Amigos de Darío Barrio recuerdan al chef que marcó su futuro por el riesgo: "No era un loco"
Laura Sánchez, Goyo González y el chef Floren Domizain recuerdan a Darío Barrio, el cocinero que forjó un legado imborrable y murió rindiendo homenaje a un amigo. Figura clave que inspiró la ficción La fiera, la película de la que todos hablan
El chef Darío Barrio junto a su amiga, la modelo, empresaria y presentadora Laura Sánchez. (Gtres)
A comienzos de los años dos mil, en España se consolidó una generación de cocineros que modificó de forma sustancial la escena gastronómica madrileña. Un cambio que aún hoy es reconocible en establecimientos que han resistido el paso del tiempo sin renunciar a su identidad. Entre esos nombres figuran Paco Roncero y Alberto Chicote y, de manera incuestionable, Darío Barrio. Hace doce años, Barrio falleció mientras practicaba salto BASE, una disciplina de riesgo que en aquel momento era poco conocida fuera de ámbitos especializados.
Su muerte se inscribe en una sucesión de episodios que afectaron a un grupo muy concreto de amigos: cinco profesionales con trayectorias sólidas en ámbitos distintos, unidos por una relación estrecha y por la práctica habitual de actividades extremas. En un intervalo breve, tres de ellos perdieron la vida.
El aventurero y presentador de televisión Álvaro Bultó. (EFE/ARCHIVO/J.L. Pino)
El primero fue Manuel Chana, tras realizar un salto desde un avión. Meses después falleció Álvaro Bultó, practicando salto BASE en Suiza. Un año más tarde, Darío Barrio realizó un salto en homenaje a su amigo; el desenlace fue también fatal. Del grupo inicial quedaron Armando Rey y Carlos Suárez, quienes participaron en el arranque del rodaje de 'La fiera', película ya estrenada en cines que reconstruye la historia de esa amistad marcada por el riesgo.
En las últimas semanas, estos nombres han vuelto a ocupar espacio en la conversación pública con motivo del estreno de la película. A partir de ahí, personas cercanas a Darío Barrio han querido situar su figura más allá del relato vinculado a los deportes de riesgo. Su trayectoria profesional, recuerdan, estuvo ligada de forma decisiva a la evolución de la cocina madrileña en un momento clave.
Darío Barrio, el conocido chef español que tenía su propio restaurante (Gtres)
“Su vocación comenzó muy pronto. Con unos catorce años empezó a trabajar en restaurantes españoles; más tarde se marchó a Europa —Suiza, Alemania, Francia— y, cuando regresó, siendo todavía muy joven, se convirtió en jefe de cocina de Pedro Larumbe, un referente y formador de varias generaciones de cocineros”, explica el presentador Goyo González, que coincidió con Barrio en numerosas ocasiones tanto por su relación con la gastronomía como por una cercanía personal, ya que durante un tiempo residieron a poca distancia.
Tras aquellos años, Barrio fue reconocido como mejor cocinero de Madrid. Junto a su mujer, Itziar Ortega, fundó el restaurante Dassa Bassa, ubicado en el barrio de Salamanca, hacia el Retiro, próximo a la Biblioteca Nacional.
Goyo González: "Era un chef a pie de obra"
Dario Barrio, el chef y presentador que marcó un progreso en la gastronomía local. (Gtres)
“Era un bajo abovedado con ladrillo visto y un concepto de cocina creativa. Él no mantenía productos en nevera: cocinaba siempre con lo que el mercado ofrecía ese día. Le interesaba la cocina tradicional, pero siempre aportando un giro propio sin desvirtuarla”, explica Goyo González, que añade que el chef y su mujer formaban un tándem muy sólido y, sobre todo, trabajaban de manera constante.
“Barrio pertenecía a ese grupo de cocineros que permanecen a pie de obra. Como cuando vas a Omeraki y te encuentras a Chicote: te atiende y está en la cocina. Dario era igual. De hecho, comenzó antes que Alberto Chicote en televisión. Fue uno de los primeros cocineros en tener su propio programa: Todos contra el chef. Tenía carisma y los medios le interesaban”, comenta González, sobre la faceta pública del chef.
