Cristóbal Tapia de Veer, autor de la BSO de 'The White Lotus': “Que la música se haga más popular que la serie puede traerte problemas de celos”
Recorremos, junto al compositor chileno-canadiense Cristóbal Tapia de Veer, los hitos de su vida y su carrera: de Pinochet al exilio, del conservatorio a la televisión de culto, cabecera viral, maravillosa e incómoda, incluida. Un lujo
Cristóbal Tapia de Veer, chileno descendiente de españoles y compositor genial. (Pierre Barlier)
La cabecera de ‘The White Lotus’ —ese temazo que en 2022 se hizo brutalmente viral gracias a TikTok— es un experimento de ansiedad tropical que ha ido evolucionando temporada a temporada sin perder su poderoso ADN. En la T1 mezcla humedad hawaiana con charango, percusión artesanal, flautas disonantes y jadeos animales sobre un compás 4/4 como antesala del asesinatoen un resort de lujo que narra la serie. En la T2, la misma melodía se disfraza de himno de club: arpa y bel canto siciliano se trocean, se afinan digitalmente y acaban en un drop EDM —léase explosión de electronic dance music— casi balcánico. En la T3, gongs y cuerdas tailandesas oscurecen el motivo, que suena a rito ancestral, selva oscura y espiritualidad absoluta para generar una atmósfera peligrosa, sexy y absurda. En la T4… En la T4 de ‘The White Lotus’ no habrá música de Cristóbal Tapia de Veer, nuestro encantador, brillante y barbudo protagonista. Ahora sabremos por qué.
De raíces españolas —y rastro perdido—, Cristóbal Tapia de Veer (Santiago de Chile, 1973), Cristo para los amigos, atesora un Royal Television Society por la música original de la serie ‘Utopía’ (2013), un Bafta por ‘National Treasure’ (2017) y cuatro premios Emmy por ‘The White Lotus’: dos por la T1, otro por la T2 y otro más por la T3 (único para la serie, pese a estar nominada en 23 categorías). ¡Maravilla! Si bien, en verdad, nunca nos hicieron falta estos refrendos para amar la sensibilidad genial de Cristo a la hora de componer, interpretar, arreglar y producir sus pequeñas (por minutaje) obras de arte.
Tras semanas de fatigas buscando su luz dimos con un ángel de la guarda llamado Kim Neundorf, experta en licencias musicales y representante de artistas, digamos, alternativos, como Tapia de Veer. Kim nos llevó hasta él abriéndonos la puerta de par en par. Videollamada Madrid-Montreal. Cinco de la tarde aquí, once de la mañana allí.
Cristóbal Tapia de Veer con dos de sus cuatro premios Emmy. (Mark von Holden)
PREGUNTA. La música es parte de ti, y tú eres parte de la música. ¿Cuándo y cómo se manifestó este don por primera vez?
RESPUESTA. No tengo un recuerdo concreto, porque siempre hubo música en la casa. Sonaban vinilos de Ennio Morricone, música latinoamericana, Carole King… cualquier cosa. A mí siempre me interesó el lado percusivo: empecé pegándole a cosas, haciendo ritmos en cualquier superficie y rascando una guitarra española que había por ahí. En Chile siempre hay una guitarra española en alguna parte de la casa. La música no apareció de golpe, simplemente estuvo ahí desde el principio.
P. Naces al mes del golpe de Estado de Pinochet, tu familia se exilia en París y años después vuelves a Santiago con tu madre. ¿Hasta qué punto te marcó todo eso, aunque fueras tan pequeño?
R. De París recuerdo muy poco, algunas imágenes sueltas. Estuve un par de años nada más y era muy chico, así que no sé exactamente de qué manera me influyó, pero todo eso es parte de la formación, claro. Donde sí tengo más conciencia es en Chile. Haber nacido en una dictadura y crecer ahí hasta los 15 años era un mundo particular, inquietante. Yo creo que eso influyó en mi música mucho más de lo que aprendí después en el conservatorio. Los estudios influyen poco en el sonido personal. En cambio, ese ambiente de dictadura, mezclado con una visión un poco humorística de cosas aterradoras, sí deja huella. En Chile funciona mucho el humor negro, y eso te ayuda a superar situaciones complicadas. Todo eso, ese mundo inquietante y ese humor, está en mi música.
“La atmósfera inquietante de la Dictadura de Pinochet y el humor negro chileno forman parte de mi música”
P. ¿Qué tipo de niño eras? ¿Con qué soñabas?
R. Siempre me interesó la música popular. En Chile, en los años 80, era la época del rock latino, que empezaba a hacerse muy fuerte. Y yo era muy fan de Michael Jackson; tendría unos 11 años o así. Bebía de varios mundos: por un lado todo lo que sonaba en casa, por otro el rock latino, por otro Michael Jackson… Siempre estuve muy pendiente de la música. No recuerdo grandes planes de “quiero ser tal cosa”, pero sí ese interés constante por todo lo que sonaba.
