en calor aunque lo que de verdad nos despeja son las abrumadoras vistas del Arctic Treehouse Hotel. Situado en mitad del bosque y a escasos metros de un lugar tan adorablemente kitsch como es el poblado de Papá Noel, este hotel está compuesto de un puñado de habitaciones, cada una de ellas independiente de las demás. Construidas como refugios en mitad de la nieve, cada una es un cubículo rectangular, como podría serlo un contenedor de transporte, con un gran ventanal en uno de sus extremos (y unas escandalosas vistas). El frío, eso sí, se queda en la puerta ya que el interior está equipado de tal manera que hasta el suelo calefactado nos permite caminar descalzos, aunque todavía estemos en invierno.

De paseo con huskies

Tienen aspecto de peluche abrazable y están tan acostumbrados a las bajas temperaturas que duermen al aire libre a 20 grados bajo cero. Conducir un trineo empujado por seis perros es toda una aventura porque, a diferencia de lo que uno pueda pensar en un primer momento, el conductor no les transmite ninguna orden sino que se encarga de regular la dirección con el balanceo de su cuerpo y la velocidad con un freno situado a los pies del vehículo.

Una de las actividades que podemos hacer para relajarnos. (C.Castellón)
Una de las actividades que podemos hacer para relajarnos. (C.Castellón)

No se detienen ante nada (y son capaces de adelantar al trineo que tienen delante si es necesario) y cuando están en reposo son ruidosos como lo que son, una jauría de perros más cercanos al lobo que a la mascota que nos acompaña en el sofá de casa bajo la manta. Pero su sentido de la orientación es soberbio, según nos cuenta uno de los monitores que nos acompaña durante una ruta con estos animales. Lo hace, eso sí, bajo el resguardo de una enorme tienda situada en lo alto de una colina, donde hemos parado unos minutos mientras nos tomamos un zumo de frambuesas debidamente calentado al fuego, porque no hay que dejar que el cuerpo se enfríe en ningún momento.

De vuelta al hotel, con un tute considerable después de haber dormido pocas horas, haber cambiado de país (y de zona horaria) y de una ruta en trineo, nos espera el plato fuerte: las auroras boreales. Vaya por delante que contemplar este fenómeno no está garantizado, ya que deben darse varios factores, principalmente dos: que el cielo esté despejado y que haya la suficiente radiación solar como para que las 'luces del norte' aparezcan ante nosotros. Puedes pasarte dos semanas y no cazar una o hacerlo en tu única noche de visita. Adivina cuál fue nuestro caso.

Uno de los paisajes increíbles con los que podrás disfrutar en tu viaje. (C.Castellón)
Uno de los paisajes increíbles con los que podrás disfrutar en tu viaje. (C.Castellón)

Tras unos fríos minutos de espera sobre un lago helado, las auroras aparecen. Primero tímidas, más tarde majestuosas. Para los ojos que ya las han contemplado, es como reencontrarse con un viejo amigo. Para los neófitos, es una experiencia sobrecogedora. En general, es un momento de estruendo y excitación colectiva como lo demuestra el hecho de que haya tanto jaleo en un rincón perdido del círculo polar como el que nos podríamos encontrar en plena calle Preciados.

Exaustos, fríos, pero con una sonrisa de oreja a oreja, hemos cumplido con todos y cada uno de los objetivos del viaje. Dos días de escapada, dos países, visitas a rincones inhóspitos (a la par que sobrecogedores por bellos) y experiencias locales en forma de paseos con huskies y de auroras boreales. ¿Se le puede pedir más a una escapada al fin del mundo?

Ocio
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