Luisgé Martín, artífice de los discursos de Pedro Sánchez: "Hace falta la ley trans"
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Luisgé Martín, artífice de los discursos de Pedro Sánchez: "Hace falta la ley trans"

Premio Herralde de Novela por 'Cien noches' en 2020, el escritor forma parte del equipo del presidente Pedro Sánchez, para la elaboración de sus discursos

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Luisgé Martín. (Cortesía)

Luisgé Martín es el escritor de moda. Desnudó por entero su sexualidad en su 'Amor al revés' y desde entonces muchos le han identificado como el nuevo Pedro Zerolo, por su lucha constante por el colectivo gay. Entre otras cosas, es el encargado de escribir los 'speeches' del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. En esta entrevista en exclusiva concedida a Vanitatis, nos explica: “Hay en España una derecha que Casado y Ayuso lideran que confunde interesadamente las libertades individuales con las libertades comerciales. La atención a los colectivos LGTBI va a estar en los próximos años en peligro”.

También es tajante al afirmar que hace falta una ley trans: “La experiencia de las leyes autonómicas es suficiente para no dilatar más su aprobación y opina que este colectivo sigue siendo el más vulnerable y el que necesita más ayuda pública”. Ganador del ultimo Premio Herralde de Novela con 'Cien noches', el escritor madrileño se ha convertido en todo un referente en el mundo literario.

PREGUNTA: Desnudó su homosexualidad escribiendo 'El amor del revés', que definió como una catarsis. ¿Cómo lo vivió después de la dictadura?

RESPUESTA: España era todavía un país nacionalcatólico, difícil de imaginar después de la evolución que ha tenido en estos años. La homosexualidad era una tara, o un pecado, o una perversión diabólica. Los que la sentían eran monstruos. En ese contexto puedes imaginar lo que es un curso para un niño de clase media en una familia católica y de orden, como eran entonces la mayoría de las familias. Un desastre moral y vital.

P: Cuenta que intentó cambiar tu orientación sexual mediante terapias de conversión… ¡Qué duro!

R: Sí, yo llegué a una especie de callejón sin salida. Por un lado, no me atrevía a vivir abiertamente mi sexualidad, sentía miedo y culpa. Pero por otro lado era incapaz de renunciar a llevar una vida normal, a amar a alguien y a tener relaciones transparentes. En ese momento, y en plena confusión, una persona de la que yo estaba enamorado decidió hacer una terapia de este tipo, y yo pensé que al final podría ser una solución para mis males. Lo curioso es que los psicólogos a los que acudí trataron de disuadirme: para ellos la homosexualidad no era ningún mal y el tratamiento conductista no era ninguna solución. Y tenían razón.

P: Su situación biográfica, contada en 'El amor del revés', con esa represión sexual que vivió durante muchos años, ¿ha marcado su andadura?

R: Yo creo que la situación biográfica siempre marca la andadura de una persona, y en el caso de un escritor marca además sus obsesiones. Es evidente que en mi caso fue así.

P: ¿La sexualidad de los primeros años construye la arquitectura de nuestra personalidad?

R: La sexualidad, a mi juicio, es el pilar fundamental de nuestra personalidad, el elemento que mejor nos conecta con el mundo. Y qué duda cabe de que una buena parte de nuestra sexualidad se construye en nuestra infancia y en la primera adolescencia. Por eso es tan importante que en esa etapa no haya comportamientos insanos, interferencias. Aunque a veces dramatizamos demasiado con este asunto.

placeholder El autor, en otra fotografía de la sesión. (Foto: Cortesía)
El autor, en otra fotografía de la sesión. (Foto: Cortesía)

P: ¿Cómo vivió el tener conciencia de su homosexualidad?

R: Como digo en 'El amor del revés', hablamos de homosexualidad pero en realidad estamos hablando de sentimientos. La homosexualidad no nace en los testículos sino en el corazón. Yo supe que era gay cuando me enamoré. Hasta entonces me habían atraído vagamente los chicos, pero ni siquiera tengo recuerdos muy claros de eso. A partir de ese enamoramiento, desaparece la duda y todo se fija en la memoria.

P: Habla de sus inicios sexuales en cuartos oscuros, en sitios clandestinos, en cines... ¿Podemos decir que ha desaparecido esa necesidad de esconderse?

R: Este es un asunto muy complejo y que nos llevaría a matizar mucho. Podemos decir, simplificando, que los gais ya no se esconden como antes. Pero sigue sin ser igual vivir en Soria que vivir en Madrid. Sigue sin ser igual nacer en una familia reaccionaria que nacer en una familia tolerante. Y otra de las cosas que habría que valorar es que muchas veces, tanto hoy como ayer, los gais tenían sexo en sitios clandestinos porque eso aporta una morbosidad especial. Por eso el cruising ha pervivido. No obstante, en la época de las aplicaciones móviles muchas de estas reflexiones dejan de tener sentido, incluso en aquellos países en los que la homosexualidad sigue siendo perseguida.