P. Después llegas a Canadá y terminas en el Conservatorio de Música de Quebec. ¿Fue una decisión tuya o más bien de tu madre?
R. Fue una decisión conversada. El conservatorio me garantizaba una buena educación y, en ese momento, con los recursos que teníamos, era lo mejor que se podía hacer. Cuando llegué a Canadá tenía 15 años y el conservatorio, por gubernamental, era gratis. Para entrar había que pasar un examen de aptitud y nada más. Así que, aunque yo no quería necesariamente volverme un músico clásico puro, era la mejor opción posible. Fue una decisión que tomamos juntos.
Cristóbal Tapia de Veer, un espíritu indomable. (Free Run Artists)
P. ¿Y cómo llevaste la disciplina que conlleva todo conservatorio?
R. La asumí. Creo que es muy importante para cualquier músico entender la disciplina, pero luego me liberaba con los grupos que tenía fuera del conservatorio: tocaba rock, jazz, cualquier cosa. Necesitaba hacer otra cosa que no fuera solo música clásica, necesitaba tocar la batería. El conservatorio tenía sus síes y sus noes. Había cosas muy interesantes, pero pasar ocho o diez horas al día practicando puede ser duro. En verdad, nunca me tomé al pie de la letra los ensayos, no iban conmigo. Aun así, estoy contento de haberme matriculado y, sobre todo, de haber terminado. Para mí es importante terminar las cosas que se empiezan.
P. Con 28 años formas One Ton, un grupo de pop electrónico, y tenéis un hitazo en Canadá, “Supersexworld”. ¿Soñabas con ser una pop star?
R. Con One Ton estuvimos varios años tocando antes de sacar un disco. Confieso que lo que teníamos en la cabeza era hacer hits, ser conocidos y formar parte del mundo del pop, claramente. (Risas). Pero incluso ahí, cuando estábamos en el estudio, siempre había un lado experimental. Queríamos probar cosas nuevas, hacer algo diferente más allá del pop. En 'Supersexworld' ya se ve un poco eso: guitarras españolas, sintetizadores, voces tratadas… un mundo de híbridos. Ahí ya se estaba definiendo una parte fuerte de mi personalidad musical.
“Nunca me tomé al pie de la letra los ensayos, no iban conmigo. Aun así, estoy contento de haberme matriculado y, sobre todo, de haber terminado el conservatorio”
P. Tu sello es único y muy reconocible: híbridos extremos, electrónica, orquesta, voces procesadas, ruidos animales, respiraciones y atmósferas inquietantes en las que, desde el desasosiego, siempre emerge algo bello, casi espiritual. ¿Aceptas ese 'desasosiego' como parte de tu naturaleza musical?
R. Me lo han dicho varias veces a lo largo de los años, lo del lado inquietante. Son cosas que vienen de tan lejos que es difícil señalar un momento concreto y decir “es por esto”. Yo creo que el estilo de un músico se construye en cosas que a veces vienen de cuando uno es tan pequeño que ni siquiera las recuerda. Para mí pesa mucho más el mundo en el que crecí que lo que aprendí en las aulas. Como te comentaba, ese mundo inquietante de la dictadura, mezclado con el humor negro chileno, influye más que cualquier clase de armonía. El desasosiego está ahí y me gusta jugar con él.
P. Musicalmente hablando, ¿cómo funciona tu cabeza? Cuando te llega un proyecto, ¿lees una historia y oyes su música al instante, en plan romántico, o es más un trabajo de estudio, de prueba y error?
R. Cambia muchísimo de un proyecto a otro. A veces es solo una conversación con el director, nada más. Otras veces hay un guion. Otras, el proyecto llega cuando ya terminaron de filmar. Es interesante cuando solo tienes una idea, una charla, y empiezas a hacer música en función de eso. Pero ahí hay mucha teoría de lo que supuestamente va a funcionar con la historia, y luego, cuando llegan las imágenes, te das cuenta de que muchas cosas no encajan. A veces es mejor tirarlo todo y empezar de cero, improvisar sobre las imágenes y buscar lo que realmente encaja. No tengo un sistema fijo: cambia según el proyecto.
Cristo en 2017 con su Bafta por ‘National Treasure’. (Cortesía)
P. Tu carrera como compositor de bandas sonoras para televisión despega con series inglesas, como 'Utopía', 'National Treasure' o 'Black Mirror'… ¿Cómo encajaste en el ecosistema audiovisual británico?
