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Luis Infantes, el diseñador que conquista a novias vanguardistas: "Mis vestidos elevan la moda a arte"
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ENTREVISTA

Luis Infantes, el diseñador que conquista a novias vanguardistas: "Mis vestidos elevan la moda a arte"

A punto de desfilar en el Museo Balenciaga el próximo 7 de mayo, Vanitatis ha hablado con el creador sevillano que está cambiando la estética nupcial a base de arquitectura y vanguardismo

Foto: Un vestido de novia de Luis Infantes. (Cortesía)
Un vestido de novia de Luis Infantes. (Cortesía)

En un momento en el que la moda nupcial oscila entre la inmediatez de las tendencias virales y el retorno a lo esencial, hay diseñadores que prefieren situarse en un lugar incómodo: el de la exigencia absoluta. Lejos del ruido, del 'más es más' impostado o del vestido pensado para gustar en redes, el universo de Luis Infantes se construye desde una idea casi obsesiva: la perfección entendida como proceso, no como meta.

En su atelier, cada vestido es una conversación íntima. No hay prisas, no hay fórmulas replicables. Hay, en cambio, una defensa férrea de lo artesanal, de lo lento, de una moda que, como él mismo define, roza lo religioso. Quizá por eso sus novias no buscan solo un diseño, sino una experiencia que las obligue a mirarse hacia dentro.

placeholder Un vestido de novia de Luis Infantes. (Cortesía)
Un vestido de novia de Luis Infantes. (Cortesía)

"La excelencia", responde sin titubeos cuando se le pregunta por su filosofía de trabajo. Pero enseguida matiza: no se trata de una excelencia estática, sino de una búsqueda constante. "Trabajamos con una meta por superarnos, por hacer que lo perfecto sea sublime y lo sublime aún más inalcanzable". En esa tensión entre lo posible y lo ideal se mueve una firma que ha hecho del silencio su mayor lujo: "Volver a lo tradicional, a lo artesanal y a una ética de trabajo más humana y lenta".

Ese mismo planteamiento se traduce en vestidos que rehúyen lo evidente. Las creaciones que salen de su taller no son, al menos en su discurso, simples piezas de ropa. "No hablamos de vestidos, sino de historias que contar", explica. Su estética, reconocible pero difícil de imitar, combina líneas arquitectónicas con una feminidad depurada, casi intelectual. "Todas hablan el mismo lenguaje, pero ninguna es igual", resume, en una frase que encapsula bien su ADN.

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placeholder Infantes trabajando en su taller. (Cortesía)
Infantes trabajando en su taller. (Cortesía)

No es casualidad que muchas de sus clientas lleguen con más dudas que certezas. En un ecosistema saturado de referencias, Infantes detecta una inseguridad creciente: "Muchas chicas no saben lo que buscan porque no saben quiénes son". Las redes sociales, opina, han amplificado ese ruido externo que dicta cómo debería ser una novia. Frente a eso, su propuesta es casi terapéutica: "Deberían dejarse llevar por su propia personalidad y no por contentar al resto".

La novia Luis Infantes, insiste, es precisamente la que rompe con esa dinámica. "Es aquella que sabe quién es, lo que quiere y lo que necesita". Mujeres con sensibilidad estética, con respeto por la costura y con una clara inclinación hacia lo artesanal. "Huyen de la imposición", dice, como si en esa huida estuviera la clave de todo.

Curiosamente, su llegada al mundo nupcial no fue vocacional. "Fue por casualidad", reconoce. Sus primeros pasos estuvieron más ligados a la moda de fiesta, hasta que descubrió en la novia un territorio emocional mucho más fértil. "Vivo mi trabajo de forma muy pasional y esto me aportaba la emoción para disfrutarlo constantemente". Ese vínculo íntimo con el proceso creativo se intensificó en 2020, cuando decidió emprender su propio camino: "Tenía mucho que contar".

Ese mucho se materializa en colecciones que nacen de impulsos casi obsesivos. La última, Áurea 2027, surge tras descubrir la obra de Hilma af Klint. "Me quedé tan absorto en su concepto espiritual que me llevó a obsesionarme con la proporción áurea". El resultado, admite, ha sido su colección más compleja hasta la fecha, tanto a nivel conceptual como técnico.

Esa autoexigencia explica también su respuesta cuando se le pregunta por su diseño más especial. "Siempre está por llegar", dice entre risas, aludiendo a ese síndrome del impostor que, lejos de paralizarle, parece empujarle a ir un paso más allá en cada colección. "La magia de este oficio es saber que siempre queda lo mejor por crear".

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placeholder Las piezas nupciales creadas por el diseñador. (Cortesía)
Las piezas nupciales creadas por el diseñador. (Cortesía)

En paralelo, el diseñador observa con atención un sector en constante mutación. Las bodas, asegura, no desaparecen, "el amor es algo en lo que algunos seguimos creyendo", pero sí cambian de forma. Detecta una convivencia cada vez más natural entre celebraciones íntimas y otras más espectaculares, así como un regreso reciente al detalle y al exceso tras un periodo de contención.

En cuanto a tendencias, señala una transición clara: del romanticismo del drapeado, dominante en los últimos años, hacia una estética más limpia. "Siluetas más definidas y luminosas", anticipa para esta temporada en línea con ese minimalismo sofisticado que ya define su trabajo.

En su universo, además, no hay una frontera clara entre novia y alfombra roja. "Para nosotros es lo mismo: hacemos alta costura, en su mayoría blanca", explica. De ahí que muchas clientas continúen con la firma más allá de su boda, encontrando en ella una extensión natural de su identidad.

Esa coherencia se refleja también en los materiales, del crepé a la faille de seda o la organza, ahora en plena fase de exploración, y en un proceso de trabajo meticuloso que comienza siempre con una conversación directa con él. A partir de ahí, pruebas, ajustes y un acompañamiento constante que incluye incluso recomendaciones sobre el resto del look. "Lo pasamos bien, todo es relajado", dice, como si quisiera desmontar la idea de que la perfección está reñida con el disfrute.

Porque, al final, todo desemboca en un momento concreto: ver a una mujer caminar hacia el altar con uno de sus diseños. "Es algo extraordinario", confiesa. Pero no por el resultado en sí, sino por lo que implica: "Te das cuenta de que para ella no era solo un vestido, sino la excusa para hacer realmente feliz a alguien".

Quizá por eso, entre tendencias, colecciones y discursos, su consejo a las novias es sorprendentemente simple: "Que vivan el momento". Una frase que suena a tópico hasta que él la aterriza: "Todo pasa demasiado rápido". Y en ese tiempo fugaz, entre pruebas, decisiones y expectativas, es donde, según su manera de entender la moda, debería residir lo verdaderamente importante.

En un momento en el que la moda nupcial oscila entre la inmediatez de las tendencias virales y el retorno a lo esencial, hay diseñadores que prefieren situarse en un lugar incómodo: el de la exigencia absoluta. Lejos del ruido, del 'más es más' impostado o del vestido pensado para gustar en redes, el universo de Luis Infantes se construye desde una idea casi obsesiva: la perfección entendida como proceso, no como meta.

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