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Quería ser aventurero, y lo fue

Alvaro Bultó, el trotamundos que llevaba el riesgo en sus genes

“No he vivido peligrosamente porque de esa manera no se consigue nada. No soy un loco". Alvaro Bultó recibió el gen del riesgo, pero también el de la buena educación.

Foto: Álvaro Bultó, en una imagen de archivo (I.C.)
Álvaro Bultó, en una imagen de archivo (I.C.)

Cuando a Álvaro Bultó le preguntaban de adolescente si de mayor quería ser piloto de carreras o diseñar motos de campo como su abuelo Paco, jefe de la saga Bultó y creador de Montesa, primero, y Bultaco, después, decía que no: “Yo lo que quiero es ser aventurero”.

Y en su casa, donde sus diez tíos se criaron con olor a gasolina y sus muchísimos primos estaban subidos en una moto casi antes de aprender a andar, esto sonaba raro. “Cosas de Alvarito –decían– ya cambiará”. Y, efectivamente, se subió a una moto, pero también quiso volar, y bajar barrancos y recorrer desiertos…

Los premios relacionados con las competiciones deportivas era lo habitual y se festejaban lo mismo, ya fuera las copas oficiales que ganaba Yato o Miguel, que las carreras que organizaba el abuelo Paco en San Antonio, la finca de Tarragona, donde competían todos los sobrinos y donde sigue siendo el lugar de reunión de la saga.

“Yato fue varias veces subcampeón de España de motocross y era fantástico cuando se organizaban excursiones por el campo con todos nosotros, cada uno con su moto y los mayores con las suyas. Tuve una infancia fantástica en la que hacía cosas que a las madres de mis compañeros de clase les parecía un horror porque se suponía que los padres no debían dejar a sus hijos subirse a una moto con diez años. Y lo que no sabían es que nuestro abuelo nos enseñaba a conducir casi a esa edad”, contaba Álvaro cuando quería explicar cómo era su vida y las razones de su amor por el riesgo y la aventura en general.

“El libró que marcó mi vida fue Las tierras Vírgenes de Kipling”, le gustaba revelar. Decía que de vez en cuando lo volvía a releer y que era casi un regalo obligado a los hijos de sus amigos. Kipling, Miguel de la Cuadra Salcedo, Félix Rodríguez de la Fuente y Kitin Muñoz eran referentes a la hora de saber que el riesgo iba a formar parte de su vida, y también quien se la ha terminado quitando.

“No he vivido peligrosamente porque de esa manera no se consigue nada. No soy un loco porque tampoco quiero que la gente que va conmigo tenga ese sentimiento de inseguridad. A mí me gusta experimentar con deportes nuevos, pero también me gusta tumbarme en una playa sin hacer nada”. Quizá, lo que de verdad le entusiasmaba y por lo que se sentía un privilegiado era “por tener la suerte de que cada uno de mis días es diferente”.

Álvaro Bultó recibió el gen del riesgo y también el de la buena educación. Se convirtió, sin quererlo, en protagonista de portadas de revistas de entretenimiento por su relación con la Infanta Cristina. Después estuvo con guapas oficiales, como Paloma Lago o Yvonne Reyes y mantuvo amistades profundas como la de Raquel Revuelta, todas ellas conmocionadas por la muerte del amigo. No dan crédito a la noticia. Por teléfono eran incapaces de no llorar y repetían como un mantra “no puede ser, no puede ser”. Y sí, ha sido.

En su época de futurible yerno real nunca tuvo una mala palabra con la prensa y asumía con estoicismo que muchos años después se le colocara el ex cada vez que había que hacer un resumen de la vida amorosa de la Duquesa de Palma. “Qué se le va a hacer”, y se reía recordando cómo tenía que establecer un plan estratégico cuando tenían que verse. Y su nobleza y dignidad le llevo también a no aceptar ofertas importantes para hablar de un noviazgo que nunca fue oficial. Su libertad, sus ganas de vivir, sus aventuras y sus amistades estaban reñidas con un matrimonio real.

Álvaro contaba que nunca olvidaba las palabras del abuelo Bultó. “Me decía: Recuerda de donde vienes y respeta a todos los que te encuentres en tu camino”. Y así lo hizo. Fue un personaje popular, pero nunca tuvo enemigos que le vendieran por dos duros.

Las montañas y tus amigos del Valle de Arán te echarán de menos. Descansa en paz. 

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