Caritina Goyanes nos habla de reinventarse, la muerte de su tío, los problemas de ansiedad y la fe
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ENTREVISTA

Caritina Goyanes nos habla de reinventarse, la muerte de su tío, los problemas de ansiedad y la fe

Ahora organiza menús para enviar a domicilios particulares y empresas. Ha montado una línea gourmet con productos hechos por Six Sens y otros seleccionados por toda España. Tuvo una etapa complicada pero ya la ha superado

Foto: Caritina Goyanes. (Cortesía)
Caritina Goyanes. (Cortesía)

Su nombre forma parte de la herencia familiar de las primogénitas en la familia Lapique. De Caritina pasó a ser Cari Goyanes. Estudió Derecho, hizo varios másteres, trabajó un tiempo en un importante despacho y lo dejó todo para montar su empresa de catering Six Sens.

De organizar eventos para más de 300 personas, la pandemia la ha obligado a reinventarse. Ahora organiza menús para enviar a domicilios particulares y empresas. Ha montado una línea gourmet con productos hechos por Six Sens y otros seleccionados por toda España. Tuvo una etapa complicada con mucha ansiedad y miedo a todo; de hecho no se atrevía a ir a un cine o dejar a sus hijos en manos ajenas por si se perdían. Su vida cambió con un retiro donde volvió a reencontrarse con Dios y, a partir de ahí, ha sido más feliz. Su tío, Alfonso Cortina, murió al principio del estado de alarma por covid-19 y, como le sucedió a muchos ciudadanos, no pudo despedirse de él.

Alfonso Cortina y Miriam Lapique, en una imagen de archivo. (EFE)
Alfonso Cortina y Miriam Lapique, en una imagen de archivo. (EFE)

PREGUNTA: ¿Cómo pasaste el confinamiento?

RESPUESTA: Dentro del drama terrible, he tenido la suerte de poder disfrutar de mi familia. He trabajado en casa y he podio estar más tiempo con mis hijos. Estar cuatro meses juntos ha sido un regalo. Lo pasamos en Marbella con mis padres.

P: ¿Trabajas más ahora que antes aunque el rendimiento sea menor?

R: Al final tuve que hacer un ERTE. Hemos pasado de organizar bodas y eventos de trescientas personas o más a servir desayunos de doce, comidas de empresas de seis, cenas en casas particulares mínimas. Una manera de trabajar diferente y con un margen económico muy pequeño. Por ejemplo, si en un día sube el precio de la materia prima, temblamos. No subimos el precio y el beneficio disminuye.

P: ¿Te has reinventado?

R: No hay más remedio. Al principio de la pandemia pensaba que no iba a ser tan largo. Pensé cerrar y aguantar un tiempo. No me compensaba que la empresa estuviera abierta. La gente tenía miedo a contagiarse y era difícil. ¿Cómo ibas a pedir que te llevaran la comida a casa cuando ya daba miedo recibir un paquete de Amazon?

Caritina Goyanes. (Cortesía)
Caritina Goyanes. (Cortesía)

P: En tu caso, era complicado porque el cliente tampoco sabía qué medidas de seguridad había que seguir.

R: Al ver que el confinamiento y la pandemia se alargaban, cambié la manera de funcionar y abrí dos líneas de negocio. He tratado de buscar opciones para, de momento, salir del bache. Tendremos que superar esta situación y volver a reunirnos, abrazarnos y poder compartir.

P: ¿Estás convencida de que la vida va a ser igual que antes de la pandemia?

R: No, porque las tragedias que hemos vivido no se olvidan. Lo que digo es que los españoles somos sociables por naturaleza: nos gusta salir a la calle, a los bares, a los restaurantes... y eso tendrá que volver. No me imagino convertirnos en seres asociales por miedo.

P: Tu empresa funcionaba muy bien.

R: Es una empresa muy saneada y por eso hemos podido aguantar. En la hostelería hay verdaderos dramas. Nunca habíamos hecho envíos a domicilio y está funcionando muy bien. Y de pronto te das cuentas de que algo que no formaba parte de nuestras ofertas, ahora sí y se puede quedar para siempre. El catering era más personal. Vas al sitio, lo preparas, lo sirves... Un pescado al horno hay que hacerlo en el momento, y como ahora no se puede hacer, el cambio radica en preparar de tal manera el menú que lo puedas calentar en el microondas o en el horno. Ahora tenemos meriendas infantiles, cenas a domicilio, y de cara a la fiesta de Acción de Gracias, que es una celebración muy americana, ya tenemos bastantes pedidos.

P: ¿Tú crees que la gente tiene ganas de celebrar en los domicilios?

R: Por lo que estoy viendo, y cumpliendo las medidas sanitarias, claro que la gente quiere tener momentos de alegría. Por ejemplo, que te lleven a casa una cena rica aunque sea para dos personas. Es una manera de ver la vida de otra manera.

P: ¿Te has quedado alguna noche sin dormir por la preocupación de pensar cómo salir de esto?

