Hay pueblos que parecen diseñados para perderse un rato y otros que, directamente, parecen sacados de un cuento. Mogarraz, en la provincia de Salamanca, pertenece a esa segunda categoría. Situado en la Sierra de Francia, este pequeño municipio sorprende por su arquitectura tradicional, sus calles estrechas y un detalle que lo ha hecho único: las caras que observan desde las fachadas de las casas.
Caminar por Mogarraz es una experiencia curiosa desde el primer momento. A medida que se recorren sus calles empedradas aparecen centenares de retratos colgados en las viviendas, una especie de museo al aire libre que convierte al visitante en parte de una historia colectiva. Hoy se pueden ver más de 800 rostros repartidos por todo el pueblo, cada uno colocado en la casa donde vivió esa persona o su familia.
La historia detrás de estas imágenes tiene algo de memoria y algo de arte. Todo se remonta a 1967, cuando un fotógrafo local realizó retratos a los vecinos para un censo necesario para sus documentos de identidad. Décadas después, esas fotografías sirvieron de base para crear los retratos que hoy decoran las fachadas, convirtiendo el pueblo en una galería que recuerda a quienes lo habitaron.
Ese detalle singular se suma al encanto del propio pueblo. Mogarraz conserva un trazado urbano de origen medieval, con calles irregulares, balcones de madera y casas de entramado serrano que combinan piedra y madera, una arquitectura muy característica de la comarca. El conjunto está protegido como Bien de Interés Cultural y forma parte de la lista de Los Pueblos Más Bonitos de España, una distinción que reconoce precisamente ese valor patrimonial y estético.
Los balconcitos y sus calles recuerdan a cuentos de Disney (CC)
También hay pequeños detalles que hablan de su pasado. La Plaza Mayor tiene forma ovalada, algo poco habitual, porque antiguamente se utilizaba para celebrar festejos taurinos. A pocos pasos aparece la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, cuyo campanario sobresale entre los tejados rojizos del casco histórico, mientras que en las calles cercanas todavía pueden verse símbolos grabados en la piedra de algunas viviendas.
El entorno natural termina de completar la experiencia. Mogarraz se encuentra dentro del parque natural de Las Batuecas-Sierra de Francia, un espacio protegido conocido por su biodiversidad y sus paisajes de montaña. Desde el pueblo parten rutas como el llamado Camino del Agua, un recorrido circular que atraviesa bosques, arroyos y miradores con vistas al valle.
Quizá por todo ello Mogarraz tiene algo especial. No solo por sus casas de madera y piedra o por sus calles silenciosas, sino por esa sensación extraña de caminar por un lugar donde las paredes guardan memoria. Cada retrato recuerda a alguien que vivió allí, y cada esquina parece contar una pequeña historia del pueblo. Un rincón de Salamanca que, sin artificios, parece sacado de un cuento.
Hay pueblos que parecen diseñados para perderse un rato y otros que, directamente, parecen sacados de un cuento. Mogarraz, en la provincia de Salamanca, pertenece a esa segunda categoría. Situado en la Sierra de Francia, este pequeño municipio sorprende por su arquitectura tradicional, sus calles estrechas y un detalle que lo ha hecho único: las caras que observan desde las fachadas de las casas.