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TRISTE ADIÓS

Plácido Arango y los amigos americanos a los que descubrió el paraíso

El empresario nunca buscó la relevancia mediática. Estaba muy orgulloso de su hijo Paco, creador de la Fundación Aladina

Foto: Plácido Arango, en una imagen reciente. (EFE)
Plácido Arango, en una imagen reciente. (EFE)

Una de las últimas veces que acudió a un acto público fue en la Casa de América. Ese día, el que fuera embajador de Estados Unidos en España, James Costos, presentaba un libro de recuerdos de su etapa como representante de su país. Se llamaba 'El amigo americano' (Debate) y en él contaba sus experiencias vitales, su relación con los líderes políticos, con el mundo más frívolo y cómo había encontrado el paraíso en Mallorca. El diplomático y su marido, Michael Smith, repiten todos los años sus veranos en Ses Planes, la impresionante propiedad de la empresaria y criadora de caballos Marieta Salas. Michelle Obama fue una de las invitadas que disfrutaron de la isla en dos ocasiones y el protagonista literario lo relataba en 'El amigo americano'.

Entre el público que acudió esa tarde a la presentación se encontraban Plácido Arango y su novia, Cristina Iglesias, premio Nacional de Artes Plásticas, que definió al empresario como “el mejor compañero de vida”. La amistad entre los Costos (como se les conocía en Madrid) y el mecenas venía de tiempo atrás. Fue Arango quien colocó en el mapa lúdico de la pareja la isla cuando les recomendó que no había puestas de sol más bonitas que las de Mallorca. Las conocía muy bien y las vivió durante los 17 años que compartió su vida con Cristina Macaya. La pareja se movía por el mundo y viajaban por los lugares más elitistas, pero al final de esos recorridos buscaban la tranquilidad en Es Canya, la impresionante propiedad de la dama. Cuando los periodistas le preguntábamos por la elección de Mallorca como lugar prioritario cuando tenía a sus pies el planeta entero, Arango respondía: “Me da paz”.

Plácido Arango, recibiendo un reconocimiento de manos del rey Felipe VI. (EFE)
Plácido Arango, recibiendo un reconocimiento de manos del rey Felipe VI. (EFE)

Nunca llegaron a casarse. Macaya era viuda y él divorciado de Teresa García-Urtiaga, con la que tuvo a sus tres hijos, Pacho, Maite y Paco, que siempre mostraron un gran cariño por la novia de su padre. Tuvieron una separación amigable y la dama no necesitó pedir nada porque Arango, un hombre justo y generoso, compensó los muchos años de vida en común.

Anécdotas

En su caso, del amor pasó a una amistad profunda. Tanto es así que Arango era siempre uno de los invitados especiales en las fiestas y convocatorias de la que había sido su pareja. En una de ellas sucedió una anécdota que traspasó la intimidad de la velada. Cristina cedía su casa a los íntimos. Uno de esos 'préstamos' fue para la celebración de la boda de los amigos comunes de ambos, Ricardo Cisneros y Anabella Sisos. Arango, soltero y sin compromiso en ese momento, se convirtió en el 'soltero de oro' y él mismo lo comentaba con humor: “No sabía que a los 74 años iba a tener tanto éxito”.

Paco Arango, hijo de Plácido Arango y creador de la Fundación Aladina. (EFE)
Paco Arango, hijo de Plácido Arango y creador de la Fundación Aladina. (EFE)

La discreción formó parte de su ADN. Salvo los actos a los que acudía en su calidad de benefactor de instituciones privadas y públicas, nunca tuvo necesidad de mantener una imagen mediática que tenía asegurada por su condición de gran empresario, por ser una de las grandes fortunas que aparecen en la lista Forbes o por tener una lista de amistades poderosas en el mundo entero. En estos últimos años pasaba tiempo entre su casa del barrio de Los Jerónimos, en Madrid, y su finca de Aranjuez. Lo que no se perdía eran los estrenos que su hijo Paco Arango organizaba con el fin de recaudar fondos para la Fundación Aladina.

En una de esas apariciones en las que pasaba desapercibido, al comentar el gran trabajo que hacía Paco con los niños enfermos de cáncer y el apoyo a sus familiares contestó: “Es una gran persona, estoy muy orgulloso y nos ha transmitido lo importante que es devolver lo bueno que te da la vida”.

Plácido Arango podía hacer suyo el título de unas de las películas de su hijo, 'Lo que de verdad importa', al haber sido consecuente con su propia vida.

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