R: No, y hay que contextualizar y medir muy bien lo que nos quita el sueño. Claro que me preocupa que el SEPE no haya pagado el ERTE a algún empleado y me pongo nerviosa y me inquieta. Pero cuando hay personas que se han muerto, otras que pasan hambre y están sufriendo, yo no me puedo quejar. Soy una afortunada: tengo a mi familia, una empresa que si no sale adelante, ya me reinventaré... Cuando tienes la mirada puesta ‘más arriba’, al final sabes que todo esto pasará.

P: ¿Te ha perjudicado que tus padres fueran personas conocidas?

R: No hemos sido una familia de líos y hemos tenido una relación muy sana con la prensa, con la gente. Mi madre, por ejemplo, es una mujer que ha trabajado siempre y el hecho de salir en las revistas puede confundir. Además, muchas veces vas a determinados eventos porque forma parte de tu trabajo.

Carla Goyanes, Cari Lapique, Nati Abascal y Nuria González. (Getty)
Carla Goyanes, Cari Lapique, Nati Abascal y Nuria González. (Getty)

P: ¿Algún proyecto nuevo?

R: Estamos todo el día pensando. Una de las nuevas líneas que ya tengo funcionando es La Despensa de Cari. Son productos gourmet. El 50% elaborado por nosotros (como foie o bizcochos) y el resto de otros, pero he buscado la mejor mantequilla que se hace en un pueblo del valle pasiego, la mejor anchoa, el mejor mejillón... A la gente le gusta consumir buen producto, que además no tiene por qué ser caro. Y puede ser un detalle cuando tienes que regalar.

P: Eres abogada y estuviste trabajando en un despacho importante. ¿Qué pasó cuando dijiste en casa que querías ser cocinera?

R: El primer comentario fue que intentara trabajar para lo que me había preparado. Estudié la carrera de Derecho, hice varios másteres y llevaba media vida estudiando. Dejarlo para montar un catering era un poco locura. Les hice caso y al cabo del tiempo lo dejé porque no era feliz y lo entendieron. A mí me gusta moverme: inventar una receta, ver manteles, vajillas, decorar una mesa...

P: Tienes una imagen casi perfecta: un trabajo que te gusta, un matrimonio estable, dos niños sanos, unos padres cariñosos, una familia unida...

R: Sí, y te diré que también hay problemas, momentos duros. Con mi marido y mis hijos discuto, pero repito que soy una mujer afortunada. Doy gracias a Dios cuando me levanto y al acostarme.

P: Tus padres llevan cuarenta y cinco años casados: ¿te han dado alguna recomendación?

R: Muchas veces lo he hablado con ellos porque, sobre todo al principio, he tenido crisis en mi matrimonio. Creo que ahora lo que falla es que las parejas tienen menos paciencia y menos fe.

P: ¿Eres muy religiosa?

R: Mi educación religiosa era de las que yo llamo de ‘cumple y miento’ (en vez de ‘cumplimiento’). Dios no era algo que estuviera en casa. Soy una persona que me he exigido mucho y llegué a un momento de mi vida de tensión personal y ansiedad muy grande. Aparentemente tenía todo, pero había algo que me generaba inseguridad e irritabilidad. No me aguantaba ni a mí misma. Hablaba mal a mi marido, a mis hijos, a los amigos... Hice terapia, mindfulness, leía libros de autoayuda y no me servía de mucho. Y resulta que me convenció un amigo para hacer el retiro de Emaus y me cambió la vida. Fue el mejor regalo que he recibido. Después del nacimiento de Cari, tuve una etapa de sentir un miedo hacia todo.

P: ¿Cómo?

R: No me atrevía a ir a El Corte Inglés por si ponían una bomba, ir a un cine por si un loco entraba con una escopeta... No les dejaba a mis padres a los niños por si se perdían. Siempre me había encantado viajar y en esa época, cada vez que tenía que hacerlo, era una tensión terrible. A raíz de mi retiro, aprendí a ver la vida de otra manera. Tengo una confianza absoluta en Dios y sé que vamos a salir de esta.

P: Tu tío, Alfonso Cortina, murió de coronavirus.

R: Fue una tragedia, un golpe durísimo. Estaba perfecto de salud. Un hombre deportista con una vida saludable. Ingresa en el hospital porque se encuentra regular, y cuando parecía que todo iba bien, llaman del hospital para decir que está muy mal. Y lo siguiente es que ha muerto.

P: Cortina y Miriam Lapique eran una pareja muy unida.

R: Así era. Mi madre tiene sus amigas, sus comidas, sus viajes, pero mi tía Miriam era de mi tío. Para ella, las muestras de cariño y admiración hacia él de gente que en algún momento lo había tratado fuero un consuelo. Y lo que fue muy triste fue no poder estar con mi tía y con mis primos porque lo impedía el estado de alarma. Mis primos estuvieron solos en el cementerio como les ha sucedido a miles de familias en esas circunstancias tan inimaginables.

Caritina Goyanes
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