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Carlos Bosch, artífice del éxito de los restaurantes Manero: “En casa hay una máxima: ‘Papá nunca se rinde’”
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Carlos Bosch, artífice del éxito de los restaurantes Manero: “En casa hay una máxima: ‘Papá nunca se rinde’”

Habla sin cortapisas de sus orígenes humildes, de cómo transformó necesidades en soluciones. Trabajador incansable, ha superado caídas y deudas sin pisar a nadie y, sobre todo, ha aprendido a no rendirse jamás. El éxito le adora

Foto: Carlos Bosch ha demostrado que la sofisticación gastronómica se puede sintetizar en una fórmula magistral. (Cortesía)
Carlos Bosch ha demostrado que la sofisticación gastronómica se puede sintetizar en una fórmula magistral. (Cortesía)

Carlos Bosch (Aspe, Alicante, 1967) es de esas pocas personas que impresionan profundamente nada más conocerlas. Será su aplomo, será su fascinante capacidad analítica, será su historia de esfuerzo y superación o será su exquisita educación, pero la evidencia forense es que impacta, tanto que al final de la conversación a uno le apetece abrazarle fuerte para contagiarse un poco de su energía constructiva. De hecho, lo hicimos.

Bosch no es un hostelero al uso; es un empresario que se ha especializado en construir experiencias elevadas al que le va muy bien. Podríamos decir que, al igual que Sandro Silva y Marta Seco —artífices del Grupo Paraguas y de Club Metrópolis, el hit del momento—, nuestro protagonista también ha encontrado —no sin trabajárselo— la fórmula del éxito en el mundo del ocio y la restauración. Su fórmula.

Sus restaurantes Manero —dos en Alicante, dos en Madrid y un quinto en camino en Marbella, en el Hotel Don Carlos— ofrecen tapeo de alto nivel, bistró, coctelería y una elegante puesta en escena, genuina y reconocible. El quid de esta cuestión conjura lujo accesible, producto premium y escenarios perfectos para socializar a placer.

placeholder Carlos Bosch, artífice del éxito sin fronteras de Manero. (Cortesía)
Carlos Bosch, artífice del éxito sin fronteras de Manero. (Cortesía)

Bajo el arco de Grupo Gastro Portal, Bosch ha creado un ecosistema donde la gastronomía convive con el mejor interiorismo y una eficiencia operativa casi científica. Su éxito no es fruto del azar, sino de una trayectoria —que empieza, literalmente, de cero— forjada en las áreas de la distribución —empezó moviendo palés— y el marketing; su amor por la gastronomía hizo el resto. Por todo ello, hoy posee una envidiable y prescriptora visión global del arte de vivir con acento español.

Desde la apertura de El Portal en 2009, su primer restaurante en Alicante, hasta la expansión de sus Manero —España no es la última frontera—, Bosch ha demostrado con creces que la sofisticación se puede sintetizar en una fórmula magistral.

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Nacido en una familia humilde, el pequeño Carlos siempre manifestó una inquietud y una curiosidad voraces. Desde los 15 años, cuando arbitraba partidos de baloncesto para costearse sus propios gastos, Bosch entendió que el camino hacia la relevancia solo se recorre cuando hay mucha determinación. Su ascenso fue meteórico: empezó como carretillero en Pryca a los 18 años y, gracias a su dominio de los procesos, a los 21 ya era jefe nacional de logística (vinieron consultores belgas para formarle, tales eran sus capacidades). A los 27 fue el director más joven del sector en España, liderando todas las aperturas estratégicas de estos grandes supermercados. Y entonces saltó el Atlántico y se plantó en Chile.

En Chile trabajó para la poderosa familia Ibáñez, dueños de la cadena D&S (Distribución y Servicio, hoy integrada en el gigante estadounidense Walmart), liderando la modernización del retail y profesionalizando la gestión de productos frescos en el país. Fue una etapa de una intensidad brutal, trabajaba 20 horas diarias, e incluso llegó a conocer al dictador Augusto Pinochet, quien le agradeció su labor como motor de modernización para Chile.