R. Llegué a Londres por Dennis Kelly, el creador de 'Utopia'. El año anterior habíamos hecho juntos un show para la BBC, fue la primera vez que probamos algo juntos. Como salió bien, un año más tarde me propuso instalarme en Londres unos seis meses para hacer 'Utopía'. Después pasó algo muy particular: 'Utopía' se convirtió en una serie de culto, la gente hablaba mucho de la música, y las productoras empezaron a llamarme. Fue puro boca a boca. A mí me encantaba trabajar allí.
Estados Unidos fue una continuación de eso: en Hollywood la gente también hablaba de 'Utopía'. A todos los niveles –dirección, arte, fotografía y música– la serie era un referente, así que, cuando pasa algo así, quieren a los que participaron en ese proyecto.
P. Eres el tipo perfecto al que llamas si quieres que la música sea un personaje más. ¿Eso te ha generado celos en algún proyecto?
R. La única vez que se ha hablado de celos es en 'The White Lotus'. En una producción es normal que haya tensiones, sobre todo cuando haces algo diferente. Aunque te hayan llamado precisamente para que seas diferente, luego les da miedo. Repetir fórmulas de éxito es fácil, empezar realmente de cero no. Al final te impones, arriegas, sale bien y todo el mundo está encantado.
Lo que nunca me había pasado es que la música se volviera más popular que la propia serie, y eso sí puede generar celos. Por lo que me han contado algunas personas, quizá, quién sabe, puede que Mike (White, el brillante creador de 'The White Lotus') esté algo celoso por el impacto de mi música.
Cabecera de 'The White Lotus' T3, versión sin cortes. 2'43'' de éxtasis.
P. ¿De verdad tanto como para afectar al trabajo?
R. Por lo que sé, la música llamaba demasiado la atención. Y en la tercera temporada empezó a haber una sensación de que la música tenía que apagarse, que ya era demasiado. Todo eso fue degenerando la situación.
P. Ergo...
R. No estaré en la cuarta temporada.
P. Cambiando de tema: tu apellido, Tapia, es muy español. ¿Tienes alguna raíz por aquí?
R. Sí, Tapia es español. No sé de dónde exactamente, nunca he hecho un árbol genealógico y voy a tener que mirarlo algún día, porque hay varias versiones. A veces se escribe Tàpies, creo que más en Cataluña, qué sé yo. Hay variantes, pero por supuesto que es muy español. En Chile pasa mucho con la comida, por ejemplo: yo crecí pensando que ciertas cosas eran muy chilenas y en realidad vienen de España: empanadas, tortillas de patata, arroz con leche... Así que sí, la raíz está ahí, aunque estoy un poco desconectado de la familia.
P. ¿En qué proyectos estás ahora que te hagan especial ilusión, que te tengan especialmente contento?
R. Estoy feliz de haber podido trabajar con Spike Jonze en 'The Tiger', un cortometraje inspirado en una familia tipo Gucci. No es la familia real, es una invención, pero están Demi Moore, Edward Norton, Ed Harris y un montón de gente interesante más. Spike me marcó mucho desde los 90, con 'Cómo ser John Malkovich' y todo eso, así que me encantó poder trabajar con él.
También acabo de hacer una película con un argentino, Pablo Trapero. Todavía no ha salido, está en festivales. Se llama '& Sons' (y los hijos); no sé cómo la van a traducir, pero saldrá el año próximo. Soy muy fan de Trapero, me parece un director excelente.
Ahora estoy trabajando en 'Psyche', una película de una directora argentina, Agustina San Martín, pero es una película inglesa, con actores ingleses. Sale Isabela Merced y se estrenará también en 2026; estamos como en la mitad de la producción.
Y hay un proyecto que es probablemente mi favorito ahora mismo: un largo sobre la relación de los inuit con los osos polares en el norte de Canadá. Va a ir a Sundance. Me encanta porque soy muy fan de los animales y las imágenes son realmente espectaculares. Así que sí, muchas cosas al mismo tiempo y todas muy buenas.
La cabecera de ‘The White Lotus’ —ese temazo que en 2022 se hizo brutalmente viral gracias a TikTok— es un experimento de ansiedad tropical que ha ido evolucionando temporada a temporada sin perder su poderoso ADN. En la T1 mezcla humedad hawaiana con charango, percusión artesanal, flautas disonantes y jadeos animales sobre un compás 4/4 como antesala del asesinatoen un resort de lujo que narra la serie. En la T2, la misma melodía se disfraza de himno de club: arpa y bel canto siciliano se trocean, se afinan digitalmente y acaban en un drop EDM —léase explosión de electronic dance music— casi balcánico. En la T3, gongs y cuerdas tailandesas oscurecen el motivo, que suena a rito ancestral, selva oscura y espiritualidad absoluta para generar una atmósfera peligrosa, sexy y absurda. En la T4… En la T4 de ‘The White Lotus’ no habrá música de Cristóbal Tapia de Veer, nuestro encantador, brillante y barbudo protagonista. Ahora sabremos por qué.