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la familia al completo, al banquillo

El accidente de Marta Ferrusola, en el peor momento del encierro de Jordi Pujol

Acusado de corrupción, el 'expresident' vive entre su casa de la zona alta y una oficina a la que llega en un viejo Seat. Ha amasado una fortuna, pero su vida es sencilla en extremo

Foto: Jordi Pujol y Marta Ferrusola, en el funeral de Joaquim Molins. (EFE)
Jordi Pujol y Marta Ferrusola, en el funeral de Joaquim Molins. (EFE)

Este sábado 1 de agosto hemos sabido que Marta Ferrusola, la esposa del 'expresident' de la Generalitat Jordi Pujol, ha sido ingresada en el Hospital de Vall d'Hebron de Barcelona al sufrir un accidente, según han informado fuentes de este centro hospitalario.

La mujer de Jordi Pujol habría sufrido un accidente en su domicilio de Queralbs (Ripollès, Girona) y ha tenido que ser trasladada en helicóptero hasta el hospital barcelonés, según ha publicado 'elMón'.

Por el momento, no se ha podido concretar el estado de salud de Ferrusola, de 85 años de edad, a la que están realizando diversas pruebas diagnósticas.

Este accidente no puede llegar en peor momento. Se trata de una desgracia familiar que suma tensión a la ya delicada situación judicial que vive el matrimonio.

“En política se puede hacer todo menos el ridículo”. La frase es de Josep Tarradellas, primer presidente de la Generalitat catalana en democracia, un símbolo que hoy en día planea sobre la imagen -acaso también sobre los pensamientos- de su sucesor, Jordi Pujol, otrora icono, apestado hoy en día. Él y su mujer, Marta Ferrusola, estaban viviendo hasta ahora en una suerte de encierro voluntario desde que los desmanes económicos de la familia al completo salieran a la luz. Pujol, solo rompía ese ‘exilio’ con sus salidas a su modesta oficina, registrada también por la policía, en una zona menos noble.

El pasado 17 de julio, Pujol volvió a estar de actualidad. Y de nuevo, por malas noticias que tuvieron que ver con la Audiencia Nacional. "La familia Pujol Ferrusola ha aprovechado su posición privilegiada de ascendencia en la vida política/social/económica catalana durante decenios para acumular un patrimonio desmedido, directamente relacionado con percepciones económicas derivadas de actividades corruptas".

Esas son algunas de las frases del auto con el que el juez José de la Mata puso fin a los ocho años de investigación en torno a la familia Pujol, que se sentará al completo en el banquillo. El titular del Juzgado Central de Instrucción nº 5 cree que la fase de instrucción ya puede finiquitarse y que hay indicios de delito para juzgar al clan Pujol por delitos de pertenencia a una organización criminal o asociación ilícita, blanqueo de capitales, fraude a la Hacienda Pública y falsedad documental.

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Marta Ferrusola, en 2018. (EFE)
Marta Ferrusola, en 2018. (EFE)

Lo cierto es que su reciente cumpleaños ya fue agridulce y a cada paso que avanza la investigación sobre el supuesto fraude del 'expresident', la ex primera dama y sus siete hijos, más oscuro pintaba el retrato familiar. El de un hombre que esperaba aparecer como un gran estadista en las páginas de Historia, a la que él es tan aficionado, y que posiblemente protagonice los delitos que le imputan. Por eso, por ese ridículo que pesa sobre su figura, el matrimonio apenas salía de casa. Son los funerales de amigos, artistas y dirigentes de su época de 'president' los que le han 'obligado' a salir.

Jordi Pujol, en el funeral de Montserrat Caballé. (EFE)
Jordi Pujol, en el funeral de Montserrat Caballé. (EFE)

Cuando el exmandatario catalán declaró que poseía una millonaria fortuna en el extranjero, empezó la ruta por el desierto de la poderosa familia. A partir de ese año, 2014, la puerta de su casa se convirtió en el punto de encuentro de sus detractores, que les recibían a cada salida con insultos, pitadas y pancartas. Los vecinos vivían con hartazgo la situación, y los Pujol dejaron de salir.

En un funeral

Su última imagen pública fue el pasado mes de septiembre en el funeral de Miquel Valls, expresidente de la Cámara de Comercio catalana, un señor de esos de toda la vida que siempre estuvo muy vinculado a Convergència, que es lo mismo que decir que estuvo vinculado a Jordi Pujol. El matrimonio, como siempre ha hecho, apareció con la austeridad como bandera de su look. Caminaban ambos con bastón de madera sin florituras, vestidos de otoño pese al calor, y ella lucía un collar de perlas como máxima expresión.

Registro policial en casa de la familia Pujol Ferrusola. (EFE)
Registro policial en casa de la familia Pujol Ferrusola. (EFE)

La casa en la que viven, la misma vivienda familiar en la que residían cuando él era presidente, es un piso de 123 metros cuadrados, sin carga alguna, en un edificio construido a finales de los 50. Allí se mudaron los Pujol-Ferrusola al casarse (1956) y allí han permanecido desde entonces. Sus hijos no estudiaron en ninguna escuela cercana, lo hicieron en una clásica escuela catalana del Eixample, donde en lugar de mezclarse con los hijos de la alta burguesía, lo hacían con los de la clase intelectual. Es un pequeño gesto que define al matrimonio.

Amigos del colegio

Todos los hermanos eran conocidos por ser disciplinados menos el mayor. “Cada vez que pasaba algo, todos los hermanos apuntaban a Jordi, y ahora sigue siendo igual”, dice una compañera de colegio de aquellos años que mantiene relación con alguno de los hijos del exlíder catalanista.

Marta Ferrusola sale de su casa rodeada de periodistas. (EFE)
Marta Ferrusola sale de su casa rodeada de periodistas. (EFE)

La rutina de Pujol es férrea, como siempre. Después del escándalo tuvo que abandonar su imponente despacho de Paseo de Gràcia, con una entrada noble y portero privado, para trasladarse a una pequeña oficina en la calle Calabria, a donde acude cada día, sea lunes o domingo. Es lo único que hace, de casa al despacho y viceversa, acompañado por un chófer al volante de un viejo Seat. Sin atribuciones siquiera ya en su partido, Pujol pasa el día entre lecturas y escritos. Siempre viste traje y corbata, y suele llevar un periódico o revista en la mano -lee inglés, francés y alemán-.

Vecinos hartos

Su mujer salía como mucho para hacer la compra y algunos vecinos que la han visto atestiguan a este medio que “hay quien todavía la insultaba por la calle, han sido muy soberbios y se han pensado que esto era su cortijo”, justifica una señora que vive enfrente.

Jordi Pujol, a las puertas de su casa. (EFE)
Jordi Pujol, a las puertas de su casa. (EFE)

Pero nada de eso amedrenta a dos personajes de fuerte carácter, que en el funeral de Valls mostraron, como siempre ha sucedido en los últimos años, su peor cara a la prensa. Mientras les fotografiaban, arrugaron el semblante y se fueron quejosos. Eso sí, a paso lento, el que les permitían sus bastones de madera. Porque los todopoderosos Pujol Ferrusola vivían encerrados para evitar insultos de una sociedad que les adulaba.

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