Tras regresar a España, cursar un MBA en el Instituto de Empresa y fundar su propia agencia de marketing, Vuelta y Media, Carlos Bosch decidió volcar todo su bagaje en su verdadera pasión: la restauración.

placeholder Manero, en el 14 de la calle Marqués de Cubas, Madrid. (Cortesía)
Manero, en el 14 de la calle Marqués de Cubas, Madrid. (Cortesía)

PREGUNTA. Siempre hablas de la perseverancia como motor de tu vida. ¿Era el éxito el objetivo final?

RESPUESTA. El éxito es hacer aquello que te hace feliz. No lo mido por el dinero ni por la popularidad, sino por la capacidad de ser libre, de vivir a mi manera. El dinero es solo una herramienta, pero nunca he pasado por encima de nadie ni he dejado a nadie en la cuneta. A mis hijos siempre les digo que “papá nunca se rinde; la perseverancia y la ilusión son fundamentales para mí. Yo vengo de una familia humilde, empecé desde lo más bajo reponiendo estanterías y ese aprendizaje de los procesos es lo que me ha permitido llegar donde estoy.

“A mis hijos siempre les digo que ‘papá nunca se rinde’; la perseverancia y la ilusión son fundamentales para mí”

P. Los restaurantes Manero y El Portal son hoy referentes de éxito, pero poca gente sabe que el inicio de todo fue un momento de quiebra técnica absoluta en 2008.

R. Así es. Antes de El Portal, gestionaba una franquicia llamada Entre Tapas y Vinos que fue un desastre financiero. Mi socio se marchó y me quedé solo con una deuda de más de 2 millones de euros. Fue un momento crítico, pero mi padre me enseñó a ser responsable. No quise ir a concurso de acreedores; tiré de mis ahorros e hipotequé mi casa para pagar a cada proveedor.

De esas cenizas y por puro instinto de supervivencia nació El Portal en 2009. Fue —sigue siendo— un proyecto pionero al introducir un concepto gastronómico lifestyle, mezclando cocina, coctelería, música e interiorismo. Tardamos tres años en ser comprendidos, pero hoy es un emblema de Alicante si hablamos de ocio.

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P. Tras El Portal llega Manero, un concepto que parece haber dado con una “fórmula mágica” de rentabilidad y estilo. ¿Cómo se diseña un modelo así?

R. Manero es la sofisticación del bar de tapas de siempre. Para crearlo, apliqué toda mi experiencia previa en marketing y distribución. Buscaba un modelo escalable que no dependiera de la figura de un chef estrella. Descubrí en Miami unos hornos tecnológicos —los Merrychef— que permiten cocinar platos tradicionales, como los canelones o las lentejas de la abuela, en tres minutos, sin humos y manteniendo una calidad perfecta. Creé lo que yo llamo la regla del 3-3-3: tres ingredientes máximo, tres procesos de trabajo y tres minutos de servicio. Eficiencia industrial envuelta en elegancia.

“Creé lo que yo llamo la regla del 3-3-3: tres ingredientes máximo, tres procesos de trabajo y tres minutos de servicio. Eficiencia industrial envuelta en elegancia”

P. ¿De dónde surge el nombre de Manero? ¿Quizá del Tony Manero de 'Grease'?

R. Manero nace por una cuestión de ubicación, pero sobre todo por una estrategia de marca. El primer local está en la calle Manero Mollá, en Alicante, dedicada a un médico muy querido. Buscaba un nombre que tuviera mucho 'punch'. Quería algo con atributos de valor, que fuera fácil de pronunciar en cualquier idioma y que fuera registrable a nivel mundial, porque mi visión para Manero siempre ha sido internacional. Y sí, me divertía esa conexión inconsciente con Tony Manero; le da un ritmo que encaja perfectamente con ese estilo sofisticado y algo canalla que buscamos.

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P. El interiorismo de tus locales es muy teatral, pura escenografía. ¿Cómo se logra ese equilibrio entre lo sofisticado y lo acogedor?

