El adiós inesperado de Jaime, el hijo de Sole Alonso: de su último proyecto a la visibilidad del autismo
A sus 31 años, Jaime, el hijo mediano de Sole Alonso falleció ayer dejando un legado para todas las personas con autismo. Vanitatis ha hablado con su entorno más cercano con la convicción de honrar su memoria
Jaime junto a sus padres, Javier y Sole Alonso en una imagen en el estudio fotográfico de Patricia Semir. (Cortesía)
"A trabajar y sin poder…" es una estrofa de la canción ¡Heigh-Ho! de Blancanieves y los siete enanitos. En la ficción acompaña el ritmo de unos personajes que avanzan sin descanso; en la vida de Jaime adquirió un sentido más íntimo y persistente. Era su frase predilecta. Jaime, el mediano de tres hermanos, tenía un 88% de discapacidad. El autismo no fracturó a su familia, sino que la cohesionó en torno a una dedicación constante. La diseñadora Sole Alonso, su marido, el arquitecto Javier Martínez, y sus hermanos, Juan e Isabel, orientaron su vida hacia él hasta el final, cuando ayer su corazón se detuvo y dejó tras de sí una huella que continúa en otros. Sin proponérselo, Jaime se convirtió en referencia y en forma de visibilidad para quienes conviven con el autismo.
Sole Alonso junto a su hijo Jaime en una fotografía de Patricia Semir. (Cortesía)
Disney como sistema de lenguaje
Jaime encontró en el universo Disney un código propio. Se expresaba mediante frases de películas, ajustándolas a cada situación. Quien lo conocía recuerda que, en los momentos de enfado, recurría al tono del enanito Gruñón o de Buzz Lightyear ; no imitaba, reinterpretaba. Incorporaba lo cotidiano a ese repertorio hasta convertirlo en una gramática personal. Un gesto muy tierno que refleja la unión familiar es que todos se sabían también dichos diálogos y le respondían en numerosas ocasiones con frases o palabras de ese universo.
En un entorno familiar atravesado por la creación (una madre dedicada a la moda y un padre a la arquitectura), Jaime desarrolló una vía expresiva propia: la pintura. Fue ahí donde su familia comprendió que los trazos no eran un pasatiempo, sino un sistema de comunicación. A partir de esos dibujos surgió Algo de Jaime, una firma de ropa y complementos que trasladaba su imaginario al tejido y que llegó a integrarse en dos colecciones infantiles de Zara.
Jaime junto a sus padres, Javier y Sole Alonso en una imagen en el estudio fotográfico de Patricia Semir. (Cortesía)
El gran libro de todo
Sus dibujos circularon en prendas, papelería, redes sociales y espacios compartidos, pero hubo también un ámbito reservado. Durante un verano comenzó a llenar una libreta que su familia llamó El gran libro de todo. En esas páginas se consolidó una certeza: para Jaime, dibujar equivalía a decir. Cada línea era una forma de nombrar.
Animales, sonrisas y su último proyecto
Elefantes, cebras, gorilas o dinosaurios poblaban su universo gráfico. No como catálogo, sino como elección reiterada que revelaba una mirada particular. Quienes hoy lo recuerdan coinciden en un rasgo: su sonrisa. Jaime creció en una casa donde el afecto no se enunciaba, se practicaba. Padres y hermanos organizaron su tiempo en torno a él sin reservas. Le divertía reconocerse en vídeos y, cuando alguien lo saludaba por la calle él siempre sonreía. Tal vez no midió el alcance de lo que generaba, pero su presencia (a través de la sonrisa, de los dibujos, de su forma de estar) dejó una referencia concreta para muchas familias que atraviesan la experiencia del autismo.
Jaime junto a su padre Javier en una fotografía realizada por Patricia Semir. (Cortesía)
El próximo 14 de abril estaba prevista la presentación de la nueva colección de Algo de Jaime junto a Guimaro. Aunque se desconozca si la exposición se llevará a cabo, el legado de Jaime trasciende cualquier fecha o acontecimiento: sus dibujos, su mirada y su manera de habitar el mundo continúan presentes. En cada trazo, en cada sonrisa evocada, persiste la certeza de que la creatividad y el afecto no se miden en años, sino en la intensidad con la que tocan la vida de quienes los reciben. Jaime enseñó que incluso en la brevedad de una existencia, es posible abrir puertas, comunicar universos y dejar huellas que el tiempo no borra.
"A trabajar y sin poder…" es una estrofa de la canción ¡Heigh-Ho! de Blancanieves y los siete enanitos. En la ficción acompaña el ritmo de unos personajes que avanzan sin descanso; en la vida de Jaime adquirió un sentido más íntimo y persistente. Era su frase predilecta. Jaime, el mediano de tres hermanos, tenía un 88% de discapacidad. El autismo no fracturó a su familia, sino que la cohesionó en torno a una dedicación constante. La diseñadora Sole Alonso, su marido, el arquitecto Javier Martínez, y sus hermanos, Juan e Isabel, orientaron su vida hacia él hasta el final, cuando ayer su corazón se detuvo y dejó tras de sí una huella que continúa en otros. Sin proponérselo, Jaime se convirtió en referencia y en forma de visibilidad para quienes conviven con el autismo.