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La herencia de la condesa de Torre Arias: así se gestionan hoy sus 500 millones, entre casas, hoteles y becas
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PATRIMONIOS

La herencia de la condesa de Torre Arias: así se gestionan hoy sus 500 millones, entre casas, hoteles y becas

Del palacio que quiere el Banco de España a una estructura empresarial con más de 460 millones en activos: el legado de Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno sigue creciendo 13 años después de su muerte

Foto: El palacete y la Quinta de Torre Arias, en Madrid.
El palacete y la Quinta de Torre Arias, en Madrid.

La publicación en 'El País' de la intención del Banco de España de instalar un centro de educación financiera en el palacio de la Quinta de Torre Arias ha devuelto a la primera línea informativa uno de los mayores legados privados de la aristocracia española reciente: el patrimonio que dejó Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, VIII condesa de Torre Arias, valorado en más de 500 millones de euros. Una cifra que resuena especialmente la misma semana que se ha sabido que la disputa por otra gran herencia histórica, la de la duquesa de Medinaceli, llegará al Tribunal Supremo.

Nacida en 1923, Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno creció en la madrileña calle General Martínez Campos y se trasladó tras su matrimonio con el físico Julio Peláez Avendaño a la Quinta de Torre Arias, una finca del siglo XVI en el actual distrito de San Blas-Canillejas. Allí vivieron con discreción hasta la muerte de él en 2003 y de ella en 2012. Sin descendencia directa, la aristócrata decidió ordenar su legado con una idea clara que, según recoge la fundación que lleva su nombre, había manifestado desde los años setenta: destinar la mayor parte de su fortuna a fines culturales, educativos y científicos.

Antes de morir, Tatiana cedió al Ayuntamiento de Madrid la Quinta de Torre Arias (18,6 hectáreas de uso agrícola y ganadero con palacio, caballerizas y edificaciones históricas) con la condición de que se destinara a usos culturales y de interés público. La finca, cuyo uso vitalicio había conservado hasta su fallecimiento, pasó a gestión municipal en 2012, aunque su rehabilitación ha sido lenta y polémica. Desde entonces, el Consistorio ha invertido varios millones en consolidar los edificios, pero su uso definitivo sigue generando debate entre el Ayuntamiento y la Plataforma Ciudadana Quinta de Torre Arias, que defiende una gestión directa y fiel al carácter agropecuario y educativo que, a su juicio, quiso la condesa.

El grueso del patrimonio, sin embargo, no fue para la ciudad sino para la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, heredera universal. Esta institución financia becas universitarias, proyectos de investigación y programas vinculados al medio ambiente y la conservación del patrimonio histórico. Bajo su paraguas se encuentra Inversiones Tirema, la sociedad patrimonial creada en 2003 por la propia condesa y que concentra buena parte de sus activos inmobiliarios. Según las cuentas de 2024, recién publicadas, la compañía gestiona un activo cercano a los 464 millones de euros, de los que más de 360 millones corresponden a inversiones inmobiliarias (terrenos y edificios destinados principalmente al alquiler) y casi 60 millones a inversiones financieras. Su modelo es el de una gran patrimonial: baja deuda, rentas recurrentes y un beneficio moderado (algo más de 600.000 euros en 2024) que refleja una estrategia conservadora de preservación de capital.

placeholder Tatiana Pérez de Guzmán, en una foto de archivo.
Tatiana Pérez de Guzmán, en una foto de archivo.

Entre los bienes que históricamente integraron el legado destacan palacios en Madrid y Cáceres (como el de los Golfines de Abajo o el de los Arenales, hoy hotel), participaciones empresariales, fincas rústicas y un valioso archivo familiar con miles de documentos históricos. Parte de estos activos se explotan a través de filiales hoteleras, agrícolas o de gestión de aparcamientos, dentro de una estructura de holding controlada por la fundación. El conjunto dibuja una de las mayores fortunas privadas que han pasado a manos fundacionales en la España contemporánea y, lo que es más importante, que sigue vivo y creciendo.

En 2024, esa actividad se ha traducido en proyectos muy concretos: la finalización de las últimas 60 viviendas de protección oficial del Residencial El Junquillo, en Cáceres, y la conclusión de las obras de ampliación de consultas y hospitalización del edificio alquilado a la Clínica Universidad de Navarra en Madrid, una inversión de 9 millones de euros. En paralelo, la marca Somos Nutro (con la que presentan su enfoque de "compañía 100% social") enmarca estas actuaciones como desarrollos urbanos y patrimoniales pensados para responder a necesidades del entorno.

La herencia no estuvo exenta de controversia. Tras la muerte de la condesa, familiares vinculados a la rama de los Romanones impugnaron judicialmente el testamento y presentaron querellas contra la fundación y su entorno directivo, cuestionando la validez de las últimas voluntades de Tatiana. Aquella batalla legal, que incluyó diligencias periciales, no prosperó y la fundación mantuvo el control del legado. La familia más cercana sí consiguió sucederla en los títulos (hoy es Juan José Mesía y Medina, pariente lejano, quien ostenta el condado de Torre Arias, entre otros). Un episodio que hoy encuentra eco en la disputa abierta por la herencia de la casa de Medinaceli, donde también se entrecruzan patrimonio histórico y control de activos emblemáticos.

Ahora, la propuesta del Banco de España de rehabilitar el palacio de la Quinta mediante una cesión demanial a largo plazo ha reavivado el debate ciudadano sobre el destino del legado madrileño de la condesa. La plataforma vecinal ha vuelto a manifestar su oposición a lo que considera una posible privatización indirecta del espacio, mientras el Ayuntamiento estudia la oferta. Más de una década después de su muerte, el nombre de Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno vuelve así a ocupar titulares en un momento especialmente significativo, recordando que las grandes herencias nobiliarias pueden sobrevivir con buena gestión e inteligencia.

La publicación en 'El País' de la intención del Banco de España de instalar un centro de educación financiera en el palacio de la Quinta de Torre Arias ha devuelto a la primera línea informativa uno de los mayores legados privados de la aristocracia española reciente: el patrimonio que dejó Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, VIII condesa de Torre Arias, valorado en más de 500 millones de euros. Una cifra que resuena especialmente la misma semana que se ha sabido que la disputa por otra gran herencia histórica, la de la duquesa de Medinaceli, llegará al Tribunal Supremo.

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