R. En mis proyectos, el interiorismo tiene un peso esencial y cuento con la colaboración estrecha de mi pareja, Raquel Giménez. Antes de la hostelería, montamos juntos una marca de moda llamada Skulls, que se vendía muy bien en tiendas multimarca de prestigio. Esa sensibilidad estética la trasladamos a los restaurantes junto a la colaboración de Lázaro Rosa-Violán.

Por ejemplo, en Manero Marqués de Cubas, en Madrid, creamos una narrativa en la que atraviesas distintos “mundos”: entras por una barra, pasas por un bistró, un caviar bar y terminas en un rincón clandestino con karaoke. Siempre con el máximo cuidado por el detalle como eje.

“Quiero internacionalizar la marca España desde el lujo, no desde el folclore”

P. Hay detalles que parecen bromas, pero que son estrategias de marketing puras, como lo que ocurre en los baños de tus locales.

R. Queríamos que la gente hablara de nosotros sin gastar en publicidad tradicional. En el primer Manero instalamos un fotomatón antiguo en el baño para que la gente se llevara un recuerdo físico con nuestra marca. Además, en lugar de música ambiental, pusimos audios con chistes de Chiquito de la Calzada. El resultado fue inmediato: todo el mundo salía del baño riendo y contándolo. Esas pequeñas cosas crean una conexión humana que el lujo frío y estricto no consigue.

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P. Además de los restaurantes, en el 'Universo Manero' también encontramos vinos, turrones, pastas artesanales, aceites de oliva, conservas de lujo, merchandising lifestyle… ¿Cómo es posible todo esto?

R. Actúo como un 'negociant' francés. No tengo viñedos, pero selecciono las mejores uvas con viticultores de prestigio para embotellar mi propia visión del vino bajo la marca Manero. Ya tenemos 50 referencias propias. Hacemos lo mismo con el turrón artesano de Jijona, recuperando procesos tradicionales que acaparan tres días en lugar de una hora, o con aceites de oliva exclusivos. Quiero internacionalizar la marca España desde el lujo, no desde el folclore.

“El dinero para mí es solo un medio que me permite ser libre y vivir a mi manera”

P. ¿Qué le depara el futuro a tus empresas?

R. Vamos a seguir evolucionando. Este 2026 nace Manero Marbella en el Hotel Don Carlos. Mi meta es llevar la tapa española de calidad a las grandes capitales del mundo, empezando por Lisboa y París. A mis casi 60 años, busco socios que aporten valor para que Manero perdure y se convierta en la gran marca de hostelería española internacional. Mi sueño es crear algo bello que esté por encima del dinero.

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“A mis hijos siempre les recalco que nunca hay que pasar por encima de nadie ni dejar a nadie en la cuneta”

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P. En este mundo de hoy, tan loco, tan hiperacelerado, ¿cómo educas a tus dos hijos, teniendo en cuenta que tú te criaste con lo esencial y ellos lo tienen todo?

R. A menudo les digo con total honestidad: “Mirad, este restaurante tan estupendo en el que estamos comiendo hoy, no es porque sí, no os lo habéis ganado. Si estamos aquí es por mi trabajo, por mi esfuerzo. Vosotros tenéis que luchar por lo vuestro”. No quiero que sean los simples herederos de un nombre, sino personas con curiosidad, iniciativa y capacidad para crear algo mejor.

Como he dicho antes, el dinero para mí es solo el medio que me permite ser libre y vivir a mi manera. A mis hijos siempre les recalco que nunca hay que pasar por encima de nadie ni dejar a nadie en la cuneta. Mi orgullo es que sepan que todo lo que ven se ha conseguido sin pisar a nadie, trabajando 20 horas al día si hacía falta. Esa es la herencia que quiero dejarles: honestidad y entrega.

Carlos Bosch (Aspe, Alicante, 1967) es de esas pocas personas que impresionan profundamente nada más conocerlas. Será su aplomo, será su fascinante capacidad analítica, será su historia de esfuerzo y superación o será su exquisita educación, pero la evidencia forense es que impacta, tanto que al final de la conversación a uno le apetece abrazarle fuerte para contagiarse un poco de su energía constructiva. De hecho, lo hicimos.

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