Su notoriedad le permitió coincidir con figuras como la presentadora, modelo, diseñadora y empresaria Laura Sánchez: “Nuestro trabajo es social y te encuentras con gente todos los días, pero él tenía algo distinto. Iba mucho a su restaurante, y escucharlo me fascinaba. Era exigente en su trabajo, comprometido como chef, y al mismo tiempo tenía esa capacidad de desconectar y vivir al máximo”, recuerda Sánchez.
Laura Sánchez: "Era humilde, le gustaba la adrenalina"
Laura Sánchez en una fotografía junto al chef y presentador Darío Infante. (Gtres)
“No eran solo los saltos. Era un deportista en general. Recuerdo que, en viajes en los que coincidíamos prensa y cocinero, él siempre encontraba tiempo para escalar, montar en bici… Incluso durante jornadas de trabajo no lo dejaba: tenía mucha energía”, añade González. Laura recuerda, todavía sorprendida por lo ocurrido: “Hablaba de sus viajes con naturalidad, como quien hace senderismo. No se regodeaba, era un hombre humilde al que le gustaba la adrenalina”.
“Vivir al límite, incluso en las cosas más sencillas, puede engancharte. No hace falta tirarse con alas desde lo alto de una montaña. Muchas profesiones exigen retos constantes y permanentes; el ser humano necesita desafíos. Cuando los pierde, la vida se vacía. Él, con la juventud que tenía, probó la adrenalina y ya no pudo desprenderse de ella”, reflexiona González.
El chef Floren Domezain: "Pasábamos noches hablando y riendo"
Darío Barrio en una presentación de uno de sus programas de televisión. (Gtres)
Una de sus últimas cenas
Los testimonios varían en anécdotas y recuerdos, pero coinciden en un punto: “Él no era un loco”. Su manera de afrontar la realidad, de perder amigos y continuar, resulta difícil de comprender para muchos. Apenas dos días antes de su accidente, Barrio cenó con el chef Floren Domezain en su restaurante de la Calle Génova: “Era un gran amigo y muy generoso con los suyos. Pasábamos noches hablando y riéndonos. Aquella cena fue porque estaba organizando un programa de televisión en el que íbamos a participar los dos. Nunca vio competencia en sus compañeros”, recuerda Domezain, uno de sus últimos encuentros.
“Siempre lo recuerdo sonriendo”, dice Goyo. Y cuando se le pide a Laura que lo defina en pocas palabras, no duda: “El hombre de la sonrisa”.
El chef Darío Barrio con esa sonrisa que le caracterizaba. (Gtres)
Quizá, hasta el último instante, Barrio sonrío. Puede resultar difícil de comprender cómo, de cinco amigos, cuatro perdieron la vida asumiendo riesgos de manera consciente. Sin embargo, gracias a la película 'La fiera', se puede intentar acercarse a esa lógica: a veces, vivir el presente sin obsesionarse por lo que sucederá mañana o por las posibles consecuencias, es la única manera de dar sentido a la existencia. Un final trágico, pero en cierto modo, coherente con la vida que llevó.
Una escena de la película muestra a Carlos Ruiz (interpretado por Carlos Cuevas) y Armando del Rey (Miguel Bernardeau) tras la muerte de Manuel Chana. Uno comenta: “Qué horror verle morir así, ¿no?”, a lo que Carlos responde: “¿Por qué? Horrible es pasar meses viendo a alguien enfermo en una camilla y no poder hacer nada. ¿Qué son esos cinco segundos en los que Manu fue consciente de que iba a morir en comparación con la vida que ha vivido?”.
Es una filosofía difícil de asimilar, pero permite comprender, aunque sea parcialmente, cómo Barrio y su círculo entendían la vida: no como un cálculo de seguridad, sino como un espacio de experiencias intensas, donde la consciencia del riesgo no invalida la plenitud del presente.
A comienzos de los años dos mil, en España se consolidó una generación de cocineros que modificó de forma sustancial la escena gastronómica madrileña. Un cambio que aún hoy es reconocible en establecimientos que han resistido el paso del tiempo sin renunciar a su identidad. Entre esos nombres figuran Paco Roncero y Alberto Chicote y, de manera incuestionable, Darío Barrio. Hace doce años, Barrio falleció mientras practicaba salto BASE, una disciplina de riesgo que en aquel momento era poco conocida fuera de ámbitos especializados.