P: En el libro recupera cartas, fragmentos de su diario, testimonios de otras personas, allí donde necesitaba recordar detalles o contrastarlos. ¿Hasta qué punto era importante la veracidad de los hechos? ¿Cómo pone el freno un escritor habituado a inventar para representar la verdad?

R: Yo soy muy mal inventor y por eso en este libro disfruté más que en otros: no tenía nada que inventar. La veracidad de los hechos era, literariamente hablando, poco importante, porque lo importante es siempre la verosimilitud, la coherencia narrativa. Pero para mí era muy importante contrastar los recuerdos que yo tenía y ofrecerle al lector un pacto de sinceridad absoluto. Ha habido personas que me conocían y que se han sorprendido de ese relato, porque no les cuadraba con lo que yo he llegado a ser. Por eso necesitaba asegurar que no hay ninguna exageración en lo que cuento.

P: Trabaja en política y está casado con otro hombre desde hace catorce años. ¿Ha supuesto alguna dificultad para usted en el ámbito laboral?

R: Absolutamente ninguno. Trabajo en política solo circunstancialmente, pero debo añadir que trabajo en un proyecto que ha sido el que ha liderado la conquista de los derechos LGTBI, y por lo tanto he estado rodeado de personas para las que mi vida personal no supone ninguna cuestión relevante.

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El escritor madrileño ganó el Premio Herralde el año pasado. (Foto: Cortesía)

P: Además de escritor, forma parte del gabinete del presidente del Gobierno. ¿Qué opina su jefe, Pedro Sánchez, de tener en el equipo a un novelista que habla tanto de sexo?

R: No creo que opine nada. Lo que le importa al presidente de mí es lo que pienso de su proyecto político y la capacidad que tenga para aportar algo en él. De todas formas, no hay ninguna brecha entre mi vida literaria y mi vida política. Me interesa mucho la naturaleza humana y la forma que tenemos de relacionarnos.

P: Ya le llaman el nuevo Pedro Zerolo…

R: No creo que nadie haya dicho eso. No tengo nada que ver con Pedro Zerolo, salvo que comparto con él todos los ideales que tenía. Él era un político extraordinario y yo soy un escritor. Zerolo, al que todos echamos mucho de menos, tiene otros herederos.

P: ¿Tiene límites en el sexo de tu literatura?

R: Pues me gustaría que no los tuviera, porque la literatura es un territorio para explorar sin límites. Justo ahora estoy terminando un pequeño ensayo sobre las parafilias sexuales y descubriendo algunas cosas que me sorprenden mucho y que creo que van a sorprender a los lectores. Yo creo que la sexualidad es muchísimo más amplia y fascinante de lo que imaginamos, de modo que en este caso la realidad siempre supera a cualquier ficción.

P: ¿Su nueva obra es toda una oda a la infidelidad?

R: Sí. La construcción cultural que hay en torno a la pareja del amor romántico no se sustenta biológicamente. Por eso no somos fieles, aunque decimos serlo. Sería mejor si lo aceptáramos.

P: ¿Opina que la infidelidad es una patraña construida por el miedo humano a ser abandonado o a quedarse solo?

R: Sí, algo así. Conocemos bien nuestros sentimientos, pero siempre somos incapaces de medir los sentimientos de las personas a las que amamos, y por eso nos da miedo que la infidelidad sexual sea la antesala de una separación.

P: Usted de los que piensan que una infidelidad sexual no tiene por qué destruir una relación. ¿En qué se basa?

R: Me baso en datos empíricos: la mayoría de infidelidades sexuales (es de esto de lo que hablo) no tienen ningún contenido emocional. Es decir, nos acostamos con otros pero seguimos amando a nuestra pareja. Es verdad que, durante muchos años, esto valía más para hombres que para mujeres, porque las mujeres sí vinculaban el sexo con la afectividad por la impronta del machismo, no se acostaban con cualquiera. Pero eso está cambiando.

P: Es más, llega a decir que la promiscuidad conduce a la sabiduría.

R: Más allá de la literalidad de la frase, lo pienso realmente. Me parece que las relaciones sexuales son una escuela, de modo que las personas que han vivido en algún momento de su vida la promiscuidad han recibido una educación más completa. En todos los sentidos.

placeholder 'Cien noches', su última novela, es un éxito editorial. (Foto Cortesía)
'Cien noches', su última novela, es un éxito editorial. (Foto Cortesía)

P: Abre su libro con la teoría de las ratas que dice que tú puedes estar exhausto de sexo con tu pareja y, en el momento que aparece una pareja sexual nueva, se revitaliza la libido. ¿Qué opina su marido Axier de todo esto?

R: No es una teoría mía, es un hecho científico comprobado reiteradamente. Y Axier, como yo, es un hombre de la Ilustración y por lo tanto cree en la ciencia.

P: Ha escrito que "la belleza es monstruosa". ¿Considera que la belleza puede jugar en contra de la persona?

R: 'Cien noches' es una novela, de modo que hay afirmaciones que yo puedo matizar o incluso no compartir. En este caso, no creo que la belleza sea siempre monstruosa, ni mucho menos, pero sí estoy convencido de que para muchas personas ha sido algo terrible, que les ha hecho perder el sentido de la realidad y que les ha causado más problemas que ventajas. Lo comparo mucho con una riqueza. A muchas personas les gustaría ser ricas. A mí no. Creo que a partir de un determinado nivel de riqueza, la calidad de vida comienza a empeorar. Esto también está estudiado científicamente.

P: Dice que la hipocresía es un valor social admirable en las relaciones personales.

R: Esto no es una opinión mía, es una evidencia, siempre que entendamos bien lo que quiero decir con hipocresía. Si nos empeñamos en decir siempre la verdad y toda la verdad, nadie nos aguantaría y nosotros no aguantaríamos a nadie. El silencio oportuno, el disimulo y a veces la mentira nos ayudan a convivir en sociedad. Pero esto, evidentemente, no tiene que ver con la hipocresía de predicar una cosa mientras se hace la contraria.

P: La verdad desnuda no funciona a largo plazo. ¿Ha mentido alguna vez a su pareja?

R: No voy a responder a esta pregunta sin la presencia de mi abogado. Pero es evidente que la verdad desnuda e incondicional no funciona ni a corto, ni a medio ni a largo plazo.

P: Cuando contó públicamente su experiencia homosexual en el 'Amor al revés', ¿lo hizo por necesidad personal o por el afán de ayudar a quienes están en esa situación?

R: Lo hice porque soy escritor y necesito contar historias para poder vivir y para poder entender el mundo. Me sirvió para entender a ese chaval tonto y pacato que fui. Si el propósito hubiera sido ayudar a alguien, habría escrito otro tipo de libro más ensayístico. Eso no quita para que, una vez escrito, haya intentado que mi experiencia les pueda servir a otros de referencia.

P: ¿Cómo fue su primer noviete?

R: Pues todos mis primeros novietes fueron bastante insustanciales, o al menos lo fueron las relaciones que tuvimos. Relaciones breves y llenas de carencias.

P: ¿La escritura le ha resultado dolorosa?

R: A mí la escritura nunca me ha resultado dolorosa sino todo lo contrario. Me ayuda a entender y a ver las cosas con más claridad. Probablemente, si hubiera algo doloroso no me atrevería a meterme en ello.

P: ¿No se ha interpuesto el pudor?

R: No, soy muy poco pudoroso retrospectivamente. O muy poco pudoroso en general, y lo considero una virtud. Creo que la gente entiende que estoy siendo honesto porque no endulzo la realidad.

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P: ¿Cuánto culpa de su sufrimiento —y el de otros homosexuales de su generación— a la educación religiosa?

R: Muchísima. La educación religiosa, que no solo tenía que ver con los colegios católicos, sino con la moral pública, ha sido y en buena parte sigue siendo absolutamente destructiva para la salud mental de muchas personas. Las mujeres y los homosexuales, en concreto, estuvimos castrados sentimentalmente durante décadas. Y de eso nadie se recupera del todo.

P: Acaban de denunciar a una web que ofrece terapias de conversiones y promueve las agresiones a gais... ¿Cómo lo vive?

R: A estas alturas, lo vivo como una agresión. Como una agresión personal. No tengo ninguna duda en que esas terapias deben ser prohibidas por la ley. Son la manifestación más extrema de la homofobia que todavía pervive en una parte de la sociedad. Si una persona es libre para vivir su sexualidad, nunca va a elegir una terapia reversiva.

P: La escritura le debió de ahorrar muchos psicólogos.

R: Y me lo sigue ahorrando. Siempre he dicho que a lo que gano con los derechos de autor hay que añadir lo que ahorro con los gastos de psicólogos.

P: Ha escrito que este libro es un inventario de arrepentimientos y mentiras. ¿De qué se lamenta más?

R: De no haber aprovechado mi juventud. De haber perdido los años que probablemente son más intensos en el ser humano. Siempre he dicho que el primer amor hay que tenerlo a los dieciséis o diecisiete años. Luego ya nunca es el primer amor.

P: ¿Cuáles son los alicientes de la vida oculta? ¿Cuáles son las pérdidas, si las hay?

R: Lo prohibido siempre tiene un atractivo, y al sexo le añade una morbosidad especial. Eso es un aliciente indiscutible, se vive más intensamente. Las pérdidas son muy evidentes: la posibilidad de compartir la vida a la luz del día.

P: Está felizmente casado, ¿le gustaría ser padre?

R: A esta edad no sería un hijo, sino un nieto, o sea que está completamente descartado. Yo tuve algo parecido al instinto paterno muy joven. Luego me desapareció. Y después me volví definitivamente egoísta y tuve la seguridad de que prefería tener tiempo para viajar, para leer o para llevar una vida disipada. Estoy seguro de que habría sido un pésimo padre, de modo que me alegro de haber tomado esa decisión.

P: ¿Qué opina de la ley trans?

R: Hace falta una ley trans y hace falta ya. La experiencia de las leyes autonómicas es suficiente para no dilatar más su aprobación. El colectivo trans sigue siendo el más vulnerable y por lo tanto el que necesita más ayuda pública.

Pedro